El nuevo Balenciaga ya está aquí

Demna Gvsalia, creador de Vetements, se estrena como diseñador de la firma y entusiasma París con su primera colección para la mítica firma de origen español. Te contamos por qué.

Balenciaga

No nos cansamos nunca de repetirlo: hay una línea invisible pero poderosa que une esta colección con las de Céline, Acne, Undercover o Rick Owens, pero también con lo que podríamos llamar "las soluciones japonesas" (Watanabe, Miyake, Comme des Garçons…) y, sobre todo, con Vivianne Westwood que es la que inventa el punk para luego amansarlo, revisita la historia del traje para hacer de su capa un sayo y trabaja incesantemente para hacer posibles (o sea vestibles) volúmenes extraordinarios. La colección de Gvsalia para Balenciaga conecta con todo este bagaje.

A  los miembros de la realeza del Planeta Fashion, o sea, los que están estos días en París asistiendo a los desfiles porque coronan los staff de las revistas, les ha entusiasmado por tres razones: la primera es que están desando mambo, locura, que les reten… Estaban predispuestísimos a que les gustara. La segunda es que la colección es tremendamente europea. Decimos que una colección es europea cuando tiene peso (las americanas no pesan, el Balenciaga de Alexander Wang no pesaba) y un cierto misterio. Los americanos cuando hacen moda, y cuando la visten, tienden al orden y a la pulcritud; los europeos diseñan, hoy más que nunca, como si fueran sacando prendas de un baúl perdido en un desván. Fíjense como Anna Wintour viste Chanel o Prada: limpiamente, de forma casi impersonal, como si nunca hubiera roto un plato, como si no tuviera un pasado y no le importara el futuro. Las europeas cuando visten (porque aquí hablamos de mujeres que al vestir tienen una intención) lo hacen a gritos, no como las americanas que siempre parece que estén sosteniendo una tacita de porcelana con earl grey. Si tú a Anna Wintour le cuelgas un cesto de flores recién cortada del brazo, no te extrañará, porque siempre parece que venga de un jardín delicado obra de Lladró.

Balenciaga

Y tres, la colección de Balenciaga, de este nuevo Balenciaga, es fácil. Por eso les gusta. Parece que no, pero es fácil. Y les ha gustado hasta el entusiasmo porque la han entendido a la perfección. Y se han notado listos. No les ha gustado por la misma razón que les ha gustado tanto el nuevo Gucci de Michele (que, por cierto, cada día se parece más, en lo físico, a John Galliano), que les ha ha cautivado por su belleza. Este Balenciaga gusta porque ya todo el mundo estaba preparado (gracias al Céline de Philo, al viejo Margiela, a Westwood, a ese tipo de cosas) para que les gustara. Todos tienen ya el ojo preparado para este tipo de propuestas.

Ya en Vetements, Demna Gvsalia, experimentó con los volúmenes, para llevar un poco más allá, el perfil de prendas que todos conocíamos: la camisa, las faldas, los vestidos, los abrigos y gabardinas, las chupas, bombers, perfectos… todo nos suena, pero todo es diferente. Balenciaga es una firma que desde su creación ha teatralizado los volúmenes de las prendas y a la vez, las ha hecho llevables. No como los vestidos imposibles de Viktor & Rolf o de Chalayan. Balenciaga permite el movimiento, no lo restringe. 

Balenciaga

El usuario de moda hoy tiene dos obsesiones fundamentales: quiere sentirse él mismo (original, único, interesante…) y, a la vez, moderno y ser moderno hoy, es estar o sentirse conectado. Esta colección permite las dos cosas.

Esta colección parece inspirada tanto en la imagen estereotipada de una vieja dama inglesa (traje de chaqueta de tejidos sastre, vestidos de flores, gabardinas, jerseyes de punto de la isla de Fair… ) como por su nieta (chupa de cuero perfecto, chupa tejana, anoraks y cortavientos…).

Esta propuesta también conecta con una tendencia o, mejor, con una actitud, que recorre muchas otrsas colecciones: la necesidad o obligación del ser humano actual de movimiento. Hay que vestir para moverse, para el viaje, para transportarse, ya sea en primera clase y en avión o en patera. Todo el mundo se mueve. Los que se van de vacaciones se cruzan con los que escapan de sus países. Movimiento por placer o por trágica necesidad. Y todo el mundo necesita llevar encima todo lo necesario para presentarse como él mismo en su nuevo destino.

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De ahí que el vestido tenga estar preparado para las inclemencias de todo tipo y de ahí también que tenga algo de fetiche, "de objeto que va conmigo" porque explica quién soy a los demás y, posiblemente y sobre todo, a mi mismo. El vestido es mi fetiche. De ahí también esos bolsones inmensos (y carísimos suponemos) de cuero a franjas que recuerdan, otra vez, a esas bolsas de plástico que imitan rafia y que venden en los Todo a Cien. 

Al igual que las colecciones de Gucci (que, además, es una firma que forma parte del mismo grupo empresarial que Balenciaga) aquí hay un cierto amor por lo vintage, pero en este caso de corte futurista. No hay duda tampoco que esta colección conecta con las que Ghesquière (hoy en Louis Vuitton) diseñó en su día para Balenciaga.

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Todos los clásicos que Yves Saint Laurent también revisitó en su día (la gabardina, la camisa y el traje chaqueta, el gabán marinero, el cuero canalla…) para componer el vestuario de la mujer contemporánea, si se piensa bien y por cierto, a imagen y semejanza del guardarropa del gentleman, también aquí se reinterpretan, por lo que podríamos decir que la fórmula que inventó Coco Chanel está ahora mismo en vía muerta.

Desafortunadamente, porque, a diferencia de todo lo hablado y visto hasta ahora, Chanel fue la única que con su vestido (con su filosofía) consiguió inventar una nueva forma de ser mujer.

Etiquetas: moda otoño-invierno, pasarelas

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