La tendencia del verano es el amarillo y su origen es más complejo de lo que imaginas

Lleno de simbolismo, el color de la temporada ha evolucionado según el área geográfica y el paso del tiempo. Este verano, el amarillo llega a la playa, el asfalto y la piscina en todas las formas que la tela permita.

AMARIllo tendencia cabecera
Instagram de Marina Testino

 

Desde que Molière murió mientras representaba El enfermo imaginario, en 1673, el amarillo ha sido esquivado por los actores en los teatros. Y eso que se trata del color más visible en la distancia: de ahí que los taxis sean amarillos en muchas ciudades del mundo, de Nueva York a Barcelona, y que en la naturaleza cumpla un papel de advertencia. Jorge Luis Borges lo relacionó con la ceguera y es el color de dos pecados capitales (la avaricia y la envidia, menos en el mundo anglosajón, donde el verde la representa), así como el de la enfermedad y la cobardía. Pero su mala fama no es universal. Aunque en Egipto se asocie el color con el luto, en Japón, el amarillo simboliza el valor; en India, el comercio; y en China, la felicidad, la gloria y la sabiduría.

Hablamos de uno de los primeros pigmentos utilizados por el ser humano, vinculado a menudo con los dioses. En el Antiguo Egipto se creía que los huesos y piel de sus deidades eran de este material, por eso el amarillo dorado abunda en los trajes de los faraones y en la decoración de las pirámides. Por otro lado, en la mitología griega, el dios del sol, Helios, era representado con ropajes amarillos en una carroza dorada: la luz solar amarilla simbolizaba su sabiduría. Se pintaba a los dioses con el cabello rubio; teñir la melena de este tono y decolorarla al sol estaba de moda. La tendencia entró en crisis cuando el rubio se impuso a las prostitutas para distinguirlas en la Antigua Roma. No obstante, tras la conquista de la Galia, Gran Bretaña y Alemania, los esclavos que se importaron popularizaron el cabello dorado entre las aristócratas.

amarillo kaia gerber 2019
Marc Jacobs, primavera-verano 2019.

 

En cuanto a los textiles, la tradición ha usado azafrán para teñirlos, sobre todo en India y China. Este pigmento era tan caro que vestir de color amarillo se convirtió en un símbolo de estatus. En Escocia coloreó la léine (la túnica gaélica predecesora del kilt) hasta el siglo V, cuando el tono fue prohibido por motivos económicos. En el siglo XIV, la especia sirvió a la medicina para combatir la peste negra. Llegó a escasear tanto que se produjo una Guerra del Azafrán, la cual acabó por propiciar su cultivo en Europa.

El amarillo llegó a ser el pigmento favorito de la moda durante el siglo XVI, y eso que en esa época se identificó con el amarillo a Judas Iscariote, el discípulo que traicionó a Jesucristo, lo que le concedió las mencionadas connotaciones negativas. De ahí que se vistiera de este color a los forasteros no cristianos y, en España, se cubriera con una capa amarilla a los acusados de herejía. Sin embargo, bajo la influencia de la corte francesa, los trajes amarillos también fueron una manifestación del optimismo y el placer terrenal. Esta primavera-verano, el amarillo ha tomado las pasarelas. ¿Alegría, enfermedad, peligro...? Imposible adivinar sus intenciones cuando la moda se vive con tanta ironía.

 

También sirve como denuncia. Con el color amarillo, la modelo Marina Testino escribe sobre sostenibilidad sartorial en su perfil de Instagram. El año pasado ya se enganchó a la monocromía para criticar la obsesión por estrenar ropa. Durante un mes, contó, vistió el mismo traje de chaqueta rojo. (Y sí, es la sobrina de).

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