¡Cuidado! ¡Cursis!

"El Arte de distinguir a los cursis" (editado en castellano por Trama Editorial), es el opúsculo publicado en 1868 por el político y miembro de la Real Academia Española, Francisco Silvela que, hoy por hoy, sigue perfectamente vigente y si no pasen y lean este fragmento que les ayude a ustedes, oh aficionadas a las modas, a luchar contra esta plaga, la de la cursilería, que tan cerca está de la mentalidad de los cretinos.

Murad

Para el autor "ser cursi es independiente de la posición, de la riqueza y hasta de la belleza natural del sujeto" Y pone en su objetivo a los ricos que se las dan de gustosos (que son la mayoría para qué nos vamos a engañar):

"Un millonario que nacido y educado fuera de las leyes del buen gusto, se empeña en tenerle, aunque todos los arquitectos, pintores, literatos, mayordomos y sastres del universo se empleen en construir, decorar y alhajar sus palacios, en pulir e ilustrar su espíritu, en educar su trato y en vestir su cuerpo; palacios suntuosos, bailes y comidas espléndidas, cartas familiares, maneras, todo en una palabra, trascenderá tanto o más a cursi, cuanto mayores esfuerzos haga por disimular el olorcillo".

Sigue Silvela ejemplificando su tesis en este punto: "Habrá mil detalles que no podrá confiar a manos extrañas, y en ellos dará de cabeza: si el palacio es grandioso, hará por su cuenta una garita para el perro o para el portero que lo estropeen; si tiene buenos cuadros, los colgará de cordones ridículos, o como un millonario que yo conozco, les pondrá cristales para que no se estropeen.

Si le regalan una edición gótica, la encuadernará con tapas marfil.

No podrá resistir al deseo de colocar encima de una chimenea del renacimiento una cigarrera de plata figurando una locomotora.

No se decidirá jamás a quitar los fanales de cristal que preservan del polvo a unos candeleros de bronce.

Si es viejo, la echará de joven.

Si es joven, afectará aire gastado y caduco.

En una palabra, será cursi, cursi, cursi más que el albañil que amasó el yeso de su palacio; porque éste se contenta con serlo, y él quiere pasar por hombre de gusto no siendo más que hombre rico, que es como si el albañil se diese tonos de arquitecto".

De todos modos, que nadie se lleve a engaños, porque como bien dice el político, la posición no hace al cursi y, al igual que encontramos cretinos en todos los ámbitos de la sociedad, también encontramos cursis repartidos de norte a sur. Además, lo de ser cursi tiene, como casi todo, mucho que ver con el punto de vista y con mucha dificultad ve el cursilón la cursilería en ojo ajeno.

Por otro lado, también existe la cursilería a tiempo parcial o en según qué ámbitos, la cursilería puede que no aparezca en bloque y ahí tenemos, por ejemplo, a esos malvados que se deshacen en "cucurrucucús" delante de un cachorro de perro o en los valientes rocosos que levantan el dedo meñique cuando alzan su tacita de porcelana de te.

En moda la cursilería aparece por incultura, por falta de sentido del humor, por imposibilidad de comportarse irónicamente, por falta de compañerísmo y por seguir insistiendo en patrones estéticos rematadamente decimonónicos. 

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