Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

En lo más alto del diseño mundial se ha acomodado una asturiana con acento milanés. Charlamos con Patricia Urquiola de los entresijos de su trabajo y de una trayectoria de éxito rotundo en compañía de los mejores.

Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

En una disciplina como el diseño industrial, en la que todavía es evidente una cierta misoginia, la diseñadora española afincada en Milán, Patricia Urquiola, ha conseguido llegar a lo más alto de su profesión, compartiendo la cúspide de la pirámide con los mejores. Por amor se fue a Italia en 1983, y allí terminó su carrera de Arquitectura formándose con Achille Castiglioni y después con Vico Magistretti mientras trabajaba en la prestigiosa firma De Padova. Pasó unos años en el estudio de Piero Lissoni antes de abrir el suyo en 2001. Defiende una vida en la que el trabajo y lo privado están muy juntos, casi revueltos. Inquisitiva y polemista, con una febril curiosidad como motor, una cabeza que todo lo cuestiona y una firmeza con la que defiende sus principios hasta la muerte, consigue hacer un trabajo coherente que no está adscrito a las reglas del estilo y que vive con independencia en el mundo de las predicciones, las fórmulas y los clichés.

Urquiola no le tiene miedo a nada: en sus manos todo adquiere un giro inesperado, ya sea una baldosa, un cuarto de baño, una tipología, el nudo de una alfombra o el uso de unas flores en un estampado. Hay algo de transgresión y de irreverencia en todo el proceso que hace que el resultado sea siempre una sorpresa, pero también hay una atención rigurosa a los detalles, una seriedad en el desarrollo del proyecto y una gran responsabilidad respecto a las implicaciones sociales, económicas y medioambientales con los productos que se van a poner en el mercado. Con esa resistencia a caer en las redes de las tendencias se ha ganado el prestigio y el respeto de sus colegas.

Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

¿Qué les dirías a quienes sostienen que tu trabajo es muy femenino? No me canso de repetir que la sensibilidad es muy democrática y está muy bien repartida entre los individuos sin mirar qué formación tienen o de qué sexo son. Creo que la única cosa que puede definir al sexo femenino es que las mujeres somos más poliédricas. La capacidad de flexibilidad y adaptación. Y la facilidad para hacer cambios de rol social, dentro de la familia o en el trabajo. De hecho, en mi familia la parte del cerebro, la que supuestamente es la lógica, es la que ha representado mi madre. Y mi padre, aunque sea ingeniero, es un hombre con una gran sensibilidad y creatividad. Así que, para empezar, esos dos conceptos en mí están intercambiados. Es verdad que la sociedad se vuelve cada vez más femenina, pero esto se refiere a poder usar el propio tiempo o el propio espacio de otra manera, el hacer dos o tres trabajos distintos, etc. Esa sociedad más versátil sí pienso que es más femenina.

¿Cómo compaginas tu vida laboral y tu vida privada? Cuando era pequeña mi madre me regaló una casa de muñecas supermoderna en la que yo me pasaba horas jugando. El trabajo para mí es eso mismo, no es un juego, pero sí una pasión, hasta tal punto que mi vivienda y mi estudio están juntos. Mi familia y mi trabajo están muy relacionados, no hay una gran transición entre ellos, trabajo con mi marido. Para nosotros es estupendo, y es posible porque venimos de formaciones muy diferentes. Alberto viene de la economía, cosa que está muy bien, porque el diseño tiene que ser visto desde muchos puntos de vista, de lo humanista a lo económico, así que él me aporta mucho desde su óptica.

Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

Dicen que piensas con las manos… Sé hacer crochet. Y coso mucho. Pero no solo yo. En mi estudio los arquitectos cosen. También se grapa o se encola, se hacen todo tipo de manualidades. Teníamos un arquitecto que seguía una obra a cuatro horas de tren, y en ese tiempo nos hacía gorros o bufandas, ¿no es maravilloso?

Siempre has dicho que te inspiran objetos que encuentras por ahí. Me intriga todo lo que veo por la calle. Mi inspiración puede ser desde un viaje hasta mi formación en sentido más amplio, desde el arte hasta todo lo demás, pero también se debe a mucha atención y curiosidad por cualquier objeto cotidiano que ha quedado en un desván o arrinconado en una tienda, el objeto 'desclasado' que puede estar tirado en un contenedor.

Hace un año publicaste un libro monográfico, un repaso a tu trayectoria, ¿qué conclusiones sacas respecto a la evolución de tu trabajo? Un libro te obliga a pararte, a cerrar una parte de tu vida, a hacer un trabajo de archivo y redacción. Mi sensación es que no ha cambiado ni el proceso ni la actitud. Cada proyecto sigue naciendo de cero con respecto a lo que se ha hecho antes. Se busca la bisagra entre lo que se ha hecho hasta ese momento y una posible evolución que tenga interés. Es como cargar un coche con cosas, objetos, pensamientos, ready-mades, imágenes, tensiones, curiosidad… Y empezar un viaje que no se sabe adónde llevará. 

Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

¿Dirías que tienes un estilo a pesar de la diversidad de tus proyectos? Me dicen: "Patricia, no reconozco un estilo tuyo, pero cuando veo un producto, sin saber de quién es, intuyo que es tuyo". Me gusta no tener "un estilo", entrar en el juego cada vez, arriesgando mucho, probando siempre nuevos caminos. No solo por cambiar, sino por ver adónde me llevarán.

¿Te interesa más un proceso de producción industrial que uno artesanal? No empiezo nunca un proyecto pensando si será industrial o artesanal. Busco contemporaneizar el pasado, el presente y mi percepción del futuro. Es una investigación con variables infinitas. Industrializar una operación artesanal. Crear máquinas para ejecuciones que todavía no existen. Dar a las elaboraciones artesanales un mercado más amplio que el tradicional, pero siempre sostenible. Tratar materiales tecnológicos, avanzados, como si fueran naturales. Recrear procesos del pasado. Aplicar de maneras distintas las nuevas tecnologías.

Patricia Urquiola, instalada en la cumbre

¿Puedes darme algún ejemplo? He utilizado robots para bordar columnas de tres metros de altura y que componían muros de 50 metros de largo. Una ingeniera me ayudó a producirlo utilizando una nueva artesanía, logramos programar robots para que desarrollaran algo que no habían hecho antes. Cuando diseño las alfombras que después se confeccionarán en India, resulta fundamental comprender qué técnicas conocen quienes las harán para poderles dar una nueva vida, una evolución. Saber sobre qué dimensiones y peso pueden trabajar de forma ágil. Una lenta evolución.

Los proyectos con un contenido social parece que crecen y se multiplican en tu agenda. Creo en las microacciones, pequeñas cosas, actos que están en tus manos, de los que eres responsable, pero que tienen un efecto ola. Somos muchísimos en este mundo, en un espacio limitado, y cada pequeño gesto, individual o compartido, puede ayudar a que vivamos mejor. Y no solo en lo material, es importante también trabajar en las percepciones, en lo intangible e imponderable. Es fundamental unir en cada una de nuestras acciones responsabilidad y placer. La exclusión de uno de estos dos aspectos sería peligrosísimo.  

Etiquetas: decorador

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