Storyfashion con zapatos de tacón

Cuando era niña, jugaba entre patrones a disfrazarse con los vestidos de noche que su madre cosía. Por aquel tiempo, Ana Locking no usaba zapatos de tacón.

ana locking

Cuando era niña, jugaba entre patrones a disfrazarse con los vestidos de noche que su madre cosía. Por aquel tiempo, Ana Locking no usaba zapatos de tacón. Todavía era demasiado pequeña para engancharse a la que después sería su mayor adicción. Nada sabía entonces de la vorágine a la que se tendría que enfrentar cuando, ya desde lo alto de sus plataformas, se metiera de lleno en el mundo de la moda: primero, con una línea de accesorios; luego, creando su propia firma de ropa. Sin embargo, en la facultad de Bellas Artes donde estudió, no le enseñaron a desarrollar una colección; tampoco a montar la coreografía de un desfile, y mucho menos marketing y comunicación. Fue “dando palos de ciego” como aprendió. Pero lo que Ana Locking tuvo que asimilar con el método de ensayo-error, ahora los diseñadores recién graduados tienen la oportunidad de hacerlo preparándose a su lado, en el Training Professional organizado por el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM).

ESTRÉS SOBRE LA PASARELA

“Hoy en día, las escuelas de diseño que hay en España no preparan al diseñador para lanzarse al mercado y, en cuanto sale, es como un pequeño corderito que no sabe muy bien dónde le van a degollar”, constata Ana Locking. Para que se vayan acostumbrando a lo que en su vida profesional se van a encontrar… “Les metemos muchísima prisa con todo: tienen que hacer una colección de 30 looks, de los cuales tienen que materializar cinco, además de las colecciones satélite de accesorios, calzado, marroquinería, sastrería de caballero…” El objetivo: someter a los alumnos a un estrés absoluto para que acaben tan agotados como ella al final de una colección. “Termino totalmente vacía y exhausta. Siempre me digo que no voy a dar más de sí… que no voy a ser capaz de continuar.” No obstante, incluso en estos días, la artista acaba encontrando una caudalosa fuente de inspiración. Fue el caso de su segunda colección: “Se llamaba Arco de histeria (primavera-verano 2009) por esa necesidad que tiene el creador de generar un éxito tras otro y que cada temporada sea mejor que la anterior.” Una presión que sintió sobre sus espaldas después de ganar el premio al mejor desfile con su debut, hace cuatro años, en la Madrid Fashion Week.

DESFILE DE CUENTOS

“Soy muy autobiográfica y me gusta mucho contar historias con mi ropa.” Y en tiempos de desahucios y desempleo, no podía faltar un cuento para que, al menos sobre la pasarela, sus chaquetas geométricas y sus tacones de vértigo nos hagan olvidar las primas de riesgo. El cuento se llamó Antídoto (primavera-verano 2010), y Ana Locking lo diseñó harta de oír hablar de la crisis en la prensa, en la radio y en la televisión. “Esa colección era una píldora contra aquel momento de abatimiento general –recuerda la trovadora de la moda –. Quien tiene dolor de cabeza, se toma una pastilla y se le pasa, y con la ropa ocurre igual. El día que más deprimido estás, es el día que más te tienes que arreglar, porque cuando te pones unos zapatos de tacón y te sientes por encima del bien y del mal.” Pero detrás de este ensueño que pasea sobre el cuerpo de oníricas modelos hay un hormiguero repleto de insectos. Bichos horrendos como los que viven debajo del jardín de “Terciopelo azul”, el film de David Lynch en que Ana Locking se inspiró para crear los estampados Liberty. “La colección Under Beauty (primavera-verano 2012) surgió en mi cabeza cuando echaron a John Galliano de Christian Dior, y habla de toda la parte sucia y oscura del mundo de la moda.”

EL LADO OSCURO

Under Beauty habla de florecillas donde se esconden escarabajos y mosquitos, y de collares de espinas retorcidas, como el que ella misma combina con una blusa, unos jeans y – ¡cómo no! –un tacón de plataforma gris. “En un desfile el estilismo y el maquillaje son más exagerados y hacen que la ropa parezca menos llevable; pero si luego la mezclas con tus vaqueros, con tu falda y con tu abrigo, mis diseños se pueden llevar a diario.” Con todo, más del 80% de la producción de Ana Locking sale fuera del país. “El placer más grande para un diseñador es ver su ropa en la calle, pero en España no hay dinero y no vendo casi nada.” Así que serán las avenidas de los Emiratos Árabes, de China y de los Estados Unidos las que retornen a los felices veinte el invierno que viene, a través de los bombines, las pajaritas y los mocasines de Time Capsule (otoño-invierno 2012-2013). “Lo que falta en España es cultura de moda –denuncia la artista –. Yo no me puedo ir a fabricar a India o a China, con lo cual tengo que ganar muy poco dinero para que mi producto sea competitivo.” Así, no puede invertir en publicidad y no cabe la posibilidad de que, ojeando una revista de moda, nos topemos con un esmoquin de Ana Locking y sintamos la imperiosa necesidad de ponérnoslo para mirarnos en el espejo. “Los creadores no tenemos facilidades para generar nuestra propia industria –critica la Ana Locking empresaria que no tiene tiempo para diseñar full time por culpa de las finanzas –. No hablo de que el Estado nos dé dinero para vivir de subvenciones. Sino de que el Estado ayude a la industria y, a cambio, exija la colaboración con diseñadores para que en el futuro no seamos un país de fusiladores, sino de creadores.”

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