Xavier Gosé, ilustrador de la Belle Époque

El Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu d’Art Jaume Morera de Lleida revisan en una exposición la obra de Xavier Gosé, prototipo del ilustrador moderno y uno de los grandes cronistas del París de la Belle Époque.

Xavier Gosé, ilustrador de la Belle Époque

La exposición, cuya inauguración coincidió con el centenario de la muerte del artista, y que puede visitarse hasta el 20 de marzo, recrea el universo estético de Xavier Gosé, con Barcelona y París como telón de fondo, y revisa todas las etapas de su carrera, desde sus inicios en el taller del maestro Lluís Pellicer y la Barcelona de Els Quatre Gats, al París de la Belle Époque, así como también todas sus facetas creativas: pintor, dibujante e ilustrador de moda, a la que la exposición dedica una especial atención. Su primera incursión en este campo data de 1905, cuando diseñó con Ignacio Zuloaga el vestuario para la ópera Pepita Jiménez, que Isaac Albéniz estrenó en el teatro de la Monnaie de Bruselas. A partir de ese momento sus relaciones con la Haute Couture se intensificaron, y su trazo fino y elegante reflejó las siluetas de las mejores firmas francesas de moda de la época, como Poiret, Worth, Paquin, Redfern, Doucet o Vionnet. Las ilustraciones de Gosé, que recreaban la parisina elegante, fueron solicitadas por las principales publicaciones de moda del momento, como Femina, Le Journal des Dames et des Modes o La Gazette du Bon Ton.

Xavier Gosé, ilustrador de la Belle Époque

Gosé formó parte, junto con Paul Iribe, Brunelleshi o Lepape, de la estela de artistas que interpretaban, a través de las esbeltas maniquíes, las creaciones de los astros de la moda y, a su vez, realizaban sus propios diseños que anticipan un gusto moderno. Pero, más allá de esta dedicación a la moda, la obra de Gosé refleja las diferentes corrientes estéticas y gráficas del momento. Impregnado del realismo de su maestro Pellicer, y con un marcado carácter social, Gosé reflejó también la otra cara de la Barcelona modernista, la de los suburbios. Su trabajo es un magnífico testimonio de la sociedad del cambio de siglo, que se debate entre la tradición y la seducción de la modernidad. En 1900, el pintor se trasladó a París, donde vivió hasta que el estallido de la Gran Guerra y la tuberculosis que sufría le hicieron volver a Cataluña. Después de unos inicios difíciles, Gosé comenzó a trabajar para las principales publicaciones de la prensa satírica parisiense. Poco a poco, su obra acabará por identificarse con el París de principios del siglo XX, con las costumbres de la vida moderna, los deportistas, las carreras de caballos y el universo de Montmartre. Este es un mundo, el del dandismo, del que formó parte durante sus años en París, como queda patente en el retrato al carbón que le hizo Ramón Casas.

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