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La falda midi y el manual de uso con el que sucumbirás

La vida no es cuestión de blanco o negro. Entre los dos colores extremos hay una inmensa gama de tonalidades que, traducido a otros ámbitos, multiplican las posibilidades, opciones y combinaciones.

Es justo lo que pasa con las faldas midi. La moda, a lo largo de los años y en su constante ansia por evolucionar, ha jugado con el largo de la falda a su antojo.

EN los siglos XIX y XX, al pensar en una falda, es inevitable transportarnos hasta los mismísimos jardines de Versalles, por donde Maria Antonieta paseaba sus largas vestiduras que agrupaban metros y metros de tela en sus faldas sustentadas por crinolinas.

En los felices años 20, de repente, el dobladillo subió y subió dejando al descubierto algo que, hasta entonces había sido objeto de secretismo los para ojos de todos: las piernas de las mujeres. Sí, tenían piernas y tobillos y ahora, los enseñaban. En su defecto, los que crecieron durante esos años hasta alcanzar una longitud extrema, fueron los collares de perlas que colgaban de los cuellos de las icónicas garçonnes.

En los años 50 la falda volvió a sufrir otro cambio notable. Volvió a crecer, sí, pero esta vez solo lo hizo hasta la media pierna. Fue entonces cuando, aunque todavía no se sabía, nació una de las modas que actualmente inunda el streetstyle de todo el mundo: las faldas midi. Hablamos de ese tipo de prenda que está entre lo blanco y lo negro, lo largo y lo corto, lo elegante y lo atrevido…

Lo mejor de esta falda es su capacidad de reinvención. A la amplia posibilidad de tejidos, formas y estampados, hay que sumarle los estilos a los que se puede adaptar. Para invierno o para verano, con camisa o t-shirt, con sandalia de tacón de infarto o con sneakers. Todo, absolutamente todo vale y el resultado es igual de válido en todas las ocasiones.

¿Eres de las que no te atreves a usar la falda midi? En este manual de uso de la prenda cincuentera por excelencia, encontrarás la manera de usarla que más se ajusta a tu estilo y necesidades. ¡Empezamos!