El extraño atractivo de la fealdad

Cristian Campos metería su traje en la turbina de un avión si con ello contribuyera a "epatar a los burgueses". A diferencia de Gucci, él solo busca el pragmatismo.

LOOK 1. Me ha encantado. Un traje de raya diplomática con las solapas más grandes que las alas de un Boeing 797. Y arrugado de serie. Así les debían de caer los trajes a los brokers de Wall Street tras el crack de la bolsa de 2008 (después de tirarse por la ventana del piso 46, digo). En este sentido, no alcanzo a comprender si el look es un homenaje o una crítica sutil al capitalismo. Lo del collar con los colmillos arrancados a tus enemigos derrotados de las agencias rivales es muy práctico: a más colmillos, más prestigio como broker, y eso que te ahorras en currículos y tarjetas de visita. El modelo lleva la corbata mal ajustada pero igual es tendencia, así que me callo. Al menos la lleva planchada.

LOOK 2. No sé, le falta algo. Quizá una gorra con una hélice en todo lo alto o unos calzoncillos con chorreras. Lo veo demasiado sobrio para Sergio Ramos.

LOOK 3. Me fascina el detalle de la corbata. Te calzas unos shorts de terciopelo, pulseras suficientes como para hundir el Titanic, una blusa con las mangas cortas y un chaleco con un Bugs Bunny gigante de pedrería… pero te pones corbata porque tú eres un tío clásico, sobrio y elegante.

LOOK 4. Estoy empezando a pensar que lo de los trajes arrugados está hecho a propósito con el sano objetivo de epatar a los burgueses (actividad de la que me confieso ferviente partidario). Me gusta el detalle del doble bolsillo a la derecha, ese bonito azul eléctrico, el chaleco a juego y que el pantalón no sea pitillo. Lo de las chanclas y los anillos afilados como la katana de un samurai ya es más hardcore, pero entiendo que de alguna manera tienes que diferenciarte de Hugo Boss.

LOOK 5. Este look, intenciones estéticas aparte, aúna muchos de los esperpentos que más odio en este mundo. Las chaquetillas cortas. El ante. Los collares de semillas. Los estampados de abuela. Las blusas de seda. Los bolsos para hombre. Las hebillas con el logo de la marca. Los cuadros escoceses. Los pantalones bombacho. Los bigotillos ralos. Los aros orejeros. Las gafas gigantes y con cristales de colores eléctricos. Los tatuajes minúsculos e indistinguibles de una mancha de tinta cualquiera. El corte de pelo de Jim Carrey en Dos tontos muy tontosMisteriosamente, el conjunto de todos esos horrores conserva el extraño atractivo de la fealdad, como la arquitectura brutalista o Natalie Portman. No puedo dejar de mirarlo.

LOOK 6. No me tomen por un conservador al uso. Haciendo un ejercicio de abstracción intelectual, estética y moral puedo empatizar con la labor del diseñador que ha pergeñado algo así con toda la felonía de la que ha sido capaz su hígado. Mi problema es puramente práctico. ¿Qué ocasión merece un modelo como este? ¿Un paseo con tu suegra por las calles de Quintanar de la Orden, quizá? ¿Unos bailes espontáneos en la Feria del Caballo de Jerez? ¿Una entrevista al presidente del Gobierno en el Palacio de la Moncloa?

LOOK 7. No me importaría tener este traje en el armario. Tampoco la corbata. ¿Alguna posibilidad de que Gucci se estire y me los regale? Pero planchados, por favor.

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