Prada, es mi hombre

La colección de hombre para el verano de 2015 de Prada es una evolución de la anterior

Prada

Y está muy bien que así sea. Acostumbrados a que muchas marcas de moda busquen el cambio radical de colección a colección (aunque, a veces, esa sensación se produce, no tanto por las prendas que presentan, sino que por el look y el escenario donde se presentan) y que parezca que siempre descubren un nuevo mundo, sorprende positivamente ver cómo Prada ha conseguido crear un vocabulario propio y, por lo tanto, un lenguaje que todos hemos aprendido a hablar.

La colección de Prada de hombre para el verano de 2015, en la que se incluyen varios looks de mujer que corresponden al crucero, es una oda al pespunte de raíz denim. Son realmente confortables (un término necesario y que cada vez nos vemos utilizando más) los jerseys de punto con cuello pico. Los estampados cinéticos y de mil rayas al biés y las prendas de cuero color teja. Los trench muy "Mackintosh"; los pantalones, jeans o no, se cortan como evitando el pitillo, o sea que son anchos, y en la raya del tobillo, por lo que dejan ver el zapato que, en unos casos es una sandalia que envuelve el empeine y, en otros, una especie de babucha-mocasín. No es una colección de colores mambo pero hay mucho color: azules, verdes, cremas y marrones… La colección conecta a la perfección con la tendencia generalizada que apuesta por el vestir normal y por los armarios compuestos desde el sentido común, prácticos, útiles y con prendas que solucionan. No hay aquí un exceso de trajes sastre, lo "casual" se impone, aunque las calidades de los tejidos aluden al superlujo, es decir, que puedes ir en mangas de camisa siempre y cuando la camisa se reconozca de Prada.

La firma milanesa no hace ropa para horteras, ni para cachas anabolizados, ni para hombres de color naranja a causa de los rayos UVA. Su hombre es listo y está a medio camino entre el baronet inglés, una estrella de rock y un profesor de universidad. Dicen algunos que hay trazas de "retro" o de "vintage", pero en un mundo tremendamente tecnológico y en el que manda la arquitectura y el diseño nítidos y hospitalarios de Zaha Hadid o de Apple, este toque que remite a lo antiguo resulta, sin duda, más futurista que una escafandra de la NASA.

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