Entrevistamos a Bar Rafaeli

Bar Rafaeli es mucho más que la novia modelo de Leonardo DiCaprio. Su nombre ya suena a celebrity.

Entrevistamos a Bar RafaeliBar Rafaeli es la persona más popular de Israel. Ese barómetro de la fama llamado Google no deja lugar a dudas. Tecleas su nombre ?para algunos, Rafaeli, y para otros, Refaeli; ambigüedades del hebreo? y te asaltan 921.000 entradas. Sólo la superan políticos como Simon Peres o Benjamin Netanyahu, pero la mítica Golda Meir o el escritor Amos Oz apenas le hacen sombra. Por eso una no espera que sea la propia Bar quien abra la puerta de la habitación del hotel de Madrid donde se hospeda. Y menos mostrando una cara no demasiado glamurosa.

Sin rastro de maquillaje, con el pelo descuidadamente recogido, descalza y vestida con un vaquero y sudadera gris, se desploma en el sofá, picotea de un racimo de uvas y bosteza tímidamente. «Estoy cansada, acabo de aterrizar», dice disculpándose. Pero que nadie se confunda, Bar tiene una belleza a prueba de jet lags. ¿Sus credenciales? Ojazos azules, dulce sonrisa, 89-60-89, piel inmaculada salpicada de pecas y unos genes irreprochables. La confirmación está en su hermano pequeño, de diez años, que sentado a su lado juguetea con un ordenador. Bar le dirige unas palabras en hebreo y el niño saluda educadamente y se retira. «Ésta es una de las mejores cosas de ser modelo; cuando lo deseo, mi familia puede viajar conmigo. Si yo tuviera un trabajo convencional en Israel, probablemente visitaría Madrid una vez en la vida; sin embargo, ahora cada semana puedo estar en un lugar del mundo.» ¿Y eso no es duro? «A veces sí, echo de menos mis cosas, que las tengo repartidas por medio mundo; la naturaleza de la que disfruto en mi país, mi casa? ¡Aunque realmente no tengo casa! En teoría, mi vida se divide entre Israel y Los Ángeles, pero la verdad es que estoy siempre viajando. Pero no puedo quejarme, cuando quiero digo: «Esto no lo hago», paro y llevo una vida más o menos normal.»

Y es que desde hace unos años la vida de esta chica de 23 es de todo menos normal. Lo cierto es que no lo ha sido nunca. Porque aunque creció en un rancho propiedad de su padre, criador de caballos, con tan sólo ocho meses ya hacía anuncios para televisión. Tras años de platós y una temporada en el dique seco por culpa de la ortodoncia, llegarían la imagen de varias marcas de moda, un episodio polémico ?un matrimonio fugaz que le permitió eludir el servicio militar obligatorio israelí y continuar con su prometedora carrera como modelo?, algunos editoriales en importantes revistas internacionales y Leonardo DiCaprio. Pero ya me han avisado amablemente que «sobre Leo, mejor no preguntar», porque parece que la pareja, aficionada a rupturas y reconciliaciones, vuelve a estar en armonía. Así que Bar, fruto de sus méritos, que no son pocos, y de Cupido, es hoy una modelo- celebrity que lo mismo promociona un coche que desfila para Victoria?s Secret o es la estrella de una exclusiva fiesta en el Festival de Cannes. Ella parece saberlo, aprovecha el momento y cumple con una profesionalidad intachable.



«¿Ser una celebrity? Esto es algo en lo que te conviertes, ni lo planeas ni lo eliges? Yo sólo pretendo mantener mi imagen a un alto nivel y asociarme con marcas que me lo permitan », explica Bar. Como llevan haciendo durante años tops como Elle MacPherson, Heidi Klum o Claudia Schiffer, a las que admira. «Ellas son modelos y también madres. Han tenido varios embarazos y están estupendas. Son capaces de cuidar a sus hijos y, al mismo tiempo, mantener una larga y brillante carrera», explica. Como también hicieran ellas en su momento, Bar jugó a ser actriz participando en un par de películas, pero parece que ya ha abandonado la idea de competir con su chico. «No estoy interesada en el mundo del cine ?reconoce?. Ahora estoy concentrada en mi faceta de modelo, y cuando esto termine y vuelva a tener tiempo, me gustaría ir a la universidad y estudiar idiomas, filosofía, historia, diseño? Y dar clases de baile, ¡me encanta bailar!»

Entrevistamos a Bar Rafaeli También le gusta visitar museos ?«siempre que vengo a España intento encontrar un hueco, especialmente en Barcelona»?, hacer deporte y bañarse en la playa, pero los paparazzis se lo ponen francamente difícil. «Trato de llevar una existencia normal, pero ya no voy a los bares, tiendas o lugares donde me puedan fotografiar. Estoy todo el rato pendiente de ellos, especialmente en Israel. Si hacen su trabajo, toman sus fotos y se van, perfecto, pero cuando te invaden y se ponen literalmente en tu cara, es horroroso. Al menos deberían respetar tu espacio.»

Pero, reivindicaciones aparte, Bar ha aprendido a rentabilizar su fama cuando se trata de una buena causa. Desde organizaciones que luchan para mejorar las condiciones de la infancia hasta asociaciones pro defensa de los animales. «Ser popular no es agradable para muchas cosas, pero lo bueno es que puedes utilizar tu voz para lograr cosas importantes, así que yo trato de apoyar causas humanitarias en todo el mundo», explica. Si hacemos caso a la teoría de que hay dos clases de modelos, las que son sexies y las que no, sin duda Bar Rafaeli pertenece a la primera. A base de pronunciadas curvas, sugerente escote y golpes de melena que suelen dejar fríos a los gurús de la moda, ella gusta a las mujeres y seduce a los hombres. Por eso empieza a ser una habitual de las revistas masculinas. A sus dos apariciones en «Sports Illustrated» hay que sumar portadas en «GQ» y «Maxim» y títulos como el de mejor cuerpo de 2008 que le acaba de conceder la británica «Arena». Y Bar se siente cómoda en ese registro. «Claro que me gusta que me consideren sexy, como a todas las mujeres, ¿no? Y a mí me agrada especialmente porque no creo que yo lo sea todo el tiempo. Mírame ahora, con los vaqueros, la camiseta? Pero cuando trabajo, necesito mostrarme sensual. Son las dos caras de mi vida y convivo bien con ambas.» Unas horas después de la entrevista lo demuestra. Vestida íntegramente de negro ?pantalón pitillo de cintura alta y sencilla camisa masculina? y con una larguísima y tirante cola de caballo, Bar se planta frente a un atestado photo call, da tímidas caladas a un montecristo ?contrato obliga? y reparte miradas dulces pero de infarto. La primera pregunta, obvia. «¿Es verdad que te has reconciliado con Leonardo DiCaprio?». «Sobre eso nunca hablo», responde. Y sin perder la sonrisa. ¡Chapeau! Entrevistamos a Bar Rafaeli

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