Carmen Calvo: “Va en serio que el planeta se deteriora, nos lo dicen niños y niñas de quince años”

Ministra de Cultura con Zapatero, vicepresidenta del gobierno con Sánchez y profesora de Constitucional entre medias. Carmen Calvo charla con Gemma Nierga y Rodolfo Irago mientras se prepara para "servir al país" el 28A. Si no gana, al día siguiente ya estará haciendo una paella.

Carmen Calvo regresó al Congreso de los Diputados “por una idea casi romántica de la política y de la vida”. Ella ya había vuelto a sus cosas, a su ciudad, a sus rutinas, a su facultad. Esto fue “relativamente inesperado”. Ayudó al presidente en las primarias y aquí acabó. Tras siete años de pausa, se topó con la oportunidad y quiso tomarla. “Yo creo”, apunta frente a Gemma Nierga y Rodolfo Irago, “que la vida merece la pena vivirla como un verdadero misterio que tienes que descubrir sin miedo”.

Verdadero misterio es el resultado de las elecciones. La vicepresidenta las califica de “especiales. (…) Se van a confrontar opciones de país, visiones de lo que es España”. Lo que no es España, puntualiza, es “armar a la gente”. No forma parte de nuestra cultura. “Esas cosas sí inquietan”. Pero ¿cree que el PSOE absorberá votos desviado del miedo a Vox? Lo que ella cree que es que “en el horizonte hay cambios. Todo está cambiando de manera muy rápida a veces y la gente tiene que tomar posición. Va en serio que el planeta se deteriora: nos lo están diciendo niños y niñas de quince años por todo el mundo”. 

Antes de esa edad, Calvo ya presentía el feminismo. “Yo me recuerdo de manera intuitiva y luego, de manera más racional, conforme me hacía más adulta, intentando ser yo. (…) Lo que yo quería es que esta vida fuera mía. Claro, eso te enfrenta a muchas cosas”. Como a la Madre Margarita, que la mandaba al torreón del colegio cuando se negaba a coser. Aprendió entonces, cuenta, que “la libertad tiene un precio”. Ahora cose. Le encanta. Pero porque ella lo ha decidido así. Le relaja la máquina de coser de su casa de Cabra. 

Pero “pasión” es la que siente por sus nietos. Ser abuela “te lleva a sentimientos sin límites”. Ser madre, explica, es más racional: una debe pensar en educar y en proteger. Ahora, cuando ve los dibujos animados con sus nietos, sabe que daría su vida automáticamente por ellos, sin ni siquiera decir adiós. Le provocan “una borrachera de alegría que no sabe ni dónde empieza ni dónde termina”. Cuando están en su casa, les cuenta cuentos antes de dormir. Por ejemplo, la historia de los Tres Mosqueteros, “que van a misiones y tienen que hacer cosas dificilísimas y de repente aparecen las Tres Mosqueteras, Lala, Sofia y Ami, que también son muy listas”.

Su hija, cuenta, forma parte de una generación de mujeres que “han dicho que el feminismo es una lucha por la verdadera democracia”. Se han dado cuenta de que las jornadas a tiempo parcial las suelen coger ellas, de que quienes dedican más tiempo a cuidar a mayores y niños son ellas, de que sus trayectorias profesionales se ven alteradas por la maternidad. Pero hay una parte ya ganada. Reconoce que las mujeres ya ejercen “un poder real. No hay retroceso”.

 La gestación subrogada lo sería. Sitúa, dice, a las mujeres como máquinas. “Ser madre o padre es un deseo, no un derecho. Quien tiene derecho a ella es la mujer y los niños, a no ser objeto de compra y de venta”.

De sacar a Franco del Valle de los Caídos se siente, como parte del gobierno, orgullosa. El dictador no podía continuar enaltecido. “Nosotros nos sentimos muy honrados de ser el gobierno que tomó la decisión y que el día diez de junio va a reinhumar esos restos en un lugar tranquilo, decoroso, privado, no en uno de honra”.

Ella a la política llegó por una decisión “casi monacal”. No la defiende como profesión. El día que se tenga que ir, se irá. “Yo tengo muy claro que el día que tenga que pasar otra vez el registro, voy a tardar cuarenta y ocho horas en pasar al otro lado y sin problemas. Al día siguiente estoy haciendo la compra, paella, en el cine, redecorando, que me encanta… Tengo esa facilidad”.

 

La versión íntegra de esta entrevista aparece en el número de mayo de 2019 de la edición impresa de Marie Claire.

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