Natalia Vodianova, la modelo diferente

Primero filántropa y madre, después maniquí. La rusa habla de su labor humanitaria, sus comienzos en el mundo de la moda y el legado que quiere dejar a sus hijos.

Natalia Vodianova en la campaña de Euphoria

Lo primero que llama la atención de Natalia Vodianova (Nizhni Nóvgorod, 1982) es su altura, casi 1,80, y su complexión frágil de preadolescente que conserva a pesar de haber sido madre de cuatro hijos: los rubísimos Lucas, Viktor, Neva y Maxim. Lo segundo es que tras media vida en el mundo de la moda, cuya lengua franca es el inglés, aún lo habla pausadamente y con mucho acento ruso, lo que intensifica su apariencia de ser etéreo, de otro mundo. Hace frecuentes pausas para dar largos tragos a un enorme vaso que debe contener un litro de café americano. Está en Cannes para presentar la renovada campaña de la fragancia de Calvin Klein Euphoria, que celebra su décimo aniversario. Natalia también protagonizó aquella campaña hace una década y desde entonces su relación con la firma ha sido casi familiar.

Antes de que ella entre en la sala, el director creativo de Calvin Klein Collection, Francisco Costa, habla de la modelo que también es su amiga. "Está mejor que hace diez años. Ha vivido, tiene una familia, ha hecho muchísimo por su comunidad y tiene esa gran historia de autosuperación". Natalia es fascinante por su aspecto, pero también por su vida que, como un cuento, refleja el paso de una infancia 
dickensiana, con pocos recursos, un padre ausente y una hermana enferma, al ensueño de las pasarelas y la creación de una organización benéfica para ayudar a los niños. Ahora su fundación, Naked Heart, es su prioridad, justo por encima de la moda y por debajo de su familia.

Firmaste tu primer contrato con Calvin Klein en 2003 y aún sigues con ellos. ¿Qué te inspira la marca profesional y personalmente?
Para mí la marca significa desenfado, atemporalidad, sensualidad. Personalmente, mucho más, años de mi vida. Les he dado y me han dado mucho. Entrar en sus oficinas es como entrar en casa.

¿En qué momentos te sientes eufórica?
Sobre todo cuando estoy en la naturaleza, me doy cuenta de su poder y su belleza y me siento pequeña. Es en la naturaleza donde encuentro esa alegría que te supera, que se intenta transmitir en la campaña y con la fragancia. También la siento en momentos más cotidianos, como haciendo lo que amo.

Natalia Vodianova

¿Te refieres a la filantropía? ¿Qué rol juega en tu vida?
Sí, es la labor esencial de mi vida. Trabajo como modelo dos meses al año, el resto de mi tiempo lo dedico a Naked Heart, ese es mi día a día. No llevo este proyecto en la distancia, trato constantemente con las personas clave. Esta es mi prioridad, además de mi familia. El resto es accesorio.

¿Te imaginabas que sería algo tan grande?
¡No somos tan grandes! Mi ambición es hacer mucho más de lo que hago. Creo que solo está resuelta la estructura, ahora quiero acabar lo que hemos empezado y eso es un trabajo de décadas. Lo que hacemos es crear infraestructuras para niños con necesidades especiales desde el diagnóstico temprano, hasta los espacios de juegos, las guarderías, el soporte legal, la concienciación de toda la sociedad... Esto es solo el principio, hay mucho que hacer, tomará tiempo.

¿Te gustaría que tus hijos continuasen tu labor?
No solo me gustaría, sino que trabajo para ello, les estoy educando para que sigan mis pasos y no veo por qué no querrían hacerlo. Ya apuntan maneras, tengo confianza en que compartirán esta misión conmigo.

Empezaste con solo 15 años, ¿alguna vez has sentido que esta profesión era demasiado dura, demasiado competitiva?
No. No llegué a donde estoy de la noche a la mañana y eso es algo de lo que estoy sumamente agradecida. Conocí a mi marido nada más empezar –habla de su ex, el aristócrata inglés Justin Portman–, me introdujo en su entorno social y aprendí quién es quién. Me quedé embarazada pronto, con 19 años, y eso ralentizó las cosas, tuve más tiempo para aprender inglés, experimentar la vida y entender cómo era la industria y cuál era mi sitio en ella. Salir de Rusia e ir a París fue un shock. Si mi carrera hubiera despegado demasiado pronto no habría sido capaz de manejarla. A los 21, me convertí en la cara de Calvin Klein, ya tenía que representar a una marca. Imagínate si eso me llega a pasar a los 18. No hubiera podido ni dar una entrevista.

¿A quién admiras dentro de tu profesión?
Christy Turlington es la única modelo a la que admiraba de más joven y ahora. Es generosa, discreta, hace trabajo filantrópico. Es más bella por dentro que por fuera. Me gustan las mujeres como Arianna Huffington, Angelina Jolie o Madonna, que sigue estando por encima de lo que dice la gente. A este tipo de mujeres las imagino como tanques rosas, femeninas, duras e imparables.

¿Qué es lo más importante que querrías transmitirles a tus hijos?
Que sean siempre empáticos, que busquen la justicia y luchen por ella como yo he intentado hacer.

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