El encanto de una villa de lujo en Beverly Hills

Esencial, rotunda y confortable. Esta villa moderna, donde todas las habitaciones tienen salida a un patio o jardín, está en Beverly Hills, escondida entre la vegetación.

El encanto de una villa de lujo en Beverly Hills

Una concentración de ángulos agudos y acero inoxidable al más puro estilo años ochenta. A Richard Ehrlich le bastaron solo unos segundos para darse cuenta de que su mujer, la diseñadora de moda Jenni Kayne, iba a enamorarse de aquella villa encajada entre la vegetación de Beverly Hills. "A mí no me apasiona, pero tú te vas a enamorar", le dijo por teléfono. Y sabía perfectamente lo que decía. A pesar de que Ehrlich es agente inmobiliario, y por aquel entonces ya conocía todos los entresijos del mercado y tenía acceso a las joyas más extrañas, la pareja no daba con una vivienda que los convenciera de verdad. Hasta que entraron en esta casa, por aquel entonces infestada de moho y cubierta, por dentro y por fuera, de decrépitos azulejos. Después de la compra y la reestructuración, y con la discreción como seña de identidad, ahora la propiedad se distingue de todas las que la rodean.

La simplicidad de los materiales de construcción y la paleta de tonalidades neutras hacen que toda la casa resulte extraordinariamente luminosa. Aparte de que cada elección está pensada hasta el más mínimo detalle. Para Richard Ehrlich, "el mérito es de Jenni pues, como todos los nacidos bajo el signo de Virgo, es amante de la precisión, que aplica tanto a sus muebles como a su marca de moda. Empezó con 19 años con su blog de lifestyle RipPlusTan, de estilo parecido al célebre Goop de Gwyneth Paltrow". Ella fue quien encargó el proyecto a los arquitectos Jeffrey Allsbrook y Silvia Khule, los mismos que proyectaron su primera boutique en West Hollywood. "Compartimos la misma visión estética y el gusto por una arquitectura moderna con espíritu ecologista", explica, recordando el laborioso periodo de reforma que se prolongó durante más de dos años.

Referencias lejanas

El encanto de una villa de lujo en Beverly Hills

Por su parte, Jeffrey Allsbrook confiesa de dónde viene su curiosa inspiración: "Tuve en mente todo el tiempo las bonitas residencias históricas europeas e intenté transferir su gracia y su potencia a la arquitectura moderna de Los Ángeles". Los arquitectos reciclaron maderas de pino y roble procedentes de un granero amish del siglo XIX ubicado en Pennsylvania para los techos y marcos de puertas y ventanas. Los suelos se pavimentaron con placas de travertino venato, que añaden un toque sofisticado a la atmósfera para evitar que el conjunto resultara demasiado rústico. 

El carácter único de todo el ambiente lo acentúa la chimenea de cemento, rodeada de madera sin tratar que se abre hacia el interior y el exterior de la fachada, dando por un lado al patio y por el otro al salón, como si fuera un vano más de la casa. El mobiliario está lleno de guiños a Christian Liaigre, icono del diseño francés con showroom en París, Nueva York y Miami, y defensor de una filosofía que se basa en la belleza rotunda de la naturaleza. "Su libro Maison fue increíblemente revelador para mí –dice Jenni–. Sobre todo por su capacidad de sugerir, de abrir posibilidades. Yo quería crear un espacio que fuese esencial, acogedor y cómodo. Una casa moderna llena de elementos orgánicos". Una operación de alquimia cuyos elementos son eclécticos, pero tienen pedigrí, como aquellos adquiridos en la tienda de JF Chen, de Los Ángeles, que conviven con antigüedades, cuidadosamente seleccionadas, o con descubrimientos procedentes de mercados vintage.  

Lo que dicen los muros

El encanto de una villa de lujo en Beverly Hills

Los pequeños Tanner, de cuatro años, y Ripley, de dos años y medio, están acostumbrados a vivir rodeados de piezas de arte contemporáneo. Predomina la obra de gran formato de la artista californiana Alison Van Pelt, dedicada a los nativos norteamericanos, que cubre enormes espacios en los muros. Los dormitorios y el cuarto de juegos de los pequeños son quizá los lugares más mágicos de toda la casa. Están llenos de extrañísimas piezas vintage y juguetes hechos a mano que harían las delicias, incluso, del esteta adulto más exigente.

Regla número uno

Todo lo que hay en el interior de la casa guarda coherencia con el exterior. El jardín es obra de la paisajista de Los Ángeles, Pamela Burton, quien reconfiguró la entrada y añadió un paseo de olivos, rosas y jardineras con hierbas silvestres. En la parte de atrás de la casa, amplió la zona de césped, ideal para los juegos infantiles, con hierbas y plantas autóctonas que dan al jardín un carácter salvaje y silvestre. 

Tanto en el exterior como en el interior, los únicos dos tabúes para Jenni y su familia son el plástico, en cualquiera de sus manifestaciones, y los colores vivos. "Creo cuatro colecciones al año; cada día en mi trabajo, en el estudio, estoy rodeada de un torbellino de colores y estampados diferentes. Para relajarme y regenerarme creativamente necesito rodearme de tonos neutros y de líneas esenciales", aclara Jenni. Misión cumplida. Su casa es su templo.

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