Moda -- Diseñadores

El diseñador Roberto Torretta firma una de sus mejores colecciones

¿Antes no disfrutabas tanto durante los desfiles?
Es que soy más viejo (se ríe) y me emociono más, muchísimo más. Antes era más visceral, ahora veo las cosas bonitas, la belleza, he aprendido a mirar de otra manera, veo lo bueno porque estoy más sereno. Antes buscaba los defectos, estaba en tensión, ahora veo las virtudes. Si se torcía un tacón me quedaba atrapado en eso y me perdía todo lo demás. He aprendido a disfrutar en los desfiles.  

Quizá lo que pasa es que la crisis nos ha obligado a todos a replantearnos las cosas, incluso a nuestro pesar
La crisis ha servido para crecer. Nos hemos profesionalizado muchísimo, nos ha hecho despertar de un cierto estado de letargo y aburrimiento. Aquí había para todos y cuando se ha parado esta maquinaria nos hemos dado cuenta de que había que vender un producto bueno a mejor precio, compitiendo con los mejores del mundo, en diseño, calidad... Ha sido durísimo. Recuerdo como una pesadilla el tener que reestructurar la empresa, con lo que eso conlleva a nivel humano. He estado muchas noches en vela, sin poder dormir. Y luego están los problemas empresariales: tiendas que desaparecen, clientes que no pagan porque no pueden, proveedores que fallan...  no ha sido fácil de ningún modo, pero lo fundamental, en estas situaciones, es mantener la calma.

Intuyo que también ha habido muchos cambios personales.
Quiero ser lo más respetuoso posible en el trato con los demás y con sus ideas. Me gusta cada vez más escuchar las historias del otro, de quien tengo enfrente. He sido un jefe muy sensible, muy preocupado por la gente que me rodeaba, pero también he sido temperamental, estoy trabajando en corregir ese aspecto de mi persona. Espero que no suene pretencioso, porque no es mi intención, pero intento ser una buena persona, un buen tipo.  

 

Con tu mujer, Carmen Echevarría, formáis una pareja infalible, un equipo
Todos giramos alrededor de Carmen, es el alma no solo de nuestra empresa, sino de la familia. Es la mejor comercial que he conocido jamás. Es inspiradora. Ya sabes que en los 80 abrió Berlín, la tienda de la calle Almirante en Madrid, que todavía sigue en la brecha. Lo hemos pasado muy pero que muy bien juntos. Los inicios fueron maravillosos, divertidos y estimulantes. De casualidad nos encontramos sumergidos en la Movida, no había plan de negocio, todo era espontáneo. Cuando eres joven no mides los riesgos, vas a tope... Los dos amamos la moda, es nuestra pasión, es nuestro mundo y pienso que, como pareja, haber tenido una afinidad tan grande nos ha beneficiado.  

 

Ahora tu hija María trabaja también con vosotros
Ha aportado una nueva visión que nos hacía mucha falta. Domina el mundo online y conoce la empresa a la perfección porque ha pasado por todos los departamentos. Ha sido una suerte que haya decidido quedarse con nosotros.

¿Cómo ha cambiado la clienta en todos estos años?
Muchísimo. Antes la oferta era poquísima y ahora es desbordante. La clienta actual es más exigente y está más informada. Antes no había tanta cultura de moda o, en cualquier caso, era diferente. La globalización nos ha igualado a todos, vayas donde vayas, París, Londres, Madrid... encuentras las mismas tiendas, las mismas cafeterías y restaurantes, las mismas exposiciones de arte y, por supuesto, las mismas modas. Y luego está el low cost, que ha venido para quedarse.

¿Qué futuro deseas?
Quiero seguir conectado, no quedarme atrás, sentirme válido, activo, seguir trabajando.