El cierre de trenca: cómo llevarlo (más o menos) bien, en cinco puntos

Es una forma clásica de cerrar prendas de abrigo que siempre deberías tener presente en tus oraciones fashion.

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Derek Lamb

1. Lo absolutamente ideal sería que el cierre trenca, o sea, ese que es como un cuerno o una pieza de madera alargada, sirviera a los intereses de las trencas, con su capucha, de caída recta, de lana prensada, bolsillos de plastrón y forro a cuadros tartán (aunque las mejores son las que van sin forro). Eso sería lo ideal, pero, ¿quién en su sano juicio quiere vivir en un mundo ideal?

2. Este cuerno es realmente bonito cuando cumple su función, que no es otra que la de cerrar. Muchos diseñadores lo utilizan como elemento decorativo, allá ellos, pero nos gusta más cuando sólo cierra. Nosotras, puestas a adornarnos de verdad de verdad de la buena, preferiríamos cualquier chuchería de Cartier.

3. Luego están los cierres de trenca tipo marinero noruego, de madera, esos que parecen un pico de pan de los que se comen, idealmente, con jamón de Jabugo. Normalmente van amarrados a un lazo de cuerda, no como los cuernos cuyo ojal lazado es de cuero. Esta variante del cierre funciona en prendas tres cuartos.

4. No hay que exagerar, o al menos no en este caso. En cuestión de cierres trenca también menos es más y más, aquí, es más de cuatro cuernos. Muchos cuernos es una barbaridad. Si hay muchos es que algo no funciona. Ponle freno al cuerno. Cuatro, si me apuras cinco, pero más de eso ya serán multitud.

5. También observamos que el cierre trenca tiene mucho tirón entre todas esas muchachas que tienden a vestirse a lo Caperucita Roja, con broches de fieltro, bolsos con dibujos manga, y estampados de ciervos… este estilo tiene todo el sentido siempre y cuando se tengan menos de veinte años, pero destiérralo cuando sientas la tentación de empezar a intercambiar complementos con tu hija párvula.

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