Visto en Marie Claire México: Sylvia Toledano, según Jessica Moreno Robles

Famosa por sus accesorios statement bañados en destellos, favoritos de celebs como Jennifer Lopez, Rihanna, Natalia Vodianova, Isabeli Fontana y Chiara Ferragni. La diseñadora y artista nos abrió las puertas de su atelier en París.

Sylvia Toledano

“Escoge un oficio que ames y no tendrás que volver a trabajar un día en tu vida”, es la frase de Confucio que engloba la filosofía y ethos de Sylvia Toledano: parisina de nacimiento y de sangre marroquí, pero ciudadana del mundo. Una viajera incansable que pasó su infancia recorriendo destinos africanos como Mauritania y Gabón, absorbiendo el espíritu étnico y las técnicas milenarias de los lugareños; un alma desbordante de creatividad que se formó en la esfera del arte, nutriéndose del surrealismo de Dalí, la minuciosidad de Vermeer y la ironía de Robert Indiana; una ferviente discípula de la moda, cuya cultura sobre el tema deslumbra hasta al historiador más eminente; pero, sobre todo, una mujer rebelde, intrépida y visionaria que ha tomado su destino entre manos para realizarse tanto profesional como personalmente. Su universo es la suma de cada experiencia vivida, rincón explorado y obra devorada; un collage de colores y formas en el que cualquiera puede encontrar una pequeña parte de sí, garantizando su triunfo y consagración en el vertiginoso círculo de tendencias. Gracias a un cálido rendez-vous en su taller de la ‘Ciudad Luz’, pudimos conocerla a fondo y comprobar que, para Sylvia Toledano, nada es imposible si existe amor de por medio.

MC: Platícanos acerca de tus primeros acercamientos con la moda. ¿Cómo comenzaste a gravitar hacia ella?

ST: Es un poco extraño, porque estudié leyes, pero una constante en mi vida siempre fue la pintura. Mis padres no concebían que quisiera estudiar arte y me pidieron, antes que nada, conseguir un título “serio” que me respaldara. Una vez terminada mi formación académica, realicé un curso de moda en Cours Berçot y más tarde entré a trabajar a la casa de subastas Drouot, que fue donde reafirmé mi verdadera pasión; sin embargo, transcurrieron diez años hasta que me armé de valor para lanzar mi colección debut de accesorios.

MC: ¿En qué momento tomaste esa decisión tan importante?

ST: Durante mi tiempo en Drouot empecé a notar que a las personas les parecía muy original mi forma de vestir. Además, hacía cuadros y durante un cocktail me propusieron subastarlos en Ginebra. Seguí enfocando mi creatividad hacia las artes plásticas, pero eso cambió cuando conocí a mi esposo, que trabajaba en el negocio de la electrónica y pasaba mucho tiempo en Hong Kong. Un día viajé con él y la vibra de ese lugar meinspiró a crear una línea de minaudières cristalizados artesanalmente. Ahí conseguíla mano de obra para confeccionar cadapieza y más tarde las llevé a París, donderesultaron ser un éxito absoluto.

MC: ¿Desde el principio fueron ornamentadas con Swarovski? ¿Tuviste que obtener alguna certificación para arrancar el proyecto?

ST: Sí, porque cuando adquieres la bolsita de cristales debes enviarlos a revisión para dar fe de la autenticidad de cada uno. Entonces te los regresan junto con una plaquita de plástico que puedes colocar en el exhibidor para garantizar que tu producto cuenta con puros elementos Swarovski.

MC: Además de los diseños únicos, ¿hay algún sello que diferencie a tus minaudières del resto?

ST: En el interior llevan una pluma cristalizada del mismo color. Es un pequeño detalle que mis clientas adoran.

MC: ¿Por qué decidiste especializarte en este complemento en particular?

ST: Soy gran fanática de las minaudières y para mí era muy importante crear una con el tamaño y la forma perfectos. Trabajé mucho en el desarrollo de la estructura, que siempre es la misma, pero las posibilidades en cuanto al diseño son infinitas. Es por eso que también apuesto por las colaboraciones con regularidad, para mantener mi marca fresca y revivirla una y otra vez con nuevas ideas.

MC: Hablemos sobre el proceso de confección. ¿Están hechas a mano?

ST: Sí, yo dibujo el patrón, más tarde lo graban en el metal y los cristales son incrustados uno por uno en Hong Kong. En ocasiones cuentan con más de 35,000 piedras, así que es mucho trabajo. Algunas partes, como la cadena y el broche, son hechas en Francia.

MC: ¿Qué tan difícil resultó posicionar tu producto en una industria sumamente competitiva y volátil?

ST: Cuando saqué a la venta mi colección de minaudières en 2008 no era algo muy común en París, estaban más de moda en Estados Unidos y por lo mismo causaron revuelo. Antes no se veían y ahora están en todos lados; pero la gente identifica las mías como las que marcaron el retorno de esta tendencia en Francia.

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