¿Qué compran las que lo tienen todo?

La alta costura es una frontera con lo exclusivo, eso que no está al alcance de cualquiera. Un reducto del pasado donde milagrosamente, se resguarda la sabiduría y la excelencia, un arte que ningún otro ángulo de la moda puede ofrecer

Armani Privé

Para comprar alta costura no solo se necesita dinero, también es preciso tener tiempo libre y paciencia. Cada vestido se construye desde los cimientos, se esculpe literalmente sobre el cuerpo y requiere largas y laboriosas pruebas, que se realizan en "les cabines" –los probadores de alta costura–, en París, en contacto directo con la première de la casa y sus diversas asistentes. Se exigen unas ocho o diez pruebas para un conjunto de día, y 16 para un vestido de noche que supone, aproximadamente, 200 horas de trabajo realizado por 12 costureras –nunca menos de dos semanas y media desde la toma de medidas–, contra las 12 horas que emplea una gran casa en un traje de prêt-à-porter. Una clienta media suele encargar tres conjuntos por temporada; las más fieles, siete u ocho; las más ricas, 30. El precio de un sencillo vestido de día ronda los 35.000 euros, el de un traje de chaqueta, los 70.000. El de un vestido de noche llega a las seis cifras.

Esa abismal diferencia, ¿se nota realmente cuando tenemos al lado a una mujer vestida de alta costura? Para un ojo experto, no cabe la menor duda, aunque el común de los mortales solo vea a una señora extraordinariamente elegante.

Un mundo aparte

Zuhair Murad

Pero esto no es algo que preocupe a las clientas. El lujo no consiste en llevar un cartel con el precio del vestido. La cuestión es muy diferente. Cuando la clienta acude al desfile sabe que las prendas que ella elija se pueden rediseñar por completo cambiando detalles, colores y adornos. Sus medidas tampoco supondrán ningún inconveniente: la casa de costura se encargará de reconstruir las proporciones de su cuerpo sin constreñirlo, creando curvas donde no las haya, o amortiguándolas en caso contrario. Un sueño semejante es sencillamente imposible en el prêt-à-porter, por exquisito que sea.

Y la diferencia no queda solo en la apariencia. Una prenda de alta costura brinda a sus consumidoras un plus secreto, algo que solo ella sabe: el acabado interior. Las prendas, realizadas íntegramente a mano con refinado esmero y el savoir faire de un arte centenario, están rematadas con detalles primorosos que logran la excelencia –una delicada cinta de un color asombroso que cubre una costura, una sutil botonadura oculta, un crepé o un satén de seda como forro– y todo ello para conseguir que la pieza resulte ingrávida y portentosamente cómoda una vez encajada en el cuerpo.En este club de las exclusivas no están precisamente las actrices de Hollywood, cenicientas de un día utilizadas como reclamo, sino Sheikha Mozah, jequesa de Qatar, Yuki Tan, presidenta de Folli Follie en China, muchas mujeres anónimas y un puñado de jóvenes saudíes, qataríes, chinas e indias en busca de sus vestidos de novia y otras necesidades.

Etiquetas: alta costura

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