Gracias por todo, Bimba.

Fue una de las mujeres más rebeldes y contestatarias de la moda. No se dejó dominar por los cánones estéticos e hizo visible la diversidad en la pasarela.

bimba bosé

Recuerdo la primera vez que vi a Bimba Bosé. Fue hace 11 años en la entrada de un concierto de Caetano Veloso, en el Palacio de Congresos de Madrid. Por aquel entonces yo era becaria de Rock in Río pero mi sueño era ser periodista y trabajar en moda. Algo que pude hacer gracias a la ayuda de Diego Postigo (su marido por aquel entonces) y de Bimba.

 

Aquella pequeña entrevista a la puerta del concierto me sirvió para pedirles que me ayudaran a entrar en Davidelfín, la firma de moda que más admirababa de adolescente. Yo quería trabajar en esa marca para saber de qué manera piensa un diseñador, cómo se crea una colección, de qué manera se produce y de qué forma se comunica.

Después de unos meses, y con gran ayuda de Diego, conseguí una entrevista con Raquel Sánchez (por entonces, jefa de comunicación de la marca) y tuve la suerte de que me seleccionaran. Comencé así mi periplo en el mundo de la moda de la mano de esta firma y empecé a ser consciente de cuáles son los engranajes y personajes de la industria.

La tienda- taller-oficina de Davidelfín, en 2007, estaba en la calle Jorge Juan (en pleno corazón del barrio Salamanca) y por allí pasaban habitualmente Bimba, Topacio Fresh (fue muy especial ver las pruebas de su vestido de boda), Mario Vaquerizo, Pelayo Díaz y un sinfín de amigos y modelos.

La presencia de Bimba

Ver a Bimba en el estudio (su nombre real, Eleonora Salvatore pero nadie le llamaba así) para mi siempre era un regalo porque siempre aprendía algo de ella. Como por ejemplo, cuando me dijo que ella utilizaba fragancias unisex y de hombre. O me daba las direcciones de las tiendas en las que se compraba sus complementos (recuerdo con especial cariño unos pendientes con forma de escarabajo de oro de los que me enamoré perdidamente).

Y luego estaban sus tatuajes. Me chifalaba ver esa piel tan blanca salpicada de recuerdos y momentos vitales. Como ese corazón con el que tapó unas iniciales en su pecho, esas hormigas que le copaban el brazo derecho (que se convirtieron en la envidia de los estudiantes del IED de Madrid en los primeros dosmiles) o ese corazón de Ricardo Cavolo al lado de uno de sus codos.

Si algo era Bimba era generosa, divertida y con una capacidad maravillosa para hacerte sentir alguien especial cada vez que te miraba a los ojos. Porque Bimba siempre escuchaba y miraba a los ojos. Algo, que se agradece en una industria de la moda en la que el ninguneo y el ego a veces están demasiado presentes en la personalidad de algunas personas.

Tiempo después, ya fuera de Davidelfin (al que admiro profundamente y al tengo que agradecer que me descubriera a Louise Bourgeois), de vez en cuando me encontraba con Bimba en algunos eventos; siempre se acordaba de mí y charlabamos. Algo que para mi era muy importante porque que ella me hablase me hacía sentir que no era un cero a la izquierda.

 

Su enfermedad

Cuando en 2014 anunció que padecía cáncer de mama, lo primero que pensé fue: "Esto Bimba se lo come con patatas". Estaba segura de que ella lo superaría y que volvería a verla en algún evento muy pronto. A medida que el tiempo fue pasando y ella anunció que se retiraba a vivir a Sotogrande me di cuenta de que quizá las cosas no tenían marcha atrás. Pero jamás (jamás) me pude imaginar que su final me resultara así de inesperado. 

Recibí la noticia de su fallecimiento con la llamada de alguien que me quiere mucho. Esa persona sabe que, como periodista, dar la información es lo primero pero que, además, para mí todo el 'universo Davidelfín' (es así como yo lo llamo) es realmente significativo en mi vida. 

Es tremendamente triste dejar de tener entre nosotros a una mujer inteligente, bella, sensible, optimista y luchadora. Ella ha sido un ejemplo de integridad y uno de los muchos casos de feminas peleonas que no se rinden ni se achantan ante la adversidad.

El fallecimiento de Bimba (hoy a los 41 años) me ha recordado a la desaparición el pasado año de Laura Eceiza (sociólga de moda y otra de las personas que me animó a trabajar en moda) también a causa de un maldito cáncer.

Hoy es un día triste porque hemos perdido a una gran persona. Pero hemos sido afortunados de haberla conocido y disfrutado. En mi nombre, y en el de Marie Claire, mandamos todo nuestro cariño a sus hijas (Dora y June, de 12 y 5 años) y a toda su familia. 

GRACIAS BIMBA, SIEMPRE, POR DARNOS LO MEJOR DE TI.

Continúa leyendo...

COMENTARIOS