Yves Saint-Laurent: entrevistamos a su biógrafa

Ha servido a las mujeres con auténtica pasión. Su biógrafa, Laurence Benaïm, nos abre el corazón del maestro que abandona su oficio. La directora de Marie Claire, Joana Bonet, realizó esta entrevista justo cuando YSL se retiraba del mundo de la moda.

Joana Bonet

La directora de Marie Claire, Joana Bonet, realizó esta entrevista justo cuando YSL se retiraba del mundo de la moda.

Yves Saint-Laurent: entrevistamos a su biógrafa Cuando leí por primera vez un artículo de Laurence Benaïm en «Le Monde» pensé que el periodismo de moda podía ser algo más que poesía costurera. Con una independencia admirable y una prosa capaz de hacerte viajar en el tiempo y nombrar la belleza, lograba implicarte, a veces entusiasmarte, como para el aficionado una buena crónica de un partido de fútbol. Tuve la suerte de ser testigo de su laborioso estudio sobre la vida y obra de Yves Saint Laurent, de sus innumerables entrevistas con el creador, su entorno y su familia, de los silencios difíciles y de las anécdotas novelescas. Autora de «Yves Saint Laurent» (Grasset), la única biografía consentida por la única leyenda viva de la moda (es un error que ningún editor español se haya interesado por ella), además de varios libros sobre la moda y una reciente biografía de Marie-Laure de Noailles, Laurence sigue siendo «el Rolls Royce del periodismo de moda», como dijo un colega.

¿Por qué se ha ido Saint Laurent?, ésta era la pregunta que nos reunió hace unos días, a finales de enero, en París. «Iremos al desfile en metro», me dijo, aterrorizada, ante la perspectiva de no llegar al Centre Pompidou, donde cuatro horas más tarde tendría lugar el último desfile-retrospectiva del modisto. Su asiento era el AA1; esto es, un lugar privilegiado, tan sólo reservado a quienes Yves manda prímulas rosas en primavera.

Marie Claire ¿Cómo empezaste a interesarte por Saint Laurent?
L.B. En febrero de 1986 fui por primera vez a un desfile suyo y recibí como un golpe. Me acuerdo, todo el mundo decía: «Sí, bueno, Saint Laurent... está acabado». Para mí sus colores fueron un impacto. Recuerdo un vestido, una especie de flor al revés, con verdes más profundos que todos los verdes, los rojos eran más ardientes, más violentos, y pensé que eran los colores de un loco. Escribí un artículo, entonces empezaba a firmar en «Le Monde», y él me mandó una nota y las primera flores.

Yves Saint-Laurent: entrevistamos a su biógrafaMC Es curioso, porque al mismo tiempo estabas muy interesada por los diseñadores japoneses y las vanguardias del momento, ¿no es así?
L.B. Sí, es verdad que estaba descubriendo algo mientras tenía otros centros de interés. Aunque si empiezas por Saint Laurent, te das cuenta de que puedes interesarte por otra gente que tenga alguna clase de grandeza. Yo voy a todos los desfiles y no me interesa cazar la novedad. Seguir a Saint Laurent es como haber ido a una escuela, y es muy difícil soportar la mediocridad y lo trivial.

MC ¿Saint Laurent es como una adicción?
L.B. Sí, pero cuando estás con él la relación es muy sencilla, es como un niño, puedes intercambiar muy fácilmente opiniones con él, tiene una delicadeza de sentimientos, un pudor... y, en el fondo, estoy casi más intimidada por la obra que por el hombre, porque sigo muy impresionada por lo que ha hecho.

MC No pasea aires de leyenda viva...
L.B. No, no. Existen dos lados de Yves Saint Laurent. El hombre que cuando tenía trece años decía: «Quiero tener mi nombre escrito con fuego en los Campos Elíseos». Por un lado, esta voluntad de gloria, y por otro, ser un niño. Pero creo que los dos van juntos. Él no es un hombre de poder, reina con su trabajo, pero para nada con la representación de sí mismo

MC ¿Es también muy dramático?
L.B. Es un gran actor, un hombre de teatro. Ha tomado algo de todos los personajes que son sus fantasmas: es la Callas, Swann de Proust, Arnold de la «Escuela de mujeres», el profesor Unrath de «El ángel azul», Jean Marais. Él es todos sus ídolos, los más trágicos...

Yves Saint-Laurent: entrevistamos a su biógrafaMC También está el lado maldito: las drogas, la angustia... ¿Esto se refleja o es algo que esconde?
L.B. Está profundamente dentro de él mismo, pero a veces la gente depresiva es la más divertida. Y tiene una fuerza increíble para vivir con su depresión. El resultado es una especie de humor arrasador, un sentido de la caricatura, del defecto, que puede ser irrespirable porque es más y más esteta.

MC Y más exigente.
L.B. Sí, Loulou de la Falaise me dijo: «Ha vestido a las mujeres con pantalones, pero a la vez las sueña con trajes de noche, sublimes. Lo quiere todo». Está sediento de belleza, la belleza es una búsqueda del absoluto, y por eso la depresión, las drogas le han hecho conocer el Éxtasis. Pero él dice: «Salí desengañado por los falsos amigos que son los tranquilizantes». Creo que la dificultad está en vivir después de esto.

MC ¿Qué busca con esta decisión de abandonar la moda?
L.B. Quizá de esta manera le hace un poco el harakiri al oficio. Para mí, Saint Laurent es un hombre de rupturas, y la alta costura está aquí, viviendo a medias. Él enseña que la verdadera alta costura es un asunto de elección, una manera de decir no, en vez de decir sí. Elegir, en definitiva.

MC Es increíble, la moda siempre fue algo decadente. Ahora cotiza en Bolsa...
L.B. Yves Saint Laurent nunca ha cedido a las presiones, antes del asunto Tom Ford, aunque la casa ya no le pertenecía. Nunca ha ridiculizado a las mujeres, nunca se ha reído de ellas, nunca las ha rebajado por rentabilizar una imagen. Su imagen, su trabajo, sus vestidos son un todo, no hay trampa. Existe una especie de alquimia en su relación con su público. Directo. Siempre ha cargado con su oficio. Tal vez es una carga demasiado pesada...

MC ¿Es verdad que no ve los diseños de Tom Ford?
L.B. Yo creo que lo ve todo...

MC ¿Sí? ¿Lee las revistas?
L.B. Lo ve todo. Me dijo una frase curiosa: «Ahora hay que dejar la moda a los jóvenes, y no importa lo que hagan». Le pregunté: «¿Ah, sí? ¿Es que ha visto usted algo?» Me miró riéndose y dijo: «Nada que me haya deslumbrado». Dice una cosa y su contrario, y, sin embargo, es sincero.

MC Como si abandonara con el siglo XX y dijese: ya veremos qué pasa con el XXI.
L.B. Sin embargo, sigue siendo la vanguardia. Lo siento, pero si vemos las colecciones del verano 2002, son sólo bordados, sólo «vintage». Y yo creo que Saint Laurent es más moderno que el «vintage». Es moderno en el sentido de que siempre está ligado al cuerpo, al movimiento, y eso es muy importante. Es como en los cuadernos de Leonardo da Vinci, donde anota los gestos de la espalda, del cuello. El cuerpo Saint Laurent es muy moderno. Ha aportado la elegancia de la «garçonne» y la energía de los años sesenta. Es el único que ha sabido asociar  la modernidad a un pasado. Ha sabido vestir su época, pero también ha sabido recrear los últimos sueños de esta época.

MC ¿Te resultó duro hacer su biografía?
L.B. Sí, fue duro, y también apasionante. Hasta entonces nadie se había puesto a buscar y revolver recuerdos.

MC ¿Ya ha salido la nueva edición?
L.B. No, saldrá en mayo. Será una edición revisada y ampliada de 1993 a hoy, y cuanto más me acerco al personaje, más misterioso es.

MC Te ha vuelto a dar libertad porque no es una biografía oficial.
L.B. No, no es la biografía oficial. Yo jamás quise hacer la biografía de una marca o de una institución. Yo quería mostrar que Saint Laurent es una cultura de extremos, violento y apasionado; buscar su verdad. Es el hombre quien me conmueve, este francés nacido en Argelia, el niño de Orán... Mediterráneo, de la tierra, nunca escondió sus orígenes porque, aunque se diga que es el modisto de Francia, no es alguien institucional. Él elige parar, y el suyo es un acto de emancipación de sí mismo, y creo que tiene otras formas de expresarse, como la escritura, le encanta escribir. Quizá la expresión de la moda ya no está hoy en la moda, el mundo de la moda es muy..., es como un pequeño club donde se vampirizan los unos a los otros.

MC Dime qué piensas de Tom Ford.
L.B. ¿Es off the record?

MC No, me gustaría publicarlo.
L.B. Pues mira, debo decir que Tom Ford es alguien que me ha sorprendido bastante, que empezó haciendo publicidad para McDonald y que ha llegado a ser... Tom Ford. Estoy siempre asombrada por América, donde un actor puede llegar a ser presidente de la nación. Tiene este lado «todo es posible». Aquí, en Europa, todo resulta más complicado, hay etapas. Bueno, a Tom Ford le conozco bastante poco, sólo coincidimos una vez y me recordó un cirujano, un cirujano plástico. Y para mí es un poco eso, el cirujano plástico de la moda, obsesionado por la limpieza. Tiene en las manos algo que se llama poder y la clave es que siga siendo él mismo, frente a las tentaciones del poder, y creo que eso es lo más difícil para un modisto como él. Yo nunca he estado en una postura de rechazo, pero tampoco en una postura de adulación, y siempre he pensado que su trabajo era interesante y que es muy difícil gestionar todo eso. Porque si las cosas van mal, dirán: es culpa de Tom Ford, y las cosas son más complicadas que eso.

MC Ford ahora tiene mucha responsabilidad.
L.B. Sí, mucha presión. Y creo que no se va a quedar en la moda siempre, pienso que le interesa la política... o el cine.

MC «Mejor pararse así, porque ahora todo el mundo está atento», decía una amiga de Yves.
L.B. Sí, él no esta vencido, ni por la enfermedad ni por la muerte; sin embargo, creo que se regala algo increíble: asiste, estando vivo, al espectáculo de su funeral. Pero no es su funeral, es el funeral de su oficio.



1: LA CHAQUETA MASCULINA (1967). La presentó con chaleco. Es el uniforme de trabajo de la mujer moderna.

2: EL FOLKLORE. En 1967 Saint Laurent introdujo el folklore en la alta costura. España fue uno de sus temas.

3: TRAJE PANTALÓN. Lanzado en 1971. Inspirado en el riguroso traje de los hombres, fuerte pero femenino.

4: LOS LAZOS. Tras Balenciaga, es el único que se atreve y los sofistica. Siempre, como una obra de arte.

5: EL ESMOQUIN (1966). Su primera versión, en su último desfile retrospectivo de enero 2002. La noche se hizo suya.



El mito claudica

Por Silvia Alexandrowitch

El gremio, globalizado, se dedica a las guerras bursátiles. Ante este panorama, Yves Saint Laurent se va. Se va reivindicando que «aunque la alta costura es un oficio y no un arte, necesita de un artista para existir». No es soberbia, es verdad. Él ha preferido abandonar su oficio antes que quedar como un mero símbolo ante la vampirización de su obra y su persona por parte de los «holdings» financieros que batallan entre sí, no por creadores de talento, sino por sus logotipos. Pero nadie le va a quitar la propiedad de «su» revolución. Dijo: «He querido dar a las mujeres este vestuario clásico, que las proteja del ridículo y les dé libertad para ser ellas mismas, como nos pasa a los hombres». Y lo ha hecho.




Continúa leyendo...

COMENTARIOS