Pasados rebeldes: 4 tendencias que marcaron un antes y un después en la historia de la moda

La influencia de la contracultura 'hippie', del ecologismo y del feminismo llegó para quedarse. Hablamos de la moda como vía de protesta y de empoderamiento.

El estampado 'paisley'
Etro / Imaxtree

El estampado 'paisley'

A simple vista, tal vez el paisley, con sus colores y formas armoniosas, no parezca sinónimo de rebeldía, pero la rica historia de este antiquísimo patrón persa demuestra lo contrario. Aunque no se sabe con exactitud cuándo se originó, sí hay un consenso sobre el simbolismo de sus motivos, que a lo largo de su existencia se han relacionado con la fertilidad, la vida y la naturaleza.

Fue a través de la Ruta de la Seda en los siglos XVIII y XIX que el paisley, normalmente bordado en lujosos chales de Cachemira, llegó a Europa. Aunque su éxito fue casi inmediato, estas prendas –normalmente femeninas– alcanzaban precios astronómicos, por lo que tanto el diseño como el material comenzaron a imitarse en Occidente. Fue entonces cuando el patrón se bautizó en inglés con el nombre de paisley, en honor al pequeño pueblo escocés del mismo nombre, que se convirtió en el centro de su producción occidental.

Como tantos otros ciclos de la moda, su fama decayó gradualmente, pero el momento más emblemático de su historia aún estaba por venir. Los años 60 trajeron consigo la combinación perfecta de rebeldía, androginia e interés por todo lo considerado “oriental”, que permitiría no solo el regreso del estampado paisley, sino su irrupción en las pasarelas de moda. Así, los iconos musicales de la época, en especial los Beatles, popularizaron su uso, pero esta vez, también para los hombres.

En medio de este resurgimiento se fundó la firma Etro, cuyo nombre es el referente por excelencia al hablar de paisley, y también, una de las marcas que ha mantenido este diseño vivo durante todo este tiempo, demostrando que desde entonces, y ahora más que nunca, con el regreso de la estética 'hippie', el paisley es la mezcla perfecta de tradición milenaria y atrevida subversión.

Los colores vivos y formas melodiosas del 'paisley' apelan a nuestro amor por la naturaleza.

El tejido croché

El tejido croché
Altuzarra / Imaxtree

La tendencia de moda más DIY ('hazlo tú mismo') vuelve otra vez este verano...

Si alguien le hubiera dicho a las familias irlandesas viviendo en la pobreza a mediados del siglo XIX que la humilde artesanía que les permitió sobrevivir o, en algunos casos, comprar el pasaje para emigrar a EE. UU. o Canadá terminaría en las pasarelas, no lo hubieran podido creer. Y es que, aunque los antecedentes del croché llegaron a Europa alrededor de un siglo antes, fue realmente a partir de que la Reina Victoria de Inglaterra comprara este croché irlandés –e incluso empezara a hacerlo ella misma– que se convirtió en una práctica común.

A partir de entonces, el tejido, cuyo nombre viene de la palabra francesa crochet ('gancho'), gozó de popularidad prácticamente ininterrumpida, convirtiéndose en un producto comercial en los años 20. Sin embargo, su auge llegó en la década de los 70, y no podría haber sido de otra manera. ¿Qué se obtiene al combinar los vestigios antisistema del movimiento 'hippie' con lo atrevido del disco? Una colorida tendencia que puede elaborar cada quien con sus propias manos, y que da la sensación de ser más "natural".

Después de perder fuerza en las siguientes décadas, en las que por lo general reinaron modas más artificiales y futuristas, el croché parece haber vuelto para quedarse una buena temporada. Cómo no iba a hacerlo si, durante la pandemia, las búsquedas de tutoriales para tejer se dispararon y a las creaciones caseras se han unido afortunadamente cada vez más diseñadores que han elevado dicho tejido a otro nivel. Después de todo, sería difícil para la aficionada media producir un vestido tan elaborado como el que presentó Altuzarra, pero siempre se podría tejer un accesorio.

Sigue su historia desde sus modestos orígenes hasta su popularidad y su huella en las pasarelas.

La prenda corsé

La prenda corsé
Givenchy / Imaxtree

La historia del corsé es de admirar, pues pocas prendas pueden presumir de haber pasado de ser un instrumento de represión patriarcal (a pesar de que en los últimos años se ha debatido y recontextualizado su mala fama) a ser un símbolo de liberación de la sexualidad femenina. Y con siglos de existencia, la evolución de la ropa interior más famosa no ha sido lineal, sino que ha pasado por más de una transformación.

Todo el mundo conoce el uso tradicional del corsé, desde su introducción alrededor del siglo XVI en la corte francesa (aunque es probable que se haya inspirado en prendas africanas mucho más antiguas) hasta su declive a principios del XX gracias a los revolucionarios atuendos más sueltos de Coco Chanel. No fue sino hasta los años 70, con los diseños punk de Vivienne Westwood, cuando los corsés comenzaron a recuperar protagonismo. Pero aunque fueron la pieza clave de looks tan emblemáticos como el corsé cónico que Jean Paul Gaultier creó para Madonna en los 90, se podría argumentar que no habían vuelto a alcanzar un auge como el de ahora para la moda street style.

Curiosamente, uno de los factores que ha propiciado esta etapa de esplendor ha sido el gusto por todo lo relacionado con el período de la regencia inglesa, impulsado en gran parte por el éxito mundial de la serie Los Bridgerton, tras cuyo estreno se multiplicaron a la velocidad de la luz las búsquedas de corsés en las tiendas online. Y, al igual que la serie, firmas de moda como Givenchy le han dado un giro moderno al corsé, haciendo de esta prenda centenaria una de las más versátiles que puede haber en tu guardarropa.

¿Carcelero o liberador? Sin importar la época, el corsé siempre ha dado mucho de qué hablar.

La polémica

La polémica
Burberry / Imaxtree

El confinamiento nos ha dejado a muchas con ganas de bailar y salir de noche, y qué mejor forma de hacerlo que, como propone Burberry, con la "armadura" más sexy: la malla metálica. Popularizada en los años 90 y principios de los 2000, sobre todo a través de los mini, este material pasó de ser protección –tanto en combate como en distintos oficios– a ser un arma durante la revolución sexual de los años 60. 

Fue entonces cuando Paco Rabanne creó vestidos metálicos con influencias futuristas y transparencias, que calificó en el nombre de la colección como "imposibles de llevar". No era una exageración; compuestos a partir de piezas individuales de metal sujetas entre sí, los vestidos ofrecían poca flexibilidad y una caída menos fluida. Eran innovadores, pero poco prácticos para usar fuera de las pasarelas.

Pero eso no detuvo a Gianni Versace,  quien logró diseñar vestidos no solo fáciles de llevar, sino necesarios en cualquier guadarropa noventero. Esto fue posible gracias a un artesano alemán, creador del Oroton, la elegante malla metálica característica de la marca. A partir de ese momento, la malla metálica, ahora mucho más dinámica y favorecedora, se volvió una de las prendas más representativas para modelos e it girls como Paris Hilton.

Con un toque atrevido de transparencia, las prendas metálicas están de vuelta y listas para ser tus fieles acompañantes en las fiestas y discotecas. Y es que la malla, que une la sensualidad de la seda y la fuerza del metal, casi podría ser una metáfora sobre la feminidad, así que no es de extrañar que esté pasando por un renacimiento y sea uno de los looks definitivos para este verano. 

Un brillo transparente y moderno, descendiente de un material milenario.

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