Así se vive en la Riviera francesa

En un edificio que se asoma al Mediterráneo en Niza, dos arquitectos han rediseñado un apartamento donde el tiempo se detiene.

Vista general

Paolo y Daniela, ambos arquitectos, dividen su tiempo entre Milán y París, y viajan constantemente. Cuando quieren estar juntos, quedan en Niza para disfrutar de la tranquilidad del triángulo de oro, que se encuentra delimitado por la plaza Garibaldi, el paseo peatonal Saleya y el Puerto Viejo. Aquí, todo se hace a pie y con calma, lo que transmite una sensación de vacaciones perpetuas. El edificio en cuestión –una auténtica perla que estaba por descubrir– fue construido hacia 1830 y, en su día, fue un antiguo cuartel de la guarnición del fuerte que dominaba la bahía.

Cocina

En los años cincuenta sufrió una remodelación que lo convirtió en hotel y, ya en los setenta, se lo cargaron definitivamente al rehabilitarlo, transformándolo en un bloque de diminutos apartamentos. En la actualidad es un edificio protegido, lo que obligó a la pareja a superar muchas dificultades para crear el espacio abierto que habían soñado: un lugar para gozar de unas excepcionales vistas al mar en todo su esplendor.
Entre muchas otras, recuerdan la odisea que supuso instalar una viga de metal –que llegó de madrugada y que obligó a cortar temporalmente el acceso a la Promenade des Anglais– bajo la atenta supervisión de un ingeniero cualificado. Una vez derribados los tabiques y eliminados todos los elementos que entorpecían la vista hacia los tres balcones-terraza, y de ahí al azul infinito del mar, solo quedaba decorar ese espacio.

Dormitorio

Eso sí, a partir de… ¡nada! No bastaba con traer muebles de otros sitios, el piso merecía ser dotado con una personalidad propia. Un verdadero placer para ellos, dos audaces cazadores de gangas que dieron rienda suelta a sus obsesiones de coleccionista, cuidando de no saturar la vivienda con objetos que cortaran la circulación. Y por fin lograron crear este mundo, sumamente especial, un refugio donde cargar las pilas, en el que cada minuto vivido es un auténtico privilegio.

Realización: Daniel Rozensztroch

Fotos: Vicente Leroux

 

Etiquetas: decorador

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