Gaultier: 30 años de obras de arte

Todo el mundo habla de Gaultier. Nueva York expone sus diseños más famosos en el museo de Brooklyn y es que sus 30 años de creaciones son toda una obra de arte. Si no puedes ir hasta la Gran Manzana, repasamos sus creaciones únicas.

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Al ver la exposición, The Fashion World of Jean Paul Gaultier: From the Sidewalk to the Catwalk, el público podrá saber cuánto se adelantó Gaultier en cuestiones de imaginación y también de posicionamiento social y moral: cambio de sexo, androginia, metrosexualidad, modelos robustas, corsetería, sadomaso y, sobre todo, canonización del estilo de la calles, el hoy famoso «street style».

En 1976 Jean Paul Gaultier hizo su primera colección de prêt-à-porter, y unos pocos años después ya había mostrado sus argumentos personales y artísticos: multiculturalismo, género y transgénero y ruptura de los límites del buen gusto, todo en nombre de la diversidad que él defiende a capa y espada.

Gaultier es un hombre político, aunque no se lo proponga. Expresa sus ideas con la moda que hace, y denuncia la hipocresía de una parte de la sociedad respecto a la sexualidad, la inmigración, la religión y el sentido del humor. Con solo ocho años le confeccionó a su osito de peluche un sujetador hecho con dos conos, recuperado gloriosamente para Madonna en los ochenta, el cabaré y el travestismo. Su primera colección contenía piezas realizadas con esteras de paja, y fue pionera en promover el reciclaje.

Después aparecieron sus versiones de la camiseta bretona a rayas azules y blancas, que evolucionaron hasta ser bordadas lentejuela a lentejuela, pluma a pluma, en vestidos de noche, como transgresión pura y dura de la solemnidad de la alta costura.

Gaultier

Ha diseñado para varias estrellas pop (y, quién sabe, si para algunas de sus clientas) corseterías y vestuarios fetichistas adornados suntuosamente que han ido provocando la pasión moderna por el cabaré burlesque promovido por Dita von Teese y Cher. Sus modelos femeninos y masculinos son multirraciales, homosexuales y heterosexuales, y Gaultier se divierte intercambiando sus roles culturales.

Él inició la senda de los siguientes «enfants terribles» de la moda: Galliano y MacQueen, que supieron expresar sus ideas y opiniones libremente gracias al oficio de costura que dominaban, aunque ellos no sobrevivieron a la presión de los emporios para los que trabajaban.

Jean Paul Gaultier adora su ciudad, París, cuyas calles y movidas le inspiran como una amante arrebatadora. El mítico Moulin Rouge, donde celebró algunos de sus desfiles, sigue presente hasta hoy entre sus modelos de costura. ¿Qué mujer no se divierte levantándose las faldas al bailar con toda la picaresca que Toulouse-Lautrec supo inmortalizar en sus pinturas? Sin olvidar que Gaultier, que reverencia abiertamente la fi gura y la obra del igualmente parisiense Yves Saint Laurent, es, como modisto, una prolongación natural del maestro, alguien que busca la belleza rompiendo fronteras entre las clases sociales, las razas y los prejuicios, y la encuentra. La simpatía y la empatía habitan en todos sus guiños.

Etiquetas: gaultier, madonna

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