El punto canalla

Ricardo Tisci siempre introduce en el estilismo de sus desfiles de Givenchy un toque que consigue conectar la estética de la costura clásica  con el look más pandillero.

Givenchy P/V 2014

Que los desfiles de Givenchy acostumbran a gustarnos mucho no es una cosa que vayamos a descubrir ahora. Su diseñador, Ricardo Tisci es, desde 2005, quien se encarga de reformular esta firma clásica. ¡Y vaya si la ha reformulado! Porque poco tienen que ver sus creaciones con los impecables trajes de alta costura de Hubert o con los gráciles e irónicos (un aspecto que sistemáticamente se olvida cuando se habla de ella) saltitos de Audrey Hepburn. Tisci diseña para estrellas del rock . Y pasa de las niñas bien (ejem). Su moda es mestiza y siempre salvaje (bueno, todo lo salvaje que se puede ser cuando uno diseña para una casa que es de las que corona el sistema de moda mundial), juega a ser irreverente y oscuro y pocas veces "humoriza". A él, posiblemente, debemos la moda de las "sudadera-lujo". Por aquí nos gusta sobre todo cuando se pone "costura-costura", su parte pop, sus guiños provocativos (pues eso, las sudaderas con santas impresas y demás) nos interesan menos, no molestan (de momento) pero nos interesan menos. Tisci está maravilloso cuando piensa en alta costura (sus colecciones de alta costura eran insuperables, la crisis arrasó con ellas y ahora todos las echamos de menos). Su crucero o el prefall tienen siempre un punto artesanal y algo de tribal (versión Princesa Leia) que está a medio camino entre Jean Paul Gaultier, las colecciones africanas (1967-68) de Yves Saint Laurent y el Valentino (el último emperador) más "de pedrería".

En sus talleres bordan como nadie (nunca mejor dicho) estampados y texturas que de tan complejos parecen retazos de una selva. Sus patrones tienden a la grandilocuencia (como si siempre estuviera pensando en vestir a una reina barroca o a David Bowie) pero nunca resultan "pesados". Nunca parece que conjure a lo sexy (lo cual es garantía de buen gusto), aunque sus ropajes invitan al erotismo. Y luego están estos detalles, como los pendientes de la imagen, que son la domesticación de elementos canalla, que tienen, en el fondo, un punto tierno e inocente que hacen que las colecciones de Givenchy, lejos de resultarnos agresivas, nos parezcan siempre, encantadoras.

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