La tiara: cómo llevarla y cómo no

Heidi Slimane lanza sobre la pasarela de Saint Laurent (P/V 2016) lánguidas mujeres en camisón coronadas con tiaras de pedrería, que recuerdan poderosamente a Courtney Love. Con esta excusa pasamos a relatar cómo y cuándo se lleva este aristocrático complemento.

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La  tirara, o diadema, es esa corona abierta por detrás cubierta de piedras preciosas, comúnmente diamantes, que desde la Grecia clásica ha coronado las cabezas más aristocráticas de una tribu. El hecho de que en plan punkie mujeres (y hombres) la hayan utilizado como elemento decorativo sin pertenecer a la nobleza es una de las consecuencias más de ese proceso de ninguneo de los signos a los que la moda contemporánea, en su faceta más revolucionada, nos tiene (ya afortunadamente) acostumbrados.

Tiara llevan por derecho propio (y autoasumido) las reinas y las aristócratas, pero también las miss (que son reina de la belleza local, nacional, mundial y universal, ese fenómeno retrógrado donde los haya…) se ponen tirara; y las drags y, por supuesto, las solteras que están a punto de dejar de serlo el día de su despedida de soltera, que es ese otro fenómeno retrógrado contemporáneo que empuja a las mujeres (y a los hombres) a hacer el ridículo y a deambular borrachuzas por las calles de las ciudades españolas para espanto absoluto de casi todo el mundo con dos dedos de frente. Si a mi mis amigas, mire usted, les disese por montarme una despedida de soltera (cosa improbable porque no tengo prevista boda propia), les retiro el saludo al instante. Al-ins-tan-te.

Cómo llevar la tiara si es usted aristócrata (o incluso reina)

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Si usted es aristócrata, su mamá de usted ya le habrá explicado cuándo y cómo se lleva la tirara. A las nobles y honorables de cuna se les explican, en el preciso momento en que ya estén capacitadas para entender algo, una serie de cosas realmente útiles para su vida futura; cosas que no nos sirven de nada a las plebeyas, pero que a ellas, les vienen muy, pero que muy bien. A saber: cómo se coloca una tiara, hacer un centro de flores, montar en poney, bailar el minué y ladear la cabeza de forma lánguida (eso es, ni mucho ni poco, o sea ladeada en su justa medida). 

De todos modos, nunca está de más recordar cómo y cuándo se llevan las tiaras en el caso de que sea usted noble. Lo primero que hay que saber es que deberían ser "joyas de pasar" (que es una expresión que, según parece, acuñó la Condesa de Barcelona cuando recibió de manos de la reina Victoria Eugenia, su suegra, las piezas de la corona correspondientes al aderezo de las reinas de España en el momento en que murió Alfonso XIII, hecho que la convirtió a la pobre en reina viuda), las tiaras, pues, pasan de mano de reina a mano de reina, duquesa a duquesa, de marquesa a marquesa, y así… para que siempre queden "en la familia". 

Se lucen en ocasiones de gran gala (coronaciones, abertura de parlamentos y similares, visitas de estado…) cuando los señores visten frac y condecoraciones o uniforme militar, si fuera el caso. Con traje de noche pues y guantes largos, una prende que ya casi nadie lleva con gran dolor de mi corazón lo apunto. Dolor. También si ellos van de esmoquin porque la cena de gala es de carácter privado pero de interés público como, por ejemplo, el cumpleaños de una reina o rey europeos (sobre todo del norte que es una cosa que le encanta celebrar). Antes de la Segunda Guerra Mundial sólo las podían lucir las mujeres casadas. 

Si usted es reina y va de visita de estado a un país que no es monárquico (Francia, Italia, Estados Unidos de America) el día de la cena de gala (siempre te colocan una en la agenda) no debe llevar la tiara. Por el contrario si usted es la que recibe al mandatario de turno en visita de estado en su palacio, entonces sí.

No se llevan en hoteles ni restaurantes. Ni tampoco en casas privadas. La Duquesa de Devonshire en uno de sus libros (Home to roost) cuenta que en una ocasión fue invitada por la reina Isabel II de Inglaterra a pasar un fin de semana en Windsor. Cuando bajó a cenar la primera noche se había colocado una tiara y para su enorme sorpresa ninguna otra mujer, excepto ella, la llevaba. La cena era privada, una cena "entre amigos", una cena, de largo sí, pero informal, la tiara no  venía a cuento. Azorada y consciente de que siempre es mejor vestir por de menos que por de más, se la quitó y dejó el joyón debajo de la silla. Cuando llegó la hora de acostarse, la tiara seguía allí. Y es que el castillo de Windsor debe ser, según reflexiona la duquesaen el libro, el único sitio de la tierra en el que una tiara debajo de una silla está realmente segura.

Cómo llevar la tiara si usted no es aristócrata

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Todo esto que hemos contado hasta ahora sirve para las que son aristócratas o, directamente reinas; pero si usted no es ni una cosa ni la otra, la tira pueda llevarla en cualquier ocasión menos en las citadas para sus nobles compatriotas. Porque una de las ventajas de ser plebeya (incluso de baja estofa, de origen humilde o bolchevique) es que puedes hacer lo que te de la realísima gana y ponerte el mundo por montera y la tirara del todo a cien mañana, tarde y noche, con jeans y vestido de flores, con el pelo suelto o con moño, para ir a la oficina o par ir al circo, en un hotel, restaurante o chiringuito de playa de mala muerte. La tiara te la puedes poner en fin de año o a mitad de junio, en plan sirena en la playa para que flipen contigo o en tu casa para recibir un sábado a tus amigas a las que has invitado a ponerse ciegas de güiski. Lo que te de la gana. Si eres plebeya, haces lo que quieres porque las aristócratas van al cielo, previa visita al panteón familiar, pero las plebeyas, mire usted, vamos dónde queremos y como queremos.

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