Valentino: alta costura (O/I 2014-15)

Cinco motivos a destacar el último desfile de alta costura de Valentino

Valentino

1-Lo han contado ellos mismos, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, los diseñadores de Valentino: para su desfile de alta costura se han inspirado en los prerafaelitas que es, dicho sea de paso una "hermandad" que cada dos o tres temporadas se sube a la pasarela a modo, pues eso, de inspiración. Parece, de todos modos, que este grupo de artistas del siglo XIX (Rossetti, Holman Hunt y Everett Millais) haya estado siempre en la mente de los dos italianos porque visto ahora en perspectiva, todas sus últimas colecciones son un poco "prerafaelistas". Cuando en la moda actual se habla de prerafaelismo a lo que se apela es a una especie de mezcolanza (todo es en la moda contemporánea una especie de mezcolanza) entre túnica griega, capote medieval y estampado botticceliano. Se unen en un mismo espacio los mitos ingleses fundacionales (del  rey Arturo a Shakespeare), la pintura de Rafael (o sea alto renacimiento), el neoclásico y el anuncio de las primeras vanguardias y de la "Rational Dress Society" que surgirían entre cuarenta y sesenta años después de la creación de la Hermandad Prerafaelista en 1948.

2-Los de Valentino dominan el contraste entre prendas que parecen de cristal (los vestidos de gasa y tul, los bordados que parecen constelaciones de estrellas aunque sean muy floridos) y otras que tienen la textura densa del óleo (las túnicas de las salidas centrales del desfile, magníficas, míticas, reales: toma nota Máxima de Holanda).

3-Evitan el sexy por el sexy y diseñan vestidos que entiendes que no acabarán de ser de verdad hasta que no se los ponga una mujer real. Son, pues, soluciones pensadas para la mujer, para su gozo y disfrute, para la creación de su imagen. De ahí que siempre resulten ropajes bellos que dejan margen a la delicadeza (trágica de Ofelia) o a la bravura (de Juana de Arco). Además, nunca hay un escote gratuito, nunca nada se da por sentado y, aunque a veces parece que la "mujer Valentino" tienda a pasar frío, lo que pasa realmente es que pide la palabra. Dársela sería de rigor, si no, la tomará igualmente, porque detrás de tanta delicada belleza se esconde una revolución.

4-Pocas veces (diría que nunca) hay ni pizca de sentido del humor. No hay comicidad. Son las de Valentino colecciones serias, intensas, contundentes. Ni pizca de ironía. Zero naïf.

5-Las sandalias ultraplanas (como las de la costura de Chanel) con cordones gladiadores dialogan a la perfección con unas tiras de cuero cruzadas a la cintura a modo de cinturón. El domino de los accesorios aquí es, como siempre, exacto. También el dominio de la sastrería. Las camisas y las chaquetas (de esmoquin), así como los abrigos (que remiten a la estética de William Morris) nos aparecen como si fuera la primera vez que vemos una, te dices "caray, una camisa", porque en Valentino una simple camisa blanca tiene la misma fuerza - viceversa- que un vestido de noche y amplia falda bordado.

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