Andreja Pejic: "Le dedico mi premio a la bella y vibrante comunidad trans de España"

Andreja Pejic representa otra era, el mundo hacia el que queremos ir. La modelo transexual habla con Marie Claire y protagoniza nuestra portada, la primera tras su reasignación.

Andreja Pejic

Poco antes de recoger su Prix de la Moda Marie Claire a la Mejor Modelo, Andreja Pejic (Tuzla, Bosnia-Herzegovina, 1991) cruza la sala de los cines Callao en la que se celebra el cóctel. Lleva un vestido blanco de encaje hasta los pies de Ermano Scervino que se adapta a sus proporciones imposibles. Es mucho más alta que cualquiera de los presentes. La multitud se abre a su paso y gira la mirada. Tiene un aspecto intimidante, es una criatura mítica. La misma sociedad anquilosada e imperfecta que ha tenido dificultades para encajarla en sus esquemas, se sigue moviendo de puntillas a su alrededor sin atreverse a mencionar aquello que la hace tan especial.

Soplo de aire fresco

Pero cuando Andreja sube al escenario para recoger su Prix pronuncia las siguientes palabras: "Lo que un día te excluye puede ser lo mismo que al siguiente te haga extraordinario. Quiero dedicar este premio a la bella y vibrante comunidad trans de España". Es como si una corriente de aire fresco y limpio recorriese el auditorio. Andreja Pejic es una modelo transexual, no la primera conocida pero sí quizá la más célebre por haber vivido su reasignación de sexo públicamente. No nació en un cuerpo equivocado, ni era nadie encerrado en el cuerpo de nadie. Para aclaraciones sobre terminología y destrucción de clichés, lean el reportaje Trans Celebración. Andreja, hasta el año pasado llamada Andrej, es una mujer transexual desde que vino al mundo. A principios de 2014, gracias a la ciencia médica, llevó a término su reasignación de sexo. Su cuerpo y su espíritu quedaron en perfecta sincronía.

¿Cuándo fue la primera vez que supiste que eras transexual? Con 13 años. Enseguida empecé a tomar medicamentos bloqueadores para interrumpir mi pubertad, pero no pude completar mi transición como menor de edad por las leyes vigentes. Ahora las cosas son diferentes.

¿Tuviste el apoyo de tu familia? Sí, se lo dije a mi madre a los 14 años. Éramos una familia tradicional de Europa del Este, muy unida y protectora, y ellos no sabían demasiado sobre el tema. Me aceptaron y me han acompañado en cada paso que he dado en este viaje.   

Esto casi coincidió con el inicio de tu carrera profesional. ¿Cómo y cuándo se produjo tu descubrimiento como modelo? De adolescente, me ficharon cuando trabajaba en un McDonald's. Mi madre es una mujer trabajadora y siempre nos inculcó a mi hermano y a mí la máxima de que estudiar era el único camino hacia el éxito. Ser modelo era algo que jamás se me había pasado por la cabeza. 

¿Cómo fueron los comienzos en este mundo tan nuevo para ti? Mi primer trabajo fue una portada para la revista australiana Oyster. No había cumplido los 17 años. Estaba rodeada de modelos de París porque había una foto en grupo. Había que saltar y aparentar confusión, todo era extraño e intimidante. Por aquel entonces no tenía ni idea de cómo funcionaba el mundo en el que estaba entrando, no entendía por qué cuando hacías portadas no cobrabas. No distinguía los trabajos comerciales de los creativos. Imagínate.  

La gran decisión

La modelo se encontró en medio de una corriente que se aceleraba y tuvo que aprender a marchas forzadas la profesión. En 2010, con 19 años, desfiló con ropa de hombre en la semana de la moda de París. Jean-Paul Gaultier la hizo desfilar tanto con ropa masculina como femenina y Marc Jacobs la contrató en su campaña. Rosa Clará la vistió de novia para la pasarela y apareció en las listas de los hombres más sexy del mundo. Hizo correr ríos de tinta. Sobre su aspecto, sobre su identidad, sobre su sexualidad. Paso a paso Andreja, por aquel entonces aún Andrej, se convirtió en un símbolo de nuestra era en la que todo es cada vez menos evidente. 

¿Cómo viviste aquellos primeros trabajos en los que indistintamente representabas el papel de hombre o mujer antes de la reasignación? Yo llamo mi 'periodo andrógino' a ese momento en el que me contrataban porque yo era un chico que parecía una chica, incluso aunque yo supiera desde edad muy temprana que me sentía mujer. Para mí la androginia fue una manera de expresar mi feminidad y de ganar confianza. 

Entonces, ¿se puede decir que la moda te ayudó a trabajar tu identidad? En cierto modo. Podía parecer una chica sin tener que dar demasiadas explicaciones, pero también tuve que interrumpir mi proceso de reasignación. Lo puse todo en una balanza. Pensé: "Es una oportunidad para viajar, ganar algo de dinero. ¿Por qué no intentarlo?". Y me decidí a seguir adelante. 

¿Qué personas fueron importantes en tus primeros pasos? ¿Quiénes fueron tus referentes? Jean-Paul Gaultier fue y sigue siendo un mentor para mí. Tenemos muy buena relación. También Juergen Teller y una de las primeras personas transexuales que conocí fue la maquilladora Nikki Hayden.

¿La experiencia fue como esperabas?  En absoluto, no esperaba toda esa atención de los medios, pensaba que iba a estar en esto un par de años, ahorrar algo de dinero, volver a casa y completar el proceso. Fue algo alucinante, de repente estaba desfilando vestida de alta costura para Jean Paul Gaultier. Pero al final del día, sabía que tenía que completar aquello que había empezado. 

¿Has vivido momentos duros durante tus años de carrera? Claro. Es duro. La mayoría de la gente piensa que estás genéticamente bendecida, eres afortunada y no deberías tener ninguna inseguridad. Pero es todo lo contrario, en tu propio contexto te están diciendo: "Eres demasiado blanca, demasiado alta, tus ojos están demasiado separados", esa clase de cosas forman parte del trabajo. Ha habido momentos en los que me he mirado al espejo y he encontrado un millón de cosas que cambiaría de mi aspecto. Todo esto, en una edad extremadamente vulnerable.

Romper 
el tabú

Andreja es de origen serbocroata, nació en Bosnia-Herzegovina, pero se crió en Melbourne, Australia, adonde su familia emigró cuando estalló la guerra de Bosnia. Ella era solo una niña, pero quizá esos antecedentes difíciles ayuden a explicar la prematura madurez de la modelo. Andreja no parece una chica de 24 años. No tiene ni un pelo de diva. Llega al shooting la mañana siguiente a la entrega de premios fresca y puntual. Se sirve un té y desayuna, no picotea unos trozos de kiwi, desayuna. Se interesa por todos los presentes y comenta lo mucho que le gusta Madrid. En su discurso no hay un solo lugar común, todo lo que dice, cuenta. Es comprometida, se define como una persona política, lee The Economist para estar informada y a Flaubert, Tolstói o Dickens por placer. Pero sobre todo tiene esa capacidad para la autocomedia que solo da la madurez y un amor propio saludable. "Cuando me han hecho preguntas demasiado invasivas he respondido con un chiste. En más de una entrevista en el pasado he dicho que completaría mi reasignación cuando tuviera un contrato con Victoria's Secret. Cuando te ríes de algo rompes el tabú. Yo me río mucho".

Parte de tu éxito como modelo consistía en tu aspecto andrógino. ¿Supuso un conflicto completar el proceso? No tenía ningún problema en frenar mi carrera para completar esto, pero yo ya estaba en el candelero, ya era alguien público. No había vuelta atrás, no había forma de volver a casa y hacer esto en privado y luego ir a la universidad. Entonces pensé: "Quiero que la gente conozca toda la historia, ahora solo conocen la mitad. Puedo ayudar a muchos chicos y chicas iguales que yo viviendo esto abiertamente".

¿Te planteaste otras opciones? Hay muchas maneras de afrontar esto. 
No digo que la mía sea la correcta. Mucha gente se muda a un lugar donde nadie sepa nada y comienza una nueva vida en la que revela su pasado solo a algunas personas escogidas. Yo tenía que aceptar que todo el mundo sabía sobre mi pasado y quien no lo sabía podía simplemente buscarlo en Google. Eso es un desafío, sobre todo para las futuras relaciones amorosas, pero también es absolutamente liberador. Cuando dices "esto no es todo lo que soy, pero es parte de lo que soy, de mi historia, de mi naturaleza", no hay quien te pare.

¿Cómo ves el tiempo que nos ha tocado vivir? Fantástico. Creo que la manera de entender la sexualidad de las nuevas generaciones está cambiando profundamente y a toda velocidad e Internet tiene mucho que ver en eso. Vivimos algo grande. Yo tengo una carrera de modelo por ejemplo, esto no hubiera sido posible en cualquier otra década.  

Dices que te consideras una persona comprometida. ¿Te gustaría convertir tu activismo en carrera en el futuro? Soy una persona muy política, mi familia tuvo que huir de la guerra de Bosnia, me preocupa lo que pasa en el mundo. Creo que es un camino que podría seguir. También me gustaría escribir, dar charlas... Hoy puedes compaginar mil actividades distintas. La gente está cansada de famosos superficiales, que tienen un buen relaciones públicas y no dicen nada controvertido. Hablo también del mundo de la moda. Creo que en los años 60 y 70 teníamos celebridades contestatarias y con personalidad. Famosos que incomodaban con sus opiniones o su manera de vivir. Tengo la sensación de que eso está volviendo y me parece una buena noticia.  

¿Y qué hay del cine? Estabas en el casting de La Sirenita, de Sofia Coppola, aunque al final la película no saliera adelante. Sí, también estuve a punto de interpretar al personaje transexual que aparece en la última temporada de la serie Penny Dreadful, pero querían a alguien más ambiguo, cuyo proceso de reasignación estuviera menos avanzado. Es un camino que me interesa. ¿Quién sabe lo que me deparará el futuro? Solo hace un año que he estrenado una nueva vida. 

Espero que la disfrutes. ¡Eso no lo dudes! 

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