Bianca Brandolini, la socialité que guarda un estrecho vínculo con el mundo de la moda, ¡al descubierto!

Descendiente de empresarios italianos y monarcas franco-brasileños, Bianca Brandolini forma parte de la nueva aristocracia. Modelo y actriz, comparte con nosotros sus ambiciones y nos permite echar una ojeada a su palaciego universo de la mano de Dior.

Bianca
Bianca Brandolini vestida de Dior. Fotografías: Alfonso Ohnur. Realización: Rut Baticón. Asistente de fotografía: Alberto Omiste. Maquillaje: Angloma. Peluquería: Hugo Raiah (Atelier 68). Manicura: Liza (B-Agency). Producción: Carlota Marín

El hermetismo es una característica que rara vez se asocia a los influencers. Pero Bianca Brandolini (París, 1987) lo personifica. Socialité antes que instagramer y descendiente de una larga y adinerada estirpe de italianos dedicados al arte y el emprendimiento, esta rubia de piel bronceada y rasgos helénicos es más dada a la contención de la realeza que al exhibicionismo de la esfera online. Hecho que no le priva de tener casi medio millón de seguidores en Instagram. Su vida, que parece transcurrir apaciblemente entre desfiles de alta costura y crêpes caseros de Nutella maridados con vino tinto de la bodega familiar, despierta una curiosidad más que comprensible.

A pesar de su fama virtual y real, Bianca es celosa de su intimidad. Sabe ser cariñosa con las personas que conoce de antemano y que admira (como Alfonso Ohnur, fotógrafo a cargo de esta producción) y mantener las distancias con quienes aún no han roto esa barrera. Cuando alguien accede a su atmósfera por primera vez, su actitud con los demás es analizada al detalle.

Salvando esa distancia física y conversacional, compartir unas horas con Bianca es como pegar el ojo a una mirilla con vistas al mundo secreto de la aristocracia contemporánea. A un piso en París con vistas a la Torre Eiffel. A fiestas en mansiones con vestidos de ensueño y música en directo. A vacaciones en Ibiza con herederos de títulos nobiliarios. En definitiva, a esa esfera que aún protagoniza nuestras fantasías principescas y nos recuerda que siempre hubo y siempre habrá clases. 

'Influencer' de sangre azul

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Bianca Brandolini vestida de Dior. Fotografías: Alfonso Ohnur. Realización: Rut Baticón. Asistente de fotografía: Alberto Omiste. Maquillaje: Angloma. Peluquería: Hugo Raiah (Atelier 68). Manicura: Liza (B-Agency). Producción: Carlota Marín

Brandolini, que cuenta entre sus mejores amigas a la it girl Olivia Palermo y la princesa Carlota Casiraghi, es una suerte de eslabón intermedio entre quienes deben su fama a los likes y quienes la han recibido de sus antepasados. Su rango, por tanto, resulta de difícil definición, pero ella se siente cómoda en este terreno: "Al principio del movimiento de las it girls se referían a mí como tal, pero creo que ahora el fenómeno se ha trasladado a influencer o embajadora. Yo prefiero no tener una etiqueta, sino ser definida como yo misma", concede vía e-mail. Remata la frase con un cordial ":)".

Los modales, como la distinción, están en su ADN. Su padre es el conde Tiberto Ruy Brandolini d’Adda, bisnieto de Giovanni Agnelli, quien fundó Fiat en 1899. Su madre es la princesa franco-brasileña Georgina de Faucigny-Lucinge et Coligny. Unas raíces exquisitas per se que, además, están salpicadas de amistades envidiables: su abuela paterna, Cristiana Brandolini, era amiga íntima de Oscar de la Renta, y su madre fue una de las musas del mismísimo Valentino.

Como no podía ser de otra manera, el entorno y el físico impecable de Bianca favorecieron que desarrollara un estrecho vínculo con la moda desde una edad muy temprana. "Tuve la suerte de que don Valentino fuera parte de mi familia y crecí rodeada por él y por toda la industria. Le suplicaba a mi madre que me dejara asistir a las pruebas, a los desfiles y a todos los eventos desde que era muy pequeña", cuenta. "Crecí amándolo y disfrutándolo mucho". Esa pasión en parte innata y en parte adquirida pronto se convirtió en una fuente de ingresos. Empezó a trabajar como modelo desde muy joven y, hoy, es embajadora y colaboradora de firmas como la italianísima Dolce & Gabbana. Como consumidora, asegura, no puede elegir un creador favorito. Si tiene que ser restrictiva, se guía por etiquetas vintage: "Valentino vintage, Versace vintage, Alaïa vintage y Giambattista Valli, desde siempre y para siempre".

La 'jet set' de la moda

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Bianca Brandolini vestida de Dior. Fotografías: Alfonso Ohnur. Realización: Rut Baticón. Asistente de fotografía: Alberto Omiste. Maquillaje: Angloma. Peluquería: Hugo Raiah (Atelier 68). Manicura: Liza (B-Agency). Producción: Carlota Marín

La industria textil también también es para ella un terreno de reflexión. Concienciada con el cuidado del medioambiente, considera que el cambio que se está gestando hacia un modelo sostenible es, más que necesario, obligatorio. Tampoco pierde de vista la transformación del lujo, un mercado que conoce bien. "La moda es hoy una industria muy di- versa y cambiante. La gente quiere cada vez más autenticidad, más relación con las marcas, y me encanta ver cómo reacciona cada firma a las necesidades del cliente", afirma. Las claves, dice, pasan por "ser reconocible, hacer que cada experiencia de usuario resulte extremadamente personal y personalizada y tener un servicio de atención al cliente impecable". La palabra de alguien que acostumbra a vestir moda de autor bien merece ser tomada en cuenta.

Para Bianca, codearse con diseñadores, supermodelos y demás estrellas de la esfera fashion entra dentro de la normalidad. Los encuentros que para la mayoría de mortales serían excepcionales no suponen para ella ninguna alteración de la rutina. Por eso se explaya cuando le preguntamos por el trabajo de Maria Grazia Chiuri, directora creativa de Dior y una de las mujeres con más nombre en la industria. "Comencé a conocer su trabajo cuando empezó en Valentino y la he visto crecer hasta convertirse en la profesional que es hoy", narra la joven, que ha tratado personalmente con la creativa en más de una ocasión. "Es una de las personas más amables que conozco. Siempre es ella misma, no ha cambiado con los años", sentencia.

Desde que Chiuri llegara a la maison, esta ha moldeado su mensaje e identidad hasta hacer suyas las dos mayores reclamas mundiales de la actualidad: el feminismo y la sostenibilidad. "Creo que transmite con elegancia su fuerte mensaje, empoderando a las mujeres a través de la belleza de su ropa", remarca Bianca, que en esta producción luce la última colección de la casa francesa, volcada ahora en esa nueva faceta ecologista.

El futuro de Bianca, como el de Dior, se perfila optimista. De momento, la joven planea seguir desarrollando una carrera en la moda sin perder de vista la interpretación, su otra gran afición ("Actuar es algo que siempre me ha gustado y, quién sabe, tal vez algún día vuelva a ello"). La puso en práctica en 2014 en The Innovators, un corto de ciencia ficción dirigido por Carmen Chaplin que presenta una sociedad distópica en la que un grupo de científicos intenta salvar la tierra. Todo es posible en el horizonte de esta Brandolini, que no se agobia ante la pregunta de dónde se ve dentro de una década: "Espero estar donde realmente no lo espero, porque la vida está llena de sorpresas, y yo espero buenas sorpresas". Y firma ":)".

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