Una camisa normal

O sobre la dificultad de encontrar, a veces, prendas de aquellas que hemos acordado en llamar "clásicas"

Valentino

El otro día estaba yo en el ascensor de la tienda de Adolfo Domínguez  de la calle Serrano de Madrid (por cierto, si no la han visitado aún, lo cual ya me parecería extraño, sería de rigor hacerlo cuanto antes) y escuché como dos señoras honorables comentaban "a ver si tenemos suerte y encontramos aquí, por fin, la camisa blanca clásica", no pude resistirme (como casi siempre) y me colé es su conversación para darles la razón "pues es verdad, encontrar una camisa blanca clásica es toda una aventura, no hay".

Después de un cierto estupor por parte de las dos honorables señoras, a todas luces miembras de la milla de oro madrileña desde su invención, que no entendieron a la primera que el que las hablaba era yo y no un espíritu (lo sé porque miraron hacia el techo-cielo del ascensor), las señoras me dieron la razón. Me la dieron, eso sí, después de ver que aparentemente (y ya sabemos que las apariencias engañan, que es lo divertido de todo el asunto este de la moda, dicho sea de paso) era uno de los suyos (llovía en Madrid y yo vestía mi Barbour). Las señoras dijeron "que camisas clásicas, blancas, por ejemplo, sí que las hay, lo que pasa es que la que no tiene un fruncidito, tiene un botoncitito" y yo "y la que no un estampadito en el reverso del cuello o en los puños" y ellas "y la que no esta entallada por demás, lo está por demenos" y yo otra vez "y si no van con logo o con brillantitos" y entonces se abrieron las puertas y "nosotras bajamos aquí, buenas tardes tenga usted", "buenas tardes y a ver si hay suerte".

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