6 consejos para celebrar una Navidad elegante

Con la Navidad a la vuelta de la esquina no está de más recordar algunas fórmulas a tener en cuenta cuando nos sentemos a la mesa para comer o cenar. Comidas o cenas familiares que, sin ser de Estado, tienen un punto más formal que en otras ocasiones. Y así debe ser.

Cómo comportarse en Navidad
Las reuniones familiares pueden acabar siendo un éxito... o un desastre/ Corbis.

 

En un mundo fast food -bueno, fast food, fast work, fast gym, fast sex, fast todo-, bien está estos días recuperar (como decirlo…) las maneras retro de sentarse a la mesa y una cierta lentitud en nuestros gestos. La de hoy es una nota con consejos vintage sí, pero tremendamente útiles. Vamos allá.

1. Cómo nos sentamos.

Contrariamente a lo que se cree, los puestos de honor en una mesa cuadrada son los de en medio. Esa es la presidencia de la mesa. A los flancos se deberían colocar los jóvenes o invitados más en forma, de cara a defender la mesa de posibles ataques.

Ninguna señora debería tener pata entre sus piernas.

Siéntense rectos, pero no envarados.

Siéntense con las manos encima de la mesa (tenerlas escondidas es de pistolero) y con los codos fuera de ella. Es un consejo de párvulos pero sólo hace falta que se den una vuelta por un restaurante para ver que nadie lo practica.

2. Niños, ¡a la mesa!

Los niños deberían sentarse en la mesa con los mayores y aprender a “estar”.

También deberían estar preparados para comer lo mismo que sus mayores. De modo que, quizás, el menú general deberá adaptarse a ellos (y no al revés). También hay que adaptar el horario de la comida para que puedan hacer la siesta o irse a dormir a su hora de siempre. 

Durante estos días, como no se regulen los horarios de un niño, es más que posible que el tal niño sufra de jet-lag hasta abril y usted, joven padre, se pasará el trimestre en el despacho del tutor.

Y por supuesto, las abuelas, tías, primas y demás “madres expertas”, mantendrán el pico cerrado y en ningún caso, repito, ¡en ningún caso! (y lo voy a volver a repetir, en ningún caso), opinarán sobre el niño de otra madre y mucho menos, '¡muchísimo menos! (again, ni mucho menos), sobre el niño de unos padres primerizos. Hacerlo encendería una mecha que en muy poco tiempo, casi segundos, arruinaría la paz familiar.

3. Decoración de la mesa y alrededores.

Si hay posibilidad de hacerlo, saquen la vajilla de fiesta.

Si no hay posibilidad de hacerlo, jueguen la carta de lo rústico, de “lo póvera”. Hagan de la falta de medios un estilo, funciona siempre. Háganse defensores de la loza blanca. Mezclen vajillas y silla y que los centros de mesa sean mediterráneos. Que lo que sea “por fuerza” y porque “no hay más remedio” se convierta en un tratado de estética.

Decoren la casa y la mesa pensando, no en que habrá que ponerla, sino en que, cuando pase la marabunta navideña, algún alma tendrá que quitar todas esas bolas moñas. Las pititas del ¡Hola! tienen servicio, posiblemente importado de alguna excolonia británica. Usted y yo, no. ¿Por qué? Porque somos pobres. Y tendremos que hacerlo con nuestras propias manos. Pregúntese si para este viaje hacían falta tantas alforjas. La manía de los pobres de imitar a Carmen Lomana es del todo enfermiza.

4. Cómo vestirse en una cena formal.

Bolas de Navidad de Dolce Gabbana
Bolas de Navidad de Dolce&Gabbana.

Bien. Vístanse bien, como les gustaría a sus abuelas que se vistieran. Honren a la gente más antigua de la mesa y eviten el conflicto (¡sacaros el piercing!), ya que hoy no es el día más adecuado para reivindicar vuestro punto de vista sobre las cosas. En lugar de poner nerviosos a vuestros mayores de forma tan poco consistente, escribid un tractatus, un panfleto, haceos militantes del anarquismo más radical, escapad a África. Pero el día de Navidad, stop!!! 

5. Conversación navideña y temas prohibidos.

La conversación que sea inconsistente, casi inexistente, casi como la que se tienes con un vecino en el ascensor. No hablen de nada. Es un arte que cualquier persona elegante debería dominar. 

No hagan, por ejemplo, preguntas al sobrino evidentemente marica sobre si tiene o no tiene novia. Ya ustedes saben que, de tener, tendría novio. No sean malvados, ni insistan en preguntar a su cuñado en paro si ha encontrado trabajo o no. 

Y fundamental: no hablen de dietas. En la mesa, comiendo, no se habla de dietas. Ya te digo, no hablen de nada, de nada, de nada.

¿De qué sí se puede hablar, pues? Sólo hablen de valores seguros, de temas infalibles: Diego Rivera Velázquez, Murillo, el Escorial, Bernini, Lope de Vega, Petrarca, de cómo se hace una raíz cuadrada, de cómo preparar un combinado, de caza (o no, depende), de equitación y caballos (nunca de fútbol), hablen del tiempo... 

6. Alcohol, familia y Navidad.

Simplemente, no beban alcohol. No hacerlo favorece en dos sentidos: no apuñalarás a tu cuñado (lo cual es muy beneficioso tanto para él como para ti), y, totalmente sobrio como estarás, verás exactamente ¡y por fin! el tipo de familia que tienes, por lo que entenderás muchas cosas sobre ti mismo.

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