Nos colamos en la casa de Viktor&Rolf

Sus diseños, en vivo, constituyen verdaderas instalaciones de arte.Mucho más que moda. Visitamos en su taller de Amsterdam al dúo que ha revolucionado la moda.

María Elvira. MADRID, 23 de julio de 2007

 

Nos colamos en la casa de Viktor&Rolf"Dos chicos con gafas de pasta que visten igual ". Confirmado. Es la descripción que logra que la gente ubique al dúo de diseñadores holandeses. "Ah, sí, los gemelos". Pues no, ni lo son ni lo parecen. El juego de la simbiosis física (idéntico vestuario, gafas negras, movimientos con cierto compás) les vale para transmitir que son una única idea creativa, pero, de cerca, sus rostros cuentan cosas diferentes.

Antes de ir a su casa-taller de Ámsterdam a entrevistarles escuché entre compañeros del sector comentarios para todos los gustos: que si son simpatiquísimos, que si son unos bordes que dejan temblando al más "pintao"... Preferí prepararme para dos figuras impertérritas, pero varias frases rompehielos y la simpatía de la relaciones públicas sirvieron para crear un ambiente, si no cálido, al menos distendido.

Atravesando varios canales, damos con Hobbemastraat, la calle donde se encuentra el taller. Me han contado que la fachada, al igual que sus diseños, está rubricada por la firma Víktor & Rolf, un lacre negro grabado con sus iniciales que esta vez se torna dorado. No cualquier dorado: ante los ojos, un oro cegador que no deja lugar a dudas. Enfrente -a sólo una carretera, y más bien estrecha, de separación-, el portalón enrejado del Rijksmuseum con gente a la espera. Casi con seguridad serán los mismos que minutos antes han estado haciéndose fotos en la puerta, con el lacre de fondo. Y es que, como comenta Víktor riéndose en un momento de la entrevista, su casa se ha convertido en parada obligada de los tours de japoneses (¡pillada! ...no he podido resistirme a la fotito de marras...). Con el dedo machacando el timbre, unos miniladridos azuzan detrás, a unos metros. Son Víktor y Rolf con sus miniperritas (que no se soportan, según dicen) cumpliendo con el ritual diario del paseo. Para cuando ellos llegan nosotras ya hemos entrado.

Lo primero que llama la atención es la sobriedad a través de detalles clásicos. Cuando una espera un alarde de diseño tras la estela de su tienda en Milán, merecedora de varios premios (está proyectada al revés, con el suelo en el techo y a la inversa), se ve sorprendida por unas paredes de gotelé blanco salpicado por fotos contadas (las más curiosas, aquellas en las que aparecen los dos cuando aún no habían alcanzado la comunión física: cada cual con su peinado, su ropa ¡y sin gafas!), un escudo de armas y un vestidor revestido de madera propio de un club londinense "sólo para gentleman". La sala de visitas sí propina golpes estéticos. Dos en tono kitch: unas sillas imposibles y un árbol sin fruto ni flores que trae apostado un pájaro de mentira. Entran y se sientan. Nos dan la mano. Cuesta romper el silencio. Meditan mucho las respuestas. Reaccionan a alguna pregunta ("¡qué clase de mad question es esa!") y cotillean sobre su última visita a España: cenaron al lado de la infanta Elena, les impresionó la serie negra de Goya en El Prado, grabaron el spot para H&M en Barcelona, ciudad que les encanta...

Al final de la entrevista, saco mis gafas de sol made in V&R, con la montura al revés. ¿Por qué ese afán por dar la vuelta a las cosas? "Es sólo una idea más. Una forma de decir que en el mundo de Víktor & Rolf todo es posible". Veremos con qué loca apuesta nos sorprenden este otoño. También andan rumiando un nuevo hermanito para "Flowerbomb", el perfume femenino que lanzaron en 2005 de la mano de L'Oréal.

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