Una realidad brillante: la historia de Swarovski

Los cristales de Swarovski son duros como el hielo pero deslumbran como el fuego. Esta es su historia.

Miranda Kerr

Bordados en el vestido de una superestrella que avanza sobre la alfombra roja o pendientes de ese collar especial que te regaló tu marido al nacer vuestro primer hijo, los cristales de Swarovski brillan igual debajo de los focos y entre flashes que en la intimidad. Son a la vez explosivos y serenos. La historia de su creación, desarrollo y triunfo (Swarovski es una empresa que solo en 2012 obtuvo una facturación global de 2.400 millones de euros y emplea a 25.000 personas) es fascinante.

CINCO FECHAS CLAVE

Contrariamente a lo que pasa con muchas otras firmas punteras de moda, Swarovski sigue estando liderada por la misma familia desde su fundación (la actual dirección forma parte de la quinta generación). En 1895, Daniel Swarovski inauguró la empresa dos años después de haber inventado una máquina para tallar y pulir piedras de cristal cuyo facetado y resistencia no tenían (ni tienen) rival. Un mundo nuevo de posibilidades se abrió para los amantes de la belleza. Chanel, Schiaparelli o Dior descubrieron pronto las ventajas de estas pequeñas esculturas de luz y las utilizaron, a partir de 1920, en muchas de sus creaciones.

La mismísima María Callas lució en 1956 una gargantilla y una tiara de Swarovski en su famosa Tosca del Metropolitan de Nueva York, consiguiendo un éxito universal. Ya en 1999 abren su primera boutique propia (hoy son más de 2.350 repartidas por todo el planeta) gracias, posiblemente, a la suerte que les trajo la creación del multifacetado anillo Nirvana, una pieza que se ha convertido en un clásico indiscutible. El pasado ilumina el presente de Swarovski y le impulsa hacia un futuro en el que parece necesario seducir a jóvenes exigentes y nuevos mercados, de ahí la elección de Miranda Kerr como su embajadora.                             

Etiquetas: joyas

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