Hombres en París

La semana de la moda masculina de París, en la que se han presentado las colecciones para el verano de 2015, llega a su fin. Repasamos algunos de sus hits.

Rick Owens

Haider Hackermann insiste en vestir a sus modelos como se viste él mismo, a base de foulares de seda, americanas o cazadoras de seda floja, pantalones pijama… Es un estilo que emula las "Mil y una noches" o el mito de Tánger. Conecta con la propuesta de Dries van Noten (que también calza a sus modelos con bailarinas) o con la de Valentino que también lanza sobre la pasarela muchos trajes-pijama y unos guardapolvos de seda estampados realmente preciosos que harían las delicias de Lord Byron. A mi este look tan de seda me parece muy bonito, ni lo dudo, pero siempre me viene a la cabeza una imaginaria y, por supuesto abultada, factura de tintorería, porque no hay nada aquí que se pueda lavar en casa. Al final es lo que pasa, que, por no tener que estar trabajando sólo para pagar la imaginaria y abultada factura y por no estar todo el día de casa al tinte y del tinte a casa, acabas vestido con chinos de Dockers y camisas de Ralph Lauren (que a mi siempre me funcionan muy bien porque no pierden color, no son estrechas y te puedes mover, que es una cosa que a mi particularmente -moverme digo- me viene muy bien, además de que los botones nunca se caen, están cosidos a conciencia). Estos looks fluidos sirven si eres bloguero de moda y para hombres que se están buscando a sí mismos, así como para los editores que asisten al front row de las semanas de moda masculinas (Florencia, Milán, Londres, París…) que como les sacan fotos de esas de street style van todos como un pincel aunque, para mi gusto personalísimo, siempre un poco relamidos. A mi es que los hombres relamidos no me gustan porque de lo relamido a lo cursi hay un paso minúsculo. Tampoco me gustan los hombres que parece que hayan estado más de la cuenta vistiéndose delante del espejo (y eso sirve también para las mujeres). A los que, para nuestra sorpresa, nos hemos encontrado, ni se nos pasa por  la cabeza enseñar el tobillo o salir a la calle con una camiseta sin mangas combinada con una gabardina de seda. Nunca vamos estrechos porque la edad te obliga a vestir sin que nada te tire y como somos pobres, ya digo, vestimos como vestimos porque lavamos en casa.  En fin…

Luego está el caso de Rick Owens que lleva tantos años siendo rompedor y vanguardista que ya no asusta (le pasa lo que a la Demeulemeester, que de tanto-tanto nos hemos aburrido un poco). Owens saca a hombres con vestidos saco, es una versión robusta de lo que está haciendo JW Anderson en su propia firma (estamos, por cierto, intrigados porque en unas horas conoceremos su primera propuesta para Loewe), que también presenta este hombre con túnica aunque si el de aquel es un cachalote, el del irlandés es más como un junco, más finito, más etéreo, más poquita cosa. A mi con Owens me pasa que, como siempre apunto, calidades aparte, me parece estar viendo el desfile de final de curso del típico alumno genialoide de escuela de moda.

Esta silueta fluida de la que hablo tiene su antagonista en la última colección de Kim Jones para Louis Vuitton, donde la rigidez de los tejidos manda, o en el look "Querelle se pone a motero" servido por Balmain, una propuesta que no creo que vaya a pasar a los anales de la historia cultural del siglo XXI.Es muy bonita la colección de Christophe Lemaire que ahonda en el un estilo estrictísimo y monacal. Si yo fuera el Papa Francisco le encargaría la indumentaria de la curia romana del siglo XXI, no te digo más.La moda masculina se amanera debido al amaneramiento general que sufre el planeta, pero si perdonamos esta mutación (del buen gusto al amaneramiento) en la moda femenina (porque despojarse de las fórmulas tradicionales en este caso es trabajo de titanes, de titanes feministas, dicho sea de paso), en las colecciones de hombre nos agota e incluso deprime.

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