En la estela de una bruja sin escoba

Se dice que el destino es la sucesión inevitable de acontecimientos, nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada.

Se dice que el destino es la sucesión inevitable de acontecimientos, nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada. Y si analizamos la vida de una de las diseñadoras españolas con más proyección internacional llegamos a la conclusión de que, en su caso, el pasado no tiene un diseño tan perfecto como el destino. Si bien, con anterioridad a la era digital, las niñas solían pasar la infancia cuidando y cambiando de ropa a sus muñecas, Ana González ya jugaba a disfrazarse con los retales que salían de la máquina de coser de una madre modista. Y soñando, al igual que la heroína de su cuento favorito, La bruja novata de Walt Disney, que acompañada de tres niños viaja por el mundo en una cama voladora, vivir fantásticas aventuras. Pero, a diferencia de la bruja que menciona Sabina en una de sus canciones, debajo del disfraz había algo más que una niña a la espera de algún príncipe azul. Porque si hay algo que define la trayectoria de esta artesana-maga es su capacidad para reinventarse continuamente, sin esperar a que un hechicero la deje si, convertida en una pobre bruja del montón. Su formación inicial en la Facultad de Bellas Artes de Madrid le ha permitido desarrollar fuertes lazos con otras disciplinas artísticas. De hecho, empezó su carrera creando accesorios y trabajando en campos tan diversos como la infografía, haciendo dibujos en periódicos para posteriormente dedicarse por un tiempo a la fotografía de moda, pero “siempre he necesitado ir más allá, expresarme a través del arte”. Fue precisamente esta pasión por el arte lo que le llevó a la moda. Y desde entonces su compromiso con este oficio ha sido tal que lleva, desde hace unos años, dedicando parte de su tiempo a la formación de nuevos creadores. Consciente de lo que le falta a este país es cultura de moda. En 1996 crea la firma Locking Socking, partiendo de la idea “de renovación constante y de generar la necesidad de adivinar el look como algo especial mediante un juego dadaísta de palabras”. El valor añadido de una colección consiste precisamente en sorprender-impactar al público con algo más. Y un desfile se convierte en la excusa perfecta para contar una historia de una manera absolutamente teatral, pero en su caso siempre bajo un prisma muy autobiográfico. Así se explica que en la edición de primavera-verano de Cibeles Fashion Week 2010 decidiese llamar a su colección Antídoto, destacando especialmente los colores luminosos y atrevidos como el fucsia, naranja con tejidos brillantes y zapatos de vértigo –objeto fetiche de la autora– para dar verticalidad a los cuerpos. En esos momentos necesitaba mostrar una actitud personal positiva como revulsivo frente al abatimiento general generado por la crisis económica internacional. Al igual que la ruptura del tándem Schoking Locking en 2007, fue el motivo de que ese año bautizase su colección con el nombre de Bipolar como reflejo de la falta de comunicación con su socio Óscar, con quien había dado sus primeros pasos, caminando de la mano durante casi diez años. En su última colección Under Beauty utiliza el famoso estampado floral Liberty que se hizo popular en los años cuarenta por sus telas de florecillas diminutas, tomando como fuente de inspiración el tenebroso comienzo de la película “Terciopelo Azul”, como homenaje al cineasta David Lynch. Ese mundo onírico que recrean los estampados de flores irá desapareciendo a medida que la cámara de Lynch se va acercando poco a poco hasta reparar en un objeto lleno de insectos a su alrededor, una oreja humana en estado de descomposición como metáfora de las apariencias y perversión en las sociedades de bienestar. Locking plantea una pregunta sin respuesta, ¿qué se esconde debajo de la belleza?, poniendo en entredicho los cánones estéticos actuales. Sin que por ello se la pueda acusar de incoherencia cuando a reglón seguido reconoce que se define más como empresaria que como diseñadora. “Necesitaría un equipo de gente más numeroso para poder dedicar más tiempo al diseño”. Soñando pero con los pies en la tierra, sabe que una empresa se sustenta en las ventas. Y mantener alto el posicionamiento de una firma “es casi un milagro en un país como España donde no hay apenas comunicación entre la industria y el diseño”. Pero lejos de rendirse ante los obstáculos, sabe que es precisamente su disposición a asumir riesgos lo que le ha permitido cosechar tantos éxitos. ¿Cuál será el nuevo reto de esta mujer que, al mirarse en un icono como Grace Coddington, directora creativa de Vogue, refleja pasión por su trabajo sin olvidar que la moda es un negocio? Seguiremos su estela como si estuviéramos viajando arrastrados por una bruja.

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