El arte centenario de los tapices

Sus alfombras y tapices vistieron palacios reales y casas nobles. Hoy produce con las mismas técnicas centenarias sus exquisitos tejidos para mansiones, hoteles y museos. Entramos en la Real Fábrica de Tapices, una joya única de la manufactura española.

Tapiz 5

Desde los príncipes de Mónaco hasta los jeques de Qatar, pasando por Ava Gardner, todos encargaron alfombras y tapices en este palacete escondido en el centro de Madrid, junto a la glorieta de Atocha. La Real Fábrica de Tapices es un tesoro de arte y oficio ancestral cuyo prestigio como manufactura de alfombras, tapices y reposteros –colgaduras de motivos heráldicos– no ha variado un ápice desde que la fundó Felipe V. Los talleres flamencos habían cerrado y la Corona española necesitaba seguir vistiendo sus palacios, así que encomienda al tejedor flamenco Jacobo Vandergoten, de Amberes, que encabece un telar y comience a tejer para ella, en 1721.

Las mujeres de los telares
Más de tres siglos después, trabajan entre sus muros, de los que cuelgan diseños de Goya, Alberto Corazón o Guillermo Pérez Villalta, unas 50 personas, la mayoría mujeres, que se desenvuelven entre los telares de alto lizo –de mayor calidad y finura que los tradicionales de bajo lizo, manejados con el pie–, introducidos por el hijo de Vandergoten en 1734, y las ruecas, madejeros y bastidores, de al menos dos siglos.

Una de ellas es Pilar, tejedora de tapices, de 57 años, que se inició en el oficio a los 14 en la antigua Fundación de Gremios. Empezó buscando colores en el almacén y cargando las canillas de hilo; luego aprendió a pasar estas por la urdimbre, evitando que los hilos se encogieran o ensancharan (que quedaran demasiado tirantes o demasiado flojos). Comenzó haciendo perfiles y fajas –el recuadro del tapiz, siempre liso–, o letras, y luego fondos y cielos. Pilar es hoy oficial y, frente a ella, en la trama horizontal de su telar, va surgiendo su última labor: uno de los dos tapices de seda que sustituirán a dos antiguos tejidos de Dresde del siglo XVI, demasiado valiosos para seguir expuestos.

Tapiz 2

Primero Pilar preparó la urdimbre –la base sobre la que luego se va tejiendo, habitualmente de algodón, pero en este caso de lino–; luego calcó hilo a hilo en la urdimbre el dibujo –cuyo modelo, copiado con gran detalle mediante ordenador en el departamento de diseño, es lo único digital del proceso– con ayuda de tinta china y una caña o con un carboncillo. Y entonces empezó a interpretar y a preparar los colores: a elegir y a mezclar los hilos de seda que, según su criterio, reflejan más fielmente el colorido original.

Los pinceles del tejedor
Cada canilla lleva al menos tres colores diferentes. Cada sombra del dibujo, con todos sus matices, necesita al menos el trabajo de seis canillas. Esa elección del color es una de las partes que requiere más experiencia y criterio, y la hacen los maestros como ella. "Las canillas son los pinceles del tejedor, su paleta", ilustra. Este es uno de los secretos de la Real Fábrica: aquí ninguna alfombra ni tapiz se hace con ayuda de una cuadrícula; el maestro interpreta el dibujo y el colorido línea a línea, hilo a hilo. Los colores se distinguen y seleccionan a ojo. A veces hay que deshacer la labor, porque el resultado no es el adecuado. Por eso cada paso es siempre distinto. Con movimientos ágiles y delicados, Pilar desliza las canillas –las mejores son las de boj, asegura– entre las tramas (el hilado vertical dispuesto sobre la urdimbre –la de delante se llama "de vara", y la de detrás, "de lizo"–). Y aplasta el hilo, lo perfila, con uno de los extremos de la canilla. Trabaja con las dos manos para atraer los lizos. Tardará unos ocho meses en tejer un metro cuadrado.

Tapiz 3

Tampoco Mercedes o Ida, su compañera, que terminan dos alfombras gemelas de nudo turco, utilizan cuadrícula alguna. Anudan, apelmazan y recortan la lana con la ayuda de sus pequeñas tijeras de punta redondeada, repitiendo los mismos gestos de hace tres siglos. El rápido sonido de sus diestros tijeretazos llena el aire.

Tardan una semana en tejer un metro cuadrado, el doble si fuera una alfombra de nudo español, más fino. Ellas también han calcado el dibujo sobre la trama con ayuda de un grafito. Y aquí llega el segundo secreto de la Real Fábrica: las alfombras se tejen dividiendo los motivos en dos partes simétricas, para que el resultado sea idéntico.

Artesanos del detalle
"España fue una de las primeras regiones del mundo donde se empezaron a fabricar alfombras anudadas a mano, por la influencia árabe –explica Antonio Sama, conservador de la Real Fábrica–. Las primeras de las que se tienen noticias proceden de la zona de Cuenca, en el siglo X, elaboradas con un nudo distinto al persa y al turco, llamado nudo español, más fino que el turco, hoy casi inexistente, y con diseños de estilo mudéjar". Después se impone la influencia francesa de las fábricas de Gobelinos y Savonnerie, creadas por Luis XIV.

Tapiz 4

Los últimos tapiceros
Hoy, en la Real Fábrica, se restauran todo tipo de alfombras: persas, españolas, kilims –de materiales más gruesos y de confección parecida al tapiz–, aunque se elabora solo nudo turco. Producimos y restauramos alfombras, tapices y reposteros para clientes, en su mayoría privados". De hecho, la Real Fábrica, que conserva un importante archivo, nunca fue una manufactura estatal. Siempre sobrevivió como una fábrica privada, aunque con una relación privilegiada con la Corona.

El siglo XVIII fue su época de mayor esplendor. En la actualidad, reciben encargos de grandes hoteles de lujo, mansiones, museos e instituciones. El último: un tapiz sobre las matanzas de Sabra y Chatila para un museo libanés. Los precios: entre 1.200 y 1.500 euros el metro cuadrado en las alfombras; entre 12.000 y 15.000 euros en los tapices.

La llegada al trono de Felipe VI ha propiciado, sin embargo, un importante encargo público para la Real Fábrica: decenas de reposteros con el nuevo emblema real. Mercedes es una de las maestras que trabaja en ellos, desde hace dos meses y medio.

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