Finalistas del Master en Periodismo de Moda Marie Claire

Aquí tienes las dos mejores crónicas sobre las exposiciones del Museo del Traje realizadas por los alumnos del Master en Periodismo de Moda Marie Claire.

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Aquí tienes las dos mejores crónicas sobre el Museo del Traje realizadas por los alumnos del Master en Periodismo y Comunicación de Moda de Moda de Marie Claire y FUNDISMA (Universidad Politécnica de Madrid).

El HILO DE ARIADNA EN EL MUSEO DEL TRAJE
María Rosa López Lorenzo
Es jueves, 4 de abril, y la especialista en textiles Lucina Llorente nos espera en el hall del Museo del Traje para llevarnos al Aula Didáctica. “Sentaos en el suelo si queréis, por la tarde no solemos tener muchas visitas”. Y así, como alrededor de un fuego de campamento, lanza su gran pregunta: “¿Por qué se viste el hombre?”, y empiezan tres horas de recorrido por el origen de los tejidos, un repaso a la historia del traje.

Tras Lucina, un enorme panel informativo con el proceso de las fibras naturales y químicas. Nos cuenta cómo y en qué parte del mundo se obtiene cada una. Oímos hablar del jumel egipcio para las camisas de popelín, del blanqueamiento con orina fermentada antes de la aparición del cloro a finales del XVII, de ese gran error de llamar lana a algo que no provenga de una oveja y hasta de cómo los ingleses nos robaron sin contemplaciones a nuestras merinas en 1812. Se detiene al hablar de la seda y se siente en su voz ese atisbo de pasión que solo tienen los expertos. Describe pausadamente los inicios de la fibra dentro del gusano durante la creación del capullo; en su interior, ese fino tubo que genera es líquido por fuera y sólido por dentro, y cuando el gusano lo expulsa, invierte sus propiedades, formando así esa dura prisión que se convertirá en seda salvaje o en la única fibra capaz de llegar a los 5000 metros, dependiendo de si decidimos dejar a la mariposa romper o no el capullo.

Caminando ya hacia la exposición permanente, Lucina nos comenta el uso de los colores, haciendo hincapié en que los periodistas de moda deberíamos saber exactamente de dónde provienen y la terminología correcta para nombrarlos. De hecho, nos divierte con una anécdota del mismo Valentino Garavani, al que le preguntaron en una entrevista cómo llamaba él al color al que todos se empeñan en describir como rojo Valentino. El diseñador, enfadado, respondió: “Lo llamo como lo hace cualquier persona que haya estudiado un poco: rojo cochinilla mexicana”.

Queda poco tiempo para el cierre del museo, así que el resto de la visita la aprovechamos caminando de una sala a otra, aprendiendo sobre el traje a la española, sobre los maravillosos mantones chinos que solemos etiquetar de Manila, y sobre la moda intelectualizada de principios del siglo XX. Escuchamos muchos nombres: Morris, Fortuny, Schiaparelli, Chanel, Balenciaga, y tantos, tantos otros, que hicieron que la moda del vestir marcara un antes y un después en la unión de usabilidad y belleza de las prendas. Terminamos cruzando algunas frases sobre la anti-moda de los 60, y ese revival actual que ya habíamos comentado con el sociólogo Oscar Scopa.

Tres intensas horas que terminan con la voz de cierre del museo justo a tiempo, no sin antes aceptar la proposición de Lucina: volveremos otro día para ver la exposición temporal de La moda imposible. Trato hecho.

LA CAJA DE SORPRESAS
Cristina de Pablo Villafranca.

Me dirijo con sensación de nostalgia al museo. No es la primera vez que recorro los tesoros que esconden sus maravillosas salas. A medida que me voy acercando, me embarga la emoción. Llego tarde (maldita manía que me he de quitar) porque, tras años recorriendo el mismo camino hacia la Ciudad Universitaria, peco de exceso de confianza en el control de los tiempos (nota mental: salir antes de casa).

Entro, no veo a mis compañeras. Una de las guías me indica el camino a la sala didáctica. Voy hacia allí. Primera vez.

Abro la puerta con incertidumbre y encuentro al grupo rodeando a Lucina Llorente, nuestra guía y profesora durante la visita de hoy. Prosigue su discurso tras mi interrupción y comenta la importancia de los maniquíes del Museo del Traje. Primer dato importante. No me quiero perder nada y saco rauda la Moleskine de mi bolso imitación (barata) de serpiente. De repente me siento avergonzada pues la calidad de las prendas que me van a observar desde las vitrinas no se merece tal afrenta. Alejo de mi mente ese pensamiento banal, al fin y al cabo estoy aquí para aprender. Para admirar.

Lo que decía. Maniquíes realizados sin pies ni cabeza, hechos expresamente para resaltar la belleza de los trajes a los que dan cuerpo, pero como si flotaran. No son esculturas, y se intenta que nada de su estructura quede a la vista, por ello se les llama “maniquíes invisibles”. Maniquíes que nos van a mostrar a lo largo de nuestra visita las diferentes modas que han reinado durante las épocas pasadas: Renacimiento, Barroco, Rococó, Neoclasicismo… hasta llegar a los diseñadores contemporáneos. Tras la interesante introducción comenzamos el recorrido. Primera parada: fibras, tintes y ligamentos.

Se hace imposible comprender la complejidad de la moda sin conocer cómo se realizan cada una de las prendas y cuál es la procedencia de los tejidos y materiales que la forman. Escuchamos con atención a nuestra interlocutora, que nos habla de periodos prehistóricos, diferentes culturas y costumbres, procedencias de las fibras: naturales, químicas…; tipos de tintes, de ligamentos... Mi bolígrafo echa humo, me quiero empapar de toda su sapiencia. Sabe de lo que habla pues lo dice todo con la pasión de quien lleva media vida rodeada de este maravilloso y complejo mundo que es la moda. Hechas las aclaraciones pertinentes comenzamos el recorrido general de las salas.

Visita que ya conozco, pero que no me deja de sorprender. Galerías repletas de fascinantes trajes que cortan la respiración, verdaderas joyas de la indumentaria que nos transportan a épocas pasadas y que nos permiten participar del lujo de las antiguas damas de la aristocracia. No es solo moda. Es Arte. Acudir a este museo siempre me deja con ganas de más, de volver, de detenerme en cada centímetro de tela. Adiós, amigo, volveré pronto.

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