Érase una vez...Teresa

Personajes extraordinarios transitan por los 20 años de la firma Teresa Helbig: una costurera mágica, un jugador de balonmano, la niña 'uau'...

Érase una vez...Teresa

Como a mitad de la entrevista a Teresa le ha dado un jamacuco muscular, posiblemente porque es un manojo de nervios, decidimos continuarla tumbados en el suelo, mirando al techo de su atelier del ensanche barcelonés, como si esperáramos que, en cualquier momento, fuera a pasar una estrella fugaz. «Aunque mi madre ha sido costurera y mi principal cómplice en esta aventura, cuando yo era joven y la veía trabajar nunca pensé que me dedicaría a esto. Y mira, 20 años ya. ¿Sabes cómo empecé? Resulta que hacía escaparates con Paco Hidalgo, hacíamos los de Zas, los de esa firma de la hermana de Mariscal, Tráfico de Moda, o los de Puente Aéreo, tiendas multimarcas muy cracks. Fuimos a la boda de una de las socias de Puente Aéreo y con mi madre diseñamos para mí un vestido color champán con 800 plumas cosidas a mano, precioso. Todo el mundo me preguntó por él y me dijeron que por qué no me ponía a diseñar. Me encargaron allí mismo una colección y así empezó todo, de pura casualidad. Muy fuerte. De esa primera colección hicimos más vestidos de la cuenta, calculé mal la tela que necesitábamos para los 12 que me encargaron, un desastre económico. Pero entonces, lejos de desanimarme, decidí ponerme uno con una chupa tejana y salir de marcha o a pasear y si me preguntaban por él les decía que si querían les vendía uno. Coloqué los sobrantes con este sistema de marketing tan sui géneris. De algún modo se vendieron solos. Fue mágico. El boca oreja ha sido clave en nuestra historia».

Érase una vez...Teresa

Teresa Helbig convierte cada respuesta en un microrrelato lleno de encanto. Ahí van dos: «Mi padre ha sido albañil, por eso yo, por dentro, estoy siempre de obras, siempre barruntando, nunca me descansa la cabeza». «Un día mi hija de dos años y medio, que es adoptada, bajó al taller y al ver ese vestido que tienes allí, ¿lo ves?, dijo Uau... por eso este modelo se llama así, por ella. Uau. Antes de tener a mi hijo mayor, que ahora tiene 23 años, siempre quise adoptar, mi hija es un regalo, un Uau en mayúsculas». O esta otra anécdota que parece sacada de un guión de Sexo en Nueva York: «Una noche que volvía de fiesta, sola en mi habitación, no fui capaz de sacarme una de las botas de cowboy que calzaba. Dormí con una sola. Me di cuenta de que quizás debía concentrarme en buscar pareja (reímos a carcajadas). Días después de lo de la bota, conocí a mi marido Chema en una barbacoa. Él ha sido clave en todos los sentidos. Antes de esto, fue jugador de balonmano y veterinario...».

Érase una vez...Teresa

¿Qué me dices? «Sí, sí, fue jugador de balonmano de la quinta de [Enric] Masip y  [Iñaki] Urdangarin, y además veterinario, pero como es muy listo, se puso a estudiar unos másteres en empresa y gracias a él empezamos a desfilar y a crecer, siempre dentro de nuestras posibilidades, porque somos una firma nicho y así queremos seguir. Pero gracias a él, hemos evolucionado». Entra Chema, el jugador, veterinario y musa de Helbig, para comentar el color de la etiqueta de los nuevos perfumes que lanzarán en breve. ¿Perfumes también? «Los produce Carner, que es una empresa familiar, muy parecida a la nuestra. Son tres, mira, pruébalos, este remite a Tánger, que es un sitio muy especial para nosotros; este se llama Buldog in the atelier, en honor a nuestro perro Busa, que acostumbra a merodear por aquí, y este, huele, este quizás es el más osado, el más gamberro, se llama... Teresa». 

Fotos: Cortesía de Teresa Helbig

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