Los volantes, ¡qué obsesión!

Llévalos en verano pero que no parezca que vas de romería.

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Los volantes son una solución estupenda en invierno, y si el vestido es un vintage de Oscar de la Renta o de Yves Saint Laurent de principios de los ochenta, mejor que mejor.

No hay mejores volantes que los que lucían las protagonistas de Dinastía o Los Colby, esas series fundamentales también, de los ochenta que tanto bien han hecho al imaginario colectivo de las fashionistas.

O sea que, como primera conclusión, podríamos acordar que los volantes ochenteros son fundamentales, pero, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena!, este verano no se llevan.

Luego pasa que en verano, y a la que te descuidas, te pones algo con volantes y pareces Carmen Miranda por sambas o Lola Flores por bulerías, que no es que esté mal, quede claro, pero es que no está de moda… Qué quieren que les diga, ese tipo de volante, el volante rociero, el carioco, el volante latino tampoco se lleva. Quizás se vuelva a llevar, pero este verano, no, no se estila.

El volante veraniego que encontramos esta vez tiende a camuflarse en looks de corte deportivo o incluso futurista. Y se construye con tejidos tecnológicos, como de parachutista. 

Suele aparecer acompañado de elementos que significan modernidad, por ejemplo, cremalleras, botas de cuero robusto, joyas a lo Elsa Peretti. 

La cosa está en que muchos diseñadores quieren convertir elementos de la costura clásica, como los volantes, en elementos supercasual.

Es una prueba más de que las fronteras, ni que sean estéticas, entre lo que distinguía las clases altas de las bajas, los hombres de las mujeres o los jóvenes de los viejos, están desapareciendo del mapa fashion. Es un asunto en el que, siempre que podamos, vamos a insistir, y mucho, por ser la gran tendencia que sostiene y alimenta a casi todas las demás. 

 

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