Moda -- Joyas

15 firmas de accesorios que deberías seguir ya en Instagram

Una cosa pueden los seres humanos envidiar a los accesorios: los segundos tienen clara su misión en la tierra. Están aquí para personalizar. Su objetivo es canalizar la identidad de quien los porta. En su forma y color hay una declaración de aspiraciones.

En la cima de las funciones colaterales de un accesorio se encarama la de desatascar la frustración de las aficiones enterradas. Por ejemplo, todo aquel que haya superado la adolescencia no puede jugar con dinosaurios de plástico. O sí, pero le mirarán mal, regular, raro, y a las cejas arrugadas las acompañará un link a los mejores psicoterapeutas de la ciudad. Y eso que hay gente que va al trabajo en patinete y se disuelve con discreción entre nosotros. Pero a ver dónde mete una el muñeco de plástico que no se dobla en una funda y se clava en las costillas si se guarda en el bolso. Por eso, propone APM Monaco, lo mejor es llevar el juguete de la infancia colgado de la oreja.

¿Que transportar a Rex, compañero manicorto de Buzz Lightyear y Woody, balanceándose de un lóbulo o ensartarse pulseras que parecen regalos recibidos por tu décimo cumpleaños pero nunca deberían ser prestadas a niñas de diez años es informal? Por supuesto. El truco está escondido en la combinación. Compensar es el secreto. Que lo que se come el dinosaurio lo devuelvan los zapatos.

Además de resolver las pasadas, los accesorios alivian las frustraciones presentes. ¿Cinco años revolviendo la idea de hacerte un tatuaje? Un colgante de Lo’Ne rematado en una flecha, ligerísimo y fluido, lo solventa. ¿Ganas de ir de safari, pero semejante desembolso supondría tener que renunciar la fruta y verdura de tres meses y extraer las vitaminas a través de bolsitas de ketchup? Ya se encargan las joyas de ser un túnel hacia la naturaleza, una forma de acercarse a los animales sin mirar más allá de tus falanges. O de tus orejas o de tu clavícula. El lujo lleva toda la vida convirtiendo piedras y metales en animales exóticos. Marc Alary o Celeste San Francisco los minituarizan y enroscan en dedos y lóbulos.

Otros se sirven de animales domésticos para componer sus sacos y carteras. Cult Gaia, por ejemplo, confecciona con rafia bolsos de hechuras porcinas. Las vegetarianas también tienen derecho a disfrutar del cerdo en Navidad.

No solo los animales se escapan de su escenario original. Sus casas también se mueven. Tohum dora las caracolas y las convierte en gargantillas y pulseras. El oro que las baña las libra del riesgo de hacerte parecer una surfera desfasada.

Calienta el pulgar y prepara la muñeca. En estas 15 cuentas de Instagram tienes dos horas de scrolling pendientes y un apartado de tu carta de Reyes resuelto.