Lanvin: colección crucero

Cinco cosas que nos gustan de la colección crucero de Lanvin

Lanvin

1-La actitud. Porque, aunque hay en esta colección vestidos de fiesta importantes que nos recuerdan a la mejor costura de los años cincuenta y a las señoritas de Park Avenue que visten en de la Renta o en Carolina Herrera o hay delicadeza en raso y hiperfeminidad, las modelos en el lookbook, sin embargo, están estilizadas en movimiento, entrando, saliendo, con poco maquillaje y con el pelo revuelto. Parecen chicas que se acaban de levantar de la mesa, a mitad de cena, para ir a fumar un pitillo a la calle. La colección es tan delicada, tan preciosa, tan como de cristal tallado, que el desparpajo de las chicas que la presentan (que parece que se estén saltando alguna pequeña norma de urbanidad, aunque van vestidas muy "acien régime") la hace terrenal y, si cabe, todavía más deseable. Destierren de su imaginario a Nicole Kidman representando a Gracia de Mónaco e imaginen a Patty Smith vestida de alta costura, ese es el punto.

2-Un híbrido. Hay aquí el cruce entre el smoking y el pijama de seda o el camisón de encaje. La combinación es también realmente perfecta y da la sensación, aunque los cuerpos en ocasiones se entalles, que la movilidad está asegurada.

3-Vestidos. Es esta una colección de vestidos, aunque hay trajes-pijama. Los hay cortos en seda listada (la combinación de colores, como siempre en el Lanvin de Elbaz, magistral, moderna, cálida) y con bolsillos, un elemento que las mujeres cada vez agradecen más; hay unos vestiditos de encaje y raso de seda que son, simplemente una monada (le entran a uno ganas de este tipo de palabras, ¡qué quiere yo que les diga!), y que combinados con los mocasines de tacón semigrueso o con las sandalias de planta escueta, quedan ultramodernos. Maravillosos los vestidos largos. Maravillosos. Porque remiten al vestido largo de siempre, tan costura, tan "grand ball", pero tienen una textura que tiene mucho que ver con Jacqueline Bouvier en su etapa Onassis y muy poco que ver con la Duquesa de Alba (comparen las imágenes en las que las dos aparecen juntas y el asunto se ve diáfano).

4-La aparición de ráfagas color hoguera que rompen las praderas de colores adormilados: flores de tela en el cuello o en la cintura color grano, una americana con foulard y top en naranja llameante, unas slippers rojo fresón… (por cierto qué estupendo saber combinar naranja geranio con negro y rosa palo, ¡qué estupendo!).

5-Las estolas de visón, que se visten aquí con el descaro o el despiste con que se vestirían unas bufandas de punto.  

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