¿Qué fue de la revolución de Vetements?

La salida de Demna Gvasalia de Vetements marca el fin de una era. Surgen dudas sobre el futuro de la marca, pero aun más, de Balenciaga, donde el georgiano se queda.

 "Siento que he cumplido mi misión de conceptualista e innovador de diseño en esta marca excepcional", ha explicado Demna Gvasalia (Georgia, 1981). "Vetements ha madurado hasta convertirse en una empresa que puede desarrollar su herencia creativa en un nuevo capítulo por sí misma". Su hermano, Guram, secundó sus palabras: "Asistimos a una nueva era para Vetements, un ciclo de crecimiento y gran expansión". "Se revelarán nuevos proyectos y colaboraciones sorpresa en un futuro muy cercano". ¿Nos seguirán interesando?, nos preguntamos.

Crónica de un desengaño

"Dos años después de romper Internet, parece que ya nadie compra Vetements", afirmaba un titular de Highsnobiety en 2018. Guram lo tachó de "fake news", pero lo cierto es que Galeries Lafayette y The Broken Arm (dos de sus principales puntos de venta en París), dejaron de comercializarla. Se empezó a criticar que a pesar de compartir una estética similar, a menudo Vetements era incluso más caro que Balenciaga, y que el público prefería invertir en una firma con solera. Que tras alcanzar cotas de popularidad rascacielísticas, Vetements había muerto de éxito.

Nos coló las Crocs de plataforma, camisetas de DHL, aquel bolso inspirado en la bolsa azul de Ikea, una camisa cosida a una camiseta, y hasta zapatillas con forma de osito; todo esto, con precios que oscilan entre 700 y 1.700 euros. El propio Demna Gvasalia reconoció que jamás pagaría tanto dinero por sus diseños. Que prefería gastárselo en irse de vacaciones. 

"Vetements era una marca de moda de lujo, pero también un espejo deformante: no solo reflejaba la industria, sino que lo hacía de forma que dejaba al descubierto su estupidez", rezaba la crónica de Dazed sobre la salida de Demna. "Su marca fue un cisne negro, pero si no daba tantos réditos como esperaba, quizá fuera preferible sentarse únicamente en el trono de Balenciaga". Fíjate, la prensa especializada ya habla en pasado de la firma.

Una revuelta particular

Se suponía que los revolucionarios de la moda mercadeaban con vintage, investigaban sobre tejidos sostenibles y nos instaban a dejar de comprar. Sin embargo, también coronamos al georgiano como disruptor, y eso que Vetements empezó vendiendo tazas a cien euros y terminó pidiendo mil por el par de vaqueros

Seguramente, lo identificábamos más con el El banquero anarquista, de Fernando Pessoa, cuyo protagonista defendía que la mejor forma de escapar del influjo del dinero era ser rico. La última colección de Vetements, por ejemplo, recogía una crítica al capitalismo, siendo una marca de lujo y con esos precios. ¿Está perdiendo la gracia tanta ironía? 

En cuanto a Balenciaga, "ambas marcas tienen un punto de vista similar; quizá Balenciaga con un lenguaje un poco más obvio o legible para el gran público", nos contesta Miguel Becer, el diseñador de ManéMané. "Si a eso le sumamos que se sitúa bajo el amparo de un grupo inversor gigante, creo que disfrutará de muchos años de éxito", añade. Además, "su entrada en Balenciaga [en 2015] ya supuso un cambio positivo para la firma. Ahora que podrá dedicarle más tiempo, será muy beneficioso", añade la estilista Victoria Nogales. "Encabezar varias marcas como director creativo supone mucho esfuerzo y estrés", apunta Becer.

Reacción, acción, reacción 

Dicen los Gvasalia que nos adentramos en un nuevo ciclo de la moda, lo cual confirman las pasarelas. Se impone un estilo absolutamente clásico, formal, sobrio y racional, al que denominamos 'burgués', y que caracteriza tanto esta temporada como las siguientes. De hecho, las últimas semanas de la moda, que exhibían P/V-20, han traído consenso sobre este asunto: la moda se deja de excentricidades para retomar el lujo tradicional. 

En concreto, el desfile de Balenciaga se ubicó en un falso "parlamento o asamblea" de la firma, convocado para investigar sobre "la vestimenta de poder y los uniformes de moda". Hubo trajes con crinolinas, inspirados en los vestidos de salón de don Cristóbal; pero sobre todo, aburridos trajes de chaqueta y pantalón (donde los logos de Balenciaga y Mastercard se fusionaban) y vestidos de corte cocoon. "No creo que exista nada más real que esto", comentó Demna Gvasalia al respecto. Al final, la revolución era esto.

 

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