Bottega Veneta, colección masculina para el verano de 2015

El diseñador de la firma, Tomas Maier, director creativo de la firma italiana, sirve un desfile exquisito, compacto y muy coherente

Bottega Veneta

Todo tiene sentido en este desfile, de la primera salida a la última, todo parece parte de un corpus (de un plan) minuciosamente pensado y elaborado. Por eso digo que es coherente. No hay quiebros y cada costura está en el lugar exacto para proporcionar belleza y confort, los colores (azules, grises, tierras y arena, pasteles…) parece que se hayan conseguido gracias a tinturas naturales, tampoco hay titubeos, las ideas que se tienen se llevan hasta el final. Por eso digo que es compacto. Y es tremendamente exquisito, porque es a la vez delicado y poderoso. Muy sofisticado, que aquí quiere decir que es una propuesta alejada de lo común, de lo fácil.

Los modelos parecen bailarines que, después de un ensayo, se han coloca una prenda de semiabrigo (chupas cortas, jerseys de punto con cuellos casi barco, cárdigans…) para no coger frío. Hay alguna americana cruzada, mucha sudadera y top de seda de cuello desbocado, mucha t-shirt de algodón finísimo que se superpone a otros elementos, mucho pantalón bermuda con un punto de abombamiento y pantalones largos anchos y en caída libre, hay prendas espumosas tipo chandal, aunque ni de lejos, ni de cerca lo parecen… Luego está la sutilidad de unos estampados y pequeños borrados (en un jersey de cachemira gris, por ejemplo) que decoran acompañando, sin imponerse. Y hay que estar atentos a las texturas: tejidos delicadamente arrugados, rugosidades a lo corteza de árbol, la suavidad de la seda viscosa… En los pies zapatos de cordones, zapatillas estampadas y bailarinas toreras, eso sí, sin lazada.

Esta colección conecta con uno de los pilares fundamentales de la moda contemporánea y con una de las ideas rectoras de la indumentaria actual. Cualquiera de los looks propuestos aquí sobre cuerpos masculinos funcionarían perfectamente (con los ajustes pertinentes de talla y corte, se entiende) sobre un cuerpo femenino. La moda de vanguardia insiste en este hecho, no diferencia entre lo que visten los hombres y las mujeres porque, y esa es la clave, hombres y mujeres son iguales, tienen las mismas oportunidades y las pueden desarrollar con los mismos medios. Una sociedad civilizada tiende (y lucha y debe luchar sin tregua) a igualar los derechos de sus ciudadanos y por eso, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, visten de forma intercambiable con la esperanza de que las formas acaben influyendo en la profundidad de los contenidos.

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