El sombrero en verano: cómo llevarlo bien.

Muchísimo antes de la invención de las cremas solares y antes también de que fuéramos conscientes de la mejor manera de tomar el sol, el sombrero era, en verano, el mejor aliado contra los rayos solares.

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Jil Sander

-Excepto en las bodas, en las que se ha puesto de moda aparecer tocada como si de un personaje de Amar en tiempos revueltos se tratara, la gente, las mujeres, pero también los hombres, en verano, no reflexiona sobre qué llevarse a la cabeza. Y se ponen, en caso de necesitarlo, que es casi siempre, lo primero que pillan: una gorra de visera de publicidad, un sombrero de paja con una cinta también con un mensaje publicitario, un panamá deshilachado que les viene pequeño… en fin…

-Hay que tocarse bien. Hay que cubrirse bien. No puede hacerse precipitadamente. Simplemente no se puede.

-Un buen sombrero de verano debería ser cómodo, de ala ni muy ancha ni muy estrecha. Debe ser ligero. Debería encajar a la perfección sin provocar dolor de cabeza, no debe presionar. Los sombreros de verano se encajan, no puede parecer que te lo han tirado de un quinto.

-Mejor, como decimos, que el sombrero sea de paja, como los de Panamá. Y mejor que sea de paja color paja, color natural, no teñido de rosa, naranja o fucsia, porque el riesgo a caer en el ridículo es muchísimo mayor.

-El ala del sombrero ideal no debería impedir que vieras por donde pisas. Porque estaría bueno que te protegieras del sol pero que te tuvieran que ingresar por romperte la crisma al tropezar por falta de visibilidad.

-Aquí creemos, firmemente, que es mejor gastarse un poco más de dinero en este asunto que un poco menos. Ahora existe el bulo generalizado de que todo se puede comprar más barato y que para qué te vas a gastar veinte si te puedes gastar cinco, en el mismo objeto. Les decimos de todo corazón que un sombrero bien construido funciona mejor que uno que no lo está tanto. Justo es que el que funciona  cueste un poco más. Esto mismo pasa con los paraguas, que sólo funcionan realmente bien, los que están bien construidos.

-Y para acabar dos consejos galantes: sería muy bonito, y muy antiguo, que los señores al cruzarse con alguien se quitaran el sombrero levemente. Y no es verdad que una señora no pueda prescindir del tocado a cubierto. Se lo pueden quitar ustedes perfectamente, hagan la prueba. Ya verán como sí.

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