La falda negra: el comodín desapercibido

Hacemos zoom sobre una falda del desfile de Louis Vuitton que nos parece multiusos

Louis Vuitton

A parte de los interesantes jeans de color azul cielo bordados, o no, con azabache, de ancho tipo años ochenta y de cintura baja, pero no ultrabaja, que nos hicieron decir en voz clara y alta que el pitillo había muerto (ejem)… del último desfile de Louis Vuitton diseñado por Marc Jacbos, quiséramos hoy hacer incapié (me chifla esta palabra, “incapié”, hace tiempo que quería colarla, pues aquí está: “incapié”) en las faldas negras, bordadas o no, que aparecen en alguna de las salidas. Cinco centímetros por debajo de la rodilla, su vuelo recuerda al de las faldas de las amazonas, de un tejido negro de calidad (las prendas negras deben ser de calidad, de mucha calidad, porque si no flojean) y presentan unos lijeros frunces en la cintura. La falda es perfecta si se combina con blusa y tacón e igual de bien si se hace con sandalia y t-shirt. Ideal con botas o botines y jersey. Con “crop top” y  guardapolvo es de nota. También si la combinas con chaquetas bomber. De noche, de día, en modo pareo o en modo cocktail. Si la llevas con una camisa a cuadros te da grunge, si te la pones con un top largo y estructurado te da mínimal. Incluso serviría como parte de un uniforme (de azafata de congresos, de camarera, de ugier). Para jóvenes y mayores. Lo que yo te diga, es la prenda comodín.

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