Pierre Hardy en cinco fechas

Descubre los orígenes y el recorrido de uno de los zapateros más talentosos, a pesar de su talento discreto y 'anti-star', cuyas señas de identidad son el grafismo y el uso de color.

Pierre Hardy

Pierre Hardy lleva 15 años escribiendo su propia historia, sin quedarse al margen de las tendencias de las grandes firmas, ni a la sombra de los gigantes del lujo.
Sin bailar el agua a nadie, ha logrado una relación entre iguales gracias a ese je ne sais quoi, impactante y personal que, con gran talento, sabe aportar a todas sus creaciones. En su caso, la originalidad, el chic y la clase siempre tienen la última palabra. Y afirma: “Mi trabajo no consiste en que los zapatos sienten bien o sean cómodos”. A él lo que le interesa realmente es la postura, el modo de andar, la silueta y el impacto visual que producen sus zapatos. “Evidentemente, cada una de mis creaciones se basa en una tecnología contrastada. Pero, al igual que ocurre con la danza, donde la gente no entiende que los ensayos duren meses y meses, la moda ha de ser capaz de hacer olvidar la técnica, el peso y la complejidad de las cosas para convertirse en magia, en seducción…”.
A Hardy le gusta jugar con el elemento sorpresa. Sus colecciones son arriesgadas y se atreven con ideas nuevas cada temporada, pero siempre mantienen un registro refinado basado en líneas estructuradas que son una prueba de su inventiva y constancia. Pierre Hardy ha logrado imprimir un estilo único que va más allá del estricto registro del calzado. Su universo creativo lo completan bolsos, objetos de marroquinería y joyas, que aportan cohesión a toda su obra.

Años 70. A golpe de lápiz
En sus primeros años, a Pierre Hardy ni se le pasa por la cabeza ser diseñador de zapatos. Tampoco trabajar en el mundo de la moda. En sus orígenes, a este parisino solo le interesa la danza, y de sus años de práctica conserva aún una gran disciplina vital. Luego se convirtió en un apasionado del diseño y se licenció en Artes Decorativas. Empezó dando clases de Escenografía y después de Artes Aplicadas, antes de adentrarse en el mundo de la creación. “Nunca creí que mis bocetos pudieran convertirse en objetos”.

Años 80. Varias cuerdas para un mismo arco
Hasta 2012 siguió ejerciendo la docencia y por sus clases han pasado diseñadores del renombre de Bouchra Jarrar, Guillaume Henry, Alexandre Mattiussi o Christine Phung, pero ya a principios de los 80 empezó a hacer bocetos de zapatos. En 1988, se convierte en estilista freelance para calzado de la casa Dior, que en ese momento acababa de contratar al italiano Gianfranco Ferré. En esa misma época, también ejerce de ilustrador para Vogue Homme International y para la edición italiana de Vanity Fair, e incluso encuentra tiempo para involucrarse en la organización del Festival Internacional de Moda y Fotografía de Hyères (Francia), que buscaba promocionar nuevos talentos.

Pierre Hardy

Años 90. Llamada de la artesanía
Pierre Hardy, de quien ya se hablaba mucho en la profesión a pesar de no tener marca propia, recibe la llamada de Hermès. Al principio, el proyecto de colaboración se centra únicamente en los zapatos femeninos, pero pronto incluyen los masculinos, y ya en 2001, le ofrecen colaborar con la sección de joyería de la casa. Para él, representa un desafío inédito, apasionante. “A diferencia de aquellos zapatos que uno usa, se trataba de crear objetos para siempre, imperecederos, y de insuflar modernidad partiendo de un vocabulario clásico y de códigos muy definidos”, comenta el diseñador. Actualmente, sigue diseñando el calzado, las joyas e incluso algunos frascos de perfume para la centenaria casa.

1999. Crear su propia marca
“Es una trampa en la que solemos caer los diseñadores. Cuanto más dibujas, más ideas tienes. Algunas son muy personales y no tienen cabida en ninguna de las carpetas de las casas con las que colaboras. A partir de ahí, creas otra específica y las vas acumulando en esa, hasta que un buen día te entran ganas de llevarlas a cabo”. Sus primeras colecciones personales resultan muy intensas, casi radicales, compuestas de pocas formas y con dos o tres alturas de tacón. Sin duda, esconden un grafismo, una apariencia y un impulso propios. El empeine afecta a la forma de andar, a la silueta. Lógicamente, nadie se calza unos zapatos semejantes por casualidad. Tras unos años de recorrido, en 2003, inauguró su primera tienda en Palais Royal.

Hoy. Un mundo de acesorios
Los hombres tienen que esperar tres años más que las mujeres para disfrutar del talento del zapatero Pierre Hardy. Sus modelos masculinos son de inspiración clásica, pero sobre todo realiza colecciones de deportivas en todos los colores que vuelven a poner de moda las sneakers de caña alta. En 2006, lanza sus primeros modelos de bolsos y de pequeños objetos de marroquinería. A menudo, realza sus bordes con ribetes de colores en contraste. Los motivos de cubos se repiten hasta convertirse en su seña de identidad. La casa crece poco a poco; abre una segunda tienda al otro lado del Sena y, más tarde, otra en Nueva York. Sin olvidarnos de que –de 2001 a 2012– este zapatero, que por descontado no puso todos los huevos en la misma cesta, también colaboró con Nicolas Ghesquière, gran amigo suyo, realizando el calzado de la marca Balenciaga.

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