Asia Imaginada en las colecciones Baur y Cartier

Los tesoros de la colección Baur, expuestos en Ginebra hasta febrero de 2016, permiten analizar, a través de las piezas de Cartier, la asimilación de las artes asiáticas en Europa a principios del siglo XX.

Asia Imaginada

Los siglos XIX y XX vieron la creación de colecciones de “curiosidades”. Originarios de China y de Japón, diversos objetos exóticos, ornamentados con decoraciones realizadas con materiales diversos, a menudo desconocidos en Europa, cautivaron a Occidente, además de suscitar un insaciable interés por Asia, seducir a los amantes del arte y ejercer una profunda influencia en las artes gráficas europeas. Este fascinante período despertó más de una afición: Alfred Baur (1865-1951) se inclinó por el coleccionismo; Alfred Cartier (1841-1925) y sus tres hijos, Louis (1875-1942), Pierre (1878-1965) y Jacques (1884-1941), por la creación. Si bien las piezas de inspiración asiática de Cartier son muy conocidas, el contexto histórico y cultural en el que se inscriben no lo es tanto. De ahí que surgiera la idea de mostrar estas joyas junto a las colecciones de la Fundación Baur, Museo de Arte del Extremo Oriente de Ginebra.

Atraído por Asia, Alfred Baur realizó sus primeras compras a principios del siglo XX: porcelanas de Satsuma pintadas con esmalte y oro, accesorios para espadas, tallas, esculturas de marfil o bronce, grabados en madera, netsukes y piezas lacadas, cloisonnés de brillantes colores y frascos para rapé. Finalmente, el ávido coleccionista creó el museo que hoy existe en Ginebra.

Por su parte, Cartier es, por encima de todo, el nombre de una dinastía de joyeros parisinos. Desde muy temprano, la firma francesa no se contentó con la simple creación de joyas y se abrió camino en el mercado de los artículos de lujo: relojes, artículos de tocador, accesorios de escritorio o artículos para fumadores. A principios del siglo XX, los viajes, la arqueología y todo lo que procediera de fuera de Europa causaban furor. Los hermanos Cartier reflejaron esta tendencia en sus diseños, inspirándose o en los tesoros culturales de Rusia, Egipto, Persia (hoy Irán), India y el Lejano Oriente, cuyo exotismo seducía a la sociedad occidental. “Asia imaginada” fue incorporada en el repertorio de motivos de la firma parisina.

Hacía tiempo que Cartier se había dejado seducir por el Lejano Oriente. Sin embargo, habría que esperar hasta los años veinte para que ese reconocimiento se convirtiera en moda. A partir de entonces, las influencias asiáticas aparecerían con regularidad en sus creaciones, dejando su impronta en el diseño de joyas, relojes y motivos, y manifestándose en el modo de trabajar ciertos materiales, así como en la estilización característica del art déco.

Las imágenes del Imperio Celeste eran presentadas en una amplia variedad de objetos. Los motivos que disfrutaban de mayor popularidad eran los dragones, que aparecían enroscándose en joyas y estuches de maquillaje. Pero también se explotaron otros animales, reales pero igual de fantásticos: libélulas, mariposas, búhos y aves con alas de vistosos colores se hicieron un hueco en las obras de arte del joyero. Pero, además, los talleres de Cartier no ignoraban el Imperio del Sol Naciente. El espíritu de Japón impregna muchas de las piezas de la firma parisina. Japón estimuló la curiosidad de Occidente. Operas como Madame Butterfly , de Puccini, contribuyeron a crear una determinada imagen de las mujeres japonesas en Europa. Difundidas a través de grabados, estas criaturas etéreas avivaban la imaginación de los artistas. Los diseñadores de la casa concibieron un broche en forma de nudo, en el que unas flores compuestas de rubíes descansan sobre un lecho de diamantes.

Influido por el Lejano Oriente, también comenzó a emplear nuevos materiales. Los más importantes fueron los apprêts, una colección de artículos diversos entre los que se contaban todo tipo de adornos, antigüedades, estatuillas, esculturas y fragmentos de hallazgos arqueológicos que fueron tratados como verdaderos tesoros y empleados en la producción de relojes, joyas y accesorios que de este modo adquirieron el carácter de objetos únicos.

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