Iñigo Errejón: "Tengo pánico a convertirme en uno de esos políticos que defiende en cada momento lo que conviene"

Fue el cerebro detrás del fenómeno que sacudió la política española, sufrió la derrota interna y ahora trata de recuperar su espacio luchando por gobernar Madrid. Su discurso sereno y su voluntad de hierro todavía tienen mucho que decir.

 

La gente le para una y otra vez por la calle; estos días, para felicitarle por el nuevo gobierno y eso que Podemos no está dentro. Íñigo Errejón cree que si Sánchez lo hace bien, será bueno para toda la izquierda, y si fracasa, la gente bajará los brazos. 

Durante el día, no puede dejar de mirar el móvil, pero asegura que cuando llega a casa, lo apaga para hacer yoga, tomarse una cerveza, ver series y, sobre todo, leer. Todo después de ducharse, lo hace de noche, una costumbre heredada de su madre. 

A sus 34 años, reconoce que su relación con Pablo Iglesias ya no es la de antes y asegura que la crisis del chalet está superada, aunque deja claro que él va a seguir viviendo de alquiler.

Tiene por delante un año de campaña para intentar ganar en Madrid y añora las siestas de tres horas en casa de su abuela en el pueblo cuando era niño y aún pasaban las ovejas por delante de la puerta. Duerme poco y se nota que sigue pensando mucho. La charla es densa y apasionante. 

 

Gemma Nierga: ¿Ya se ha acostumbrado a hablar de Rajoy en pasado?

Íñigo Errejón: Casi. Va a ser un aprendizaje hermoso el irme acostumbrando a que Rajoy es parte del pasado de España y no del futuro.

G.N.: ¿Lo va a echar de menos?

Í.E.: Como presidente, en absoluto; como parlamentario, un poco. Rajoy era un buen parlamentario, con gracia y una cierta rapidez. Como presidente, su obra política ha sido básicamente el bloqueo. Era el presidente que creía que los problemas, si los tapabas, desaparecían, el presidente de los regalos a los privilegiados y de los recortes a la gente normal y trabajadora. 

 

Rodolfo Irago: Lo que ha ocurrido en España estas semanas es algo insólito. ¿Cómo se lo contaría a alumnos de políticas?

Í.E.: Sería más fácil contarlo como guionista de una serie; cómo Rajoy pasa de aprobar los presupuestos, irse a celebrarlo y asumir que se va a eternizar hasta 2020y, de repente, una semana después, una moción que parecía que no salía acaba con Rajoy… No me digas que no es un final como de novela: Rajoy, encerrado en un restaurante con una sobremesa que dura hasta las 10 de la noche, y saliendo de ahí asumiendo que va a dimitir.

R.I.: ¿Qué serie sería?

Í.E.: Lo del restaurante sería muy de House Of Cards; Borgen se quedaría corta. Borgen se decía que era trepidante. Hombre, es trepidante si eres danés, lo digo con todo el respeto, pero para nosotros aquello es una semana normalita. Lo que ha pasado es que Rajoy y el PP creían que el vaso de la capacidad de los españoles de tolerarlo todo no se iba derramar nunca. Y no se sabe por qué, hay veces que de repente una gota es la que hace que el vaso se derrame. ¿Lo de la Gürtel era nuevo? No, en realidad ya lo sabíamos, pero hay momentos en los que la capacidad de los que gobiernan para dar respuestas nuevas se bloquean y la capacidad de los que lo soportan llega a un umbral de tolerancia que se cruza y la gente dice mira, ya, hasta aquí. Es cuando se da la tormenta perfecta.

R.I.: ¿Se van a acostumbrar a vivir sin Rajoy?

Í.E.: Lo bueno de que a Rajoy le hayamos hecho dar un paso atrás es que ya no hay excusas. Nos hemos quitado una losa, hemos cortado amarras y ahora toca navegar. El rumbo de la navegación y la velocidad que alcancemos depende de nuestra capacidad para llegar a acuerdos. El gobierno de Sánchez va a tener enfrente una oposición muy dura, una oposición que a cada titubeo va a responder con más agresividad, por eso es muy importante que el gobierno tenga muy claro hacia dónde va. 

R.I.: ¿Qué rumbo proponen ustedes?

Í.E.: Hay que hacer muchas cosas, hay que regenerar las instituciones para que sirvan al interés general y no al partido del Gobierno, hay que reequilibrar la balanza social porque se ha roto mucho la igualdad de oportunidades de nuestro país. Y hay que recuperar el diálogo entre territorios en España para lograr una convivencia estable y duradera que no se consigue a golpe de sentencias ni mucho menos con porras. Sé que no es fácil, pero hay que ser pragmático y humilde. No se le puede pedir la Luna a este gobierno, pero sí se le puede pedir que avance

G.N.: Pero si hace todo esto, les va a quitar votos a ustedes…

 

Í.E.: No lo sé… (Nos dice mientras se acerca un vaso de agua a la boca cómo pensándose la respuesta).

G.N.: Beba, beba… 

Í.E.: Jajaja... No, no estoy de acuerdo. Si cunde la idea de que España se puede transformar, eso es mejor para todas las fuerzas progresistas. Eso nos viene bien a todos, es un 'win-win'. Por el contrario, si este gobierno fracasara, es posible que para mucha gente la lección sea: hay que apartarse de la política, nada sirve para nada, hay que bajar los brazos, pues son todos iguales. En ese clima de decepción siempre ganan las fuerzas que prometen mejor no tocar nada. Nosotros necesitamos un clima de optimismo, y luego que la gente decida en cada sitio quién conduce y quién acompaña. Construyamos un bloque progresista sólido y luego que los ciudadanos decidan a quién ponen al mando y a quién detrás.

R.I.: ¿Cree que España tenía ganas de reencontrarse con la izquierda que representa el PSOE?

Í.E.: Creo que hay una mayoría de españoles y de españolas progresistas que tenían ganas de volver a confiar en un proyecto de transformación sensato, confiable, pragmático, al alcance de la mano. Pero se equivocan quienes crean que podemos rebobinar y volver a la España de los 90. En España durante un tiempo muy largo va a haber diferentes partidos que tienen que aprender a ponerse de acuerdo entre ellos. Ningún partido puede cometer el error, o la soberbia, de creer que lo puede solucionar en solitario.

 

cc

 

R.I.: ¿Cree que España tenía ganas de reencontrarse con la izquierda que representa el PSOE?

Í.E.: Creo que hay una mayoría de españoles y de españolas progresistas que tenían ganas de volver a confiar en un proyecto de transformación sensato, confiable, pragmático, al alcance de la mano. Pero se equivocan quienes crean que podemos rebobinar y volver a la España de los 90. En España durante un tiempo muy largo va a haber diferentes partidos que tienen que aprender a ponerse de acuerdo entre ellos. Ningún partido puede cometer el error, o la soberbia, de creer que lo puede solucionar en solitario.

R.I.: Y en ese contexto, ¿Podemos tiene que ser más pragmático? 

Í.E.: Siempre lo he contado. Tuve la posibilidad de pasarme muchas horas hablando con el entonces presidente, Pepe Mújica de Uruguay. Y me dijo, el problema del progresismo está en el "mientras tanto", siempre está en el mientras tanto. No está en aquello a lo que tú quieres llegar, que eso siempre es hermoso. Está en ¿tú puedes garantizar que en el camino en llegar a eso que deseas, cada paso le hace la vida mejor a la gente más débil, más humilde? Si lo puedes garantizar, estás transformando tu país. Si no lo puede garantizar, eres un predicador. 

G.N.: ¿Podemos en sus inicios tuvo algo de predicador?

Í.E.: No, Podemos hizo como la fábula del arquero de Maquiavelo, que levanta mucho el arco sabiendo que la flecha luego hace una parábola. Y que la flecha no va a llegar tan alto como tú apuntas, pero que tienes que apuntar muy alto. Creo que nosotros dijimos cosas muy normales. Es que en España hemos llegado a un punto, en mi opinión, un poco loco, en el que exigir que las normas sean iguales para todos hace que te tachen de antisistema, porque en nuestro país el modus operandi de llegar al poder político y al poder económico no ha sido innovar o generar empleo, ha sido el compadreo entre una estructura casi mafiosa, oligárquica, muy pequeña y unos partidos políticos que se retroalimentaban mutuamente poniéndose por encima del funcionamiento de las instituciones y del Estado de Derecho. 

R.I.: ¿Fue un error no apoyar a Sánchez en 2016? ¿No hubiera sido mejor la vida de los españoles sin Rajoy dos años antes?

Í.E.: Escuché a Pedro Sánchez, que además me interpeló desde la tribuna decir: "Sí, señor Errejón, yo también he entendido que Ciudadanos no era un socio confiable, que se ha 'aznarizado'". Creo que hay muchas lecturas a extraer de 2016. En general no estuvimos a la altura. También éramos nuevos en esto de llegar a acuerdos y ahí hay elementos que no solo son políticos, que son personales. La gente no lo sabe, pero los que nos sentábamos en las mesas no nos habíamos tomado nunca un café antes. Esto yo sé que no suena como de alta política, pero es un aprendizaje que yo me he llevado. La confianza es algo que se construye de a poquito, y no  

siempre delante de las cámaras. Poco a poco, se siembra. Bueno como todo en la vida. Creo que hoy el resultado es bueno y bien está lo que bien acaba. 

G.N.: ¿Se fía de Pedro Sánchez?

Í.E.: En política creo que te tienes que fiar de los hechos.

G.N.: ¿Eso es un no?

Í.E.: Por lo que conozco en general, los seres humanos cuando se convierten en presidentes son otra cosa, en algunos casos para muy bien, en algunos casos para regular y en otros casos para mal. No sé cuál va a ser el Pedro Sánchez presidente, pero debe ser consciente de las ilusiones que ha despertado y de la importancia capital de no perder esta oportunidad histórica.  

G.N.: Hablemos de Pablo Iglesias; ¿le sigue corrigiendo los discursos como se veía en la película de Fernando León de Aranoa? 

Í.E.: No, ya no.

G.N.: ¿Qué ha cambiado?

Í.E.:Pues que tuvimos diferencias políticas que resolvimos en un proceso interno que Pablo ganó y yo perdí. Creo que hicimos demasiado ruido y mucha de nuestra gente lo vivió con dolor. Pero yo me siento orgulloso de haber defendido mis ideas en todo, le tengo pánico a convertirme en uno de esos políticos que defiende en cada momento lo que toca y lo que conviene. Eso te augura una carrera larga, pero al final, cuando llegas, ya no sabes para qué llegabas. 

G.N.: ¿Sigue siendo amigo de Pablo Iglesias?

Í.E.: Sí, lo que pasa es que no tenemos las mismas responsabilidades ni las mismas lógicas. Llega un momento en que las relaciones se resienten. De repente España nos dijo: están muy bien vuestras procedencias individuales, pero queremos algo más y que no defraudéis esa expectativa de cambio, y eso nos obligóa ponernos en otro plano. Es verdad que te dejas cosas en el camino que no son fáciles, pero es lo que hay.

G.N.: ¿La crisis del chalet de Pablo Iglesias está ya cerrada?

Í.E.: Sí. Se generó mucha polémica, Pablo e Irene tomaron una decisión y decidieron someterlo a la militancia.

G.N.: Usted se compraría un chalet de 600.000 euros…

Í.E.: No puedo. 

 

 

Al gobierno de Pedro Sánchez no se le puede pedir la luna

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G.N.: ¿ Dónde vive?

Í.E.: Aquí, en Madrid. Un poquito más arriba. Llevo mucho tiempo viviendo de alquiler. Estoy bien en mi casa. Me quedo ahí. No juzgo las decisiones personales. Ellos decidieron que se había abierto una polémica y que había que preguntar. 

R.I.: El Pablo Iglesias de hace cuatro años ¿se habría comprado ese chalet?

Í.E.: No lo sé. No hablábamos de esas cosas. Supongo que en estos cuatro años se nos han movido mucho los planes de vida, ya digo que no lo juzgo.

G.N.: Le noto incómodo…

Í.E.: No, pero es que es un terreno en el que soy prudente y muy respetuoso.

G.N.: Antes nos ha dicho que no le gustaría ser un político que dice lo que toca decir, ¿no lo estará haciendo ahora?

Í.E.: No, pero fueron días duros. Creo que la polémica era legítima, pero se sobrepasaron líneas rojas, como el acoso a la vida privada y a la intimidad, que a mí me dolieron y hacen que yo anteponga eso. Me hizo adoptar una posición que yo creo que fue muy clara y que además creo que las bases han cerrado.  

R.I.: Pero ¿no han sido víctimas de su propia medicina?

Í.E.: Es legítimo que haya muchos ciudadanos que nos exijan más. Entiendo que el escrutinio sobre nosotros sea más elevado porque nosotros llegamos poniendo una lupa inmensa sobre la política española, así que la gente no nos aplica la lupa de los demás, sino esa lupa.

R.I.: Usted ha defendido sus ideas y eso le llevó a discutir el liderazgo de Podemos. ¿Lo haría otra vez?

Í.E.: No, yo no cuestioné el liderazgo, presenté una alternativa política, lo he pagado de una forma paradójica, porque también me ha hecho madurar. Estoy orgulloso de haber defendido mis ideas incluso si me han costado un precio.  

R.I.: Entonces, ¿no lo volvería a hacer?

Í.E.:No creo que esté en discusión y yo ahora tengo otros planes. Quiero ganar la Comunidad de Madrid. 

R.I.: ¿Entre sus planes está ser presidente del Gobierno?

Í.E.: Mi único plan es ser presidente de la Comunidad de Madrid.

G.N.: A ustedes les cambió la vida en un mes; especialmente a usted que en 2014 no era alguien conocido. ¿En qué se apoya para tener los pies en el suelo?

Í.E.: Tienes que tener gente que no esté en el huracán, que esté fuera y que tenga otro ritmo, que vaya más despacio, que no tenga las prisas permanentes que tienes, que te pueda decir las cosas, que te quiera, que te sostenga.

G.N.: Y usted tiene a esa gente, ¿quiénes son?

Í.E.: Es gente muy cercana que ha estado siempre a mi lado, gente que no siempre está de acuerdo contigo y te lo dice. Que te dicen: me da igual lo que habéis hecho en el Congreso, tú ¿qué tal estás? Y esa es la gente imprescindible. Luego en mi caso además necesito leer, sacar tiempo para apagar el teléfono, que cuesta mucho. Yo tengo un problema y es que me cuesta dormir, y, claro, lo invierto en leer.

G.N.: ¿Toma pastillas para dormir?

Í.E.: No, pero a veces sí que me tomo infusiones de estas que te hacen en los herbolarios. Necesito apagar el móvil, me doy una ducha, me ducho por las noches que es una costumbre de mi madre, me relaja mucho y a partir de ahí te abres una cerveza, cenas… Es como un rito. También hago yoga y me viene bien. Lo empecé haciendo porque la tensión se me cargaba en el cuello y la espalda y me viene de maravilla porque te tienes que concentrar en ti y en tu cuerpo, en la respiración, en cómo estás y te separas un poco de la tiranía del móvil que es criminal. Con el móvil parece que todo es urgente y hay cosas que las duermes, y al día siguiente las ves de otra forma.

R.I.: Cuidado que así empezó Rajoy…

(Risas)

Í.E.: Espero no acabar leyendo solo el Marca. El móvil suplanta casi todos los placeres importantes de la vida, que son más lentos: cocinar con amigos, conversar, pasear mirando lo que te encuentras, leer…

G.N.: Pero usted sabe que un niño de 7 años diría ¿en qué idioma habla este hombre?

Í.E.: Ya, le voy a sonar de la prehistoria, pero hay que educar en que tú le marques el tiempo al móvil y no al revés. Yo recuerdo veranos larguísimos en los que en el pueblo de mis abuelos a la hora de la siesta leías.

G.N.: ¿Qué pueblo era?

Í.E.: Sevilla la Nueva, que cuando yo era pequeño, era un pueblo, ahora es ya casi una ciudad dormitorio de Madrid. Tú sabías que eran las 8 porque estaban pasando las ovejas. Estoy hablando de hace 20 años y para mi abuela las siestas eran como de pánico nuclear, las persianas bajadas. No se podía hacer nada. Duraban tres horas y ahí leías una barbaridad. Yo en algún momento tendré hijos y me gustaría que hicieran eso, yo lo recuerdo con mucho cariño.                                                                 ν

 

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