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¿Por qué llevan esmoquin las mujeres? La historia real tras "la chaqueta de fumar"

Uniforme de aristócratas y etiqueta de puestas de largo, tiene origen en Europa junto al tabaco, fue adaptado para cenar con elegancia y pasó a la inmortalidad gracias a un agente secreto.

KATHARINE HEPBURN
Katharine Hepburn, bandera hollywoodiense de la chaqueta y el pantalón de pinzas.

Antes de seguir alimentando la confusión, permítenos aclarar algo con miras a facilitar la lectura de este artículo y surtirte de conversación elevada cuando te halles frente a un caballero de etiqueta que sostenga un cigarrillo entre los dedos. Sin ir más lejos, en nochevieja. Hoy en día, los anglosajones no denominan smoking jacket a la chaqueta de esmoquin –aunque la prenda encuentre su origen en aquella–, sino dinner jacket o tuxedo. No obstante, ninguna de ellas presentaba inicialmente el aspecto de la chaqueta de fumar contemporánea. Digamos que las circunstancias fueron moldeando esta pieza.

oscar wilde chaqueta
Oscar Wilde, con la smoking jacket original (1882), una versión corta del batín de seda y utilizado al fumar.

Exótica y exclusiva


Desde el siglo XVII, el comercio con Asia y América propició dos vicios en Europa que impulsaron el nacimiento de la chaqueta de esmoquin: fumar y las túnicas de seda. Ambos constituían signos de distinción social; la gente incluso alquilaba los batines para retratarse con ellos y el encanto del tabaco ha llegado hasta nuestros días a pesar de sus perjuicios. Eso sí,  fue durante la guerra de Crimea (1853-1856) cuando la popularidad del tabaco turco se disparó en Inglaterra.

Por entonces, los caballeros se retiraban después de cenar a fumar a la biblioteca, donde el olor del tabaco no importunara a las damas y podían compartir confidencias. En esa guarida humeante usaban la smoking jacket, un batín idéntico a las mencionadas túnicas de seda pero corto, con el objetivo de absorber el humo y proteger sus trajes de las cenizas que caían y eventuales quemaduras.

Sofisticada y confortable, la chaqueta de fumar continuó en boga durante más de cien años, contando con adeptos como Oscar Wilde, Fred Astaire (que hasta fue enterrado con una), Cary Grant o Frank Sinatra. Su último devoto fue quizá Hugh Hefner, el magnate de Playboy, que la llevó hasta no hace mucho.

chaqueta grace jones
Grace Jones, en la portada de su disco Nightclubbing, con chaqueta de esmoquin (1989).

Alta cuna

A partir de la chaqueta de fumar surgió la chaqueta de cenar (muy similar a la chaqueta de esmoquin contemporánea), con enorme controversia sobre su autoría a ambos lados del Atlántico. Los ingleses atribuyen la primera dinner jacket a Eduardo VII (1841-1910) cuando todavía era príncipe de Gales: cuentan que el monarca encargó en Henry Poole & Co un traje de chaqueta de doble botonadura, amplias solapas con tejido en contraste y bolsillos delanteros; tan confortable como la smoking jacket, pero más formal –y por tanto, corta–, con la que poder asistir a cenas de etiqueta.

De ser cierta esta teoría, aquella sastrería de Savile Row habría confeccionado la primera dinner jacket en 1865, cumpliendo órdenes reales. Sin embargo, los norteamericanos sostienen que el tuxedo (así la denominan ellos) nació el 10 de octubre de 1886, cuando Griswold Lorillard –"Grizzy"– (heredero de un imperio tabaquero) asistió al Club Tuxedo de Nueva York vistiendo un frac sin faldones.

En cualquier caso, se trató de acontecimientos puntuales, que no marcaron tendencia. De hecho, la chaqueta de esmoquin no se admitió en público de forma oficial en Inglaterra hasta que falleció Eduardo VII.

chaqueta esmoquin versace
La modelo Kendall Jenner, enfundada en un esmoquin de Versace.

Democracia elevada

De archiconocida elegancia, su nieto el duque de Windsor (Eduardo VIII) solía cenar con dinner jacket. Añadió unos detalles en la parte superior e introdujo la posibilidad del colorido. El esmoquin, por otro lado, se extendió por los casinos de Montecarlo; los jugadores encontraron en él un aliado más cómodo que el traje tradicional para sus veladas infinitas.

Con el tiempo, se convirtió en una especie de uniforme de gala para que los caballeros no se vieran obligados a vestir ropa elegante y variada. No todos gozaban de una posición económica acomodada. Aunque en los años 30 deja de considerarse masculino gracias a las musas de Hollywood. Lo cierto es que el cine lo elevó a mito. Piensa en Casablanca (1942) o en cualquier James Bond.

Ya en los 50, el chaleco deja de ser prescriptivo y se admite el fajín, pero quizá lo mejor que le haya pasado al esmoquin sea la colección de Saint Laurent en 1967. De Balmain a Carolina Herrera, todos la emulan hasta nuestros días.

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