Este ha sido el papel de los Windsor como 'tastemakers'

Ana Llorente, Profesora de Historia del Arte y la Indumentaria en elGrado en Diseño de Moda de ESNE, analiza la evolución de personajes claves como la princesa Margarita.

En 1947, Christian Dior ofreció a la princesa Margarita, la Reina Isabel II y la Duquesa de Kent un pase privado de la mítica colección de otoño de 1947. A partir de entonces, la Reina y, especialmente, la princesa Margarita adoptaron el estilo que Carmel Snow bautizaría como NewLook. Dior, constructor del ideal ladylike, supuso dos fenómenos clave: primero sació durante una década las necesidades de la familia real de lucir ropa exclusiva. Segundo, convirtió a las hermanas en embajadoras de los nuevos estilos y tastemakers.

En agosto de 1949, para su 21 cumpleaños, la princesa Margarita, escogió lucir un Dior con el que fue fotografiada por Cecil Beaton. No obstante, el modisto de Isabel II ya era Norman Hartnell, figura clave en la codificación de la imagen exterior de la Reina, la Princesa Margarita y la Reina Madre desde 1940 a 1960, y quien acabó especializándose precisamente en las líneas que Dior lanzaría.

Princesa Margarita con Yves Saint Laurent, 1958
Princesa Margarita con Yves Saint Laurent, 1958

Estos son algunos hitos de la alianza Hartnell-Windsor:

1. Verano de 1938. Vestido blanco para la Reina Madre para una fiesta en el jardín en el castillo de Bagatelle en el Bois de Boulogne. La colección fue diseñada por Norman Hartnell para conmemorar la muerte de su madre, la condesa de Strathmore. Se pensó que los trajes blancos eran una mejor opción para el luto que los negros, debido a las temperaturas del verano en Francia.

2. Traje de noche que lució la entonces princesa Isabel con motivo de su 18 cumpleaños con una falda de tul blanco e incrustaciones de cuentas con forma de mariposas azules y verdes.

3. 1947: Vestido de novia en seda, color marfil, con decoración de 10.000 aljófares en forma de flores, rosas, jazmines y espigas de trigo (símbolo de la fertilidad). Lucido por la entonces Princesa Isabel en su boda y pagado con cupones de ropa porque el racionamiento, dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, todavía estaba vigente. De hecho, los "Royals" trataron de transferir (en vano por ser ilegal) sus cupones de racionamiento para que su reina tuviese el vestido merecido.

4. 1953: vestido de ceremonia de coronación de Isabel II en junio de 1953 decorado con bordados en hilo de oro y plata, además, estaba incrustado con cristales y perlas.

5. 1960: vestido de boda de princesa Margarita con Armstrong-Jones, de organza blanca con falda confeccionada con más de 30 metros de tela. Según los documentos del guardarropa, el adorno en el vestido se mantuvo al mínimo para mostrar la figura de Margaret y la silueta del vestido de novia.

Wallis Simpson
Wallis Simpson / Gtresonline

El acceso que Isabel y Margarita tuvieron a diseñadores como Norman Hartnell, Christian Dior y Hardy Amies (tour de Canadá de princesa Margarita) las convirtió en modelos aspiracionales para la moda británica. Hay que indicar a este respecto, que la reina Isabel II siempre apoyó a diseñadores jóvenes y británicos. Frente a ello, la Princesa Margarita fue más internacional y vistió looks de sus casas de alta costura y ready-to-wear favoritas, fuesen o no británicas. Así, por ejemplo, Yves Saint Laurent la invitó a la presentación de la colección para Dior del otoño/verano de 1958. Se convirtió en tal icono de estilo, que la diseñadora Alessandra Rich, favorita de Kate Moss y de la Duquesa de Cambridge, declaró que la Princesa Margarita era una gran fuente de inspiración. Fue mucho más arriesgada en su estilo y, frente a su hermana, a partir de la década de los sesenta, hizo famosos los caftanes que tanto vinculaban sus looks con los de la actriz Elizabeth Taylor, a la que también parece emular con los vestidos de hombros al aire. Se aprecia así una evolución mayor de la personalidad de la Princesa frente a la de la Reina, adherida al formalismo de su ladylike look.

Remarcable, lógicamente, el papel de Wallis Simpson como embajadora de la moda e icono de la modernidad. "Sabía exactamente lo que quería", dijo una vez de ella Marc Boham, diseñador y director artístico de Dior. "Tiene la dignidad y fragilidad de una princesa china representada en una pieza de porcelana", diría Edwina Wilson, biógrafa de Simpson. Su estilo podía sostenerse con las grandes casas de alta costura como con un mero sari de fina seda de India confeccionado por un modisto menor. El primer momento clave para alzar a Wallis Simpson como icono de la moda, como es sabido, nos remite a 1937, con la sesión de fotos en el Chateau de Candé de Francia llevadas a cabo por Beaton quien, por aquel entonces, estaba produciendo sus imágenes más arriesgadas de la alta sociedad. Tuvo lugar mientras esperaba el divorcio de su esposo para casarse con el Duque de Windsor. La edición se agotó de inmediato. Fue un manifiesto del desafío y derrota de los códigos tradicionalmente asociados a la realeza. El traje más elocuente a este respecto fue el mítico Vestido Langosta de Schiaparelli-Dalí, perteneciente al surrealismo indumentario y donde cabe destacar la posición estratégica de la cola de la langosta, con las connotaciones para el movimiento, a la altura del pubis de Simpson.

La moda fue una herramienta estratégica para Simpson con la finalidad de rivalizar con la Reina Isabel a través del estilo. Hasta el nivel de que diseñadores como Roland Mouret, en concreto en la colección de otoño de 2011, creó un traje de seda austero y sensual, recordando la silueta fluida de Wallis, inspirándose en ella y expresando abiertamente su admiración por su estilo.

Simpson tuvo modistas de cabecera: Marc Boham para Dior, Schiaparelli, Mainbocher (responsable de su traje de novia) y Givenchy, para el que esta mujer fue una de sus musas. Cabe recordar la famosa escena inmortalizada en fotografía en la que Wallis Simpson coincide con otra mujer llevando el mismo vestido bicolor. Cuando el Duque de Windsor murió en 1972, Hubert de Givenchy permaneció toda la noche en vela para crear el traje de luto de Simpson. El resultado fue un maravilloso abrigo negro y el velo de chiflón hasta la cintura.

De entre todas las figuras de la familia, Lady Di irrumpió para romper con la madurez del estilo de la familia real, al tiempo que nos ofrece una evolución acompasada por los cambios personales y de su posición en el marco de la realeza. En este sentido, se puede poner en paralelo con Wallis Simpson, pues ambas definieron sus identidades, pero también su posición frente a la familia real, a través del traje y la moda.

Lady Di
Lady Di, con el icónico Lady Dior / Gtresonline

Años ochenta: el recato se manifestó desde el anuncio de su compromiso con un traje de chaqueta y falda azul de Cojana y una camisa con lazada al cuello. Emanuel diseñó el mítico vestido de novia, manifiesto claro de la candidez que deseaba transmitir y que mantuvo también gracias a trajes diseñados por otros creadores como Bellville Sassoon. Mangas globo y jamón, cuellos sobredimensionados a modo de valonas sobre los hombros, cascadas de volantes, estampados, camisas liberty con peto amarillo y espadrilles rosas, son códigos que acuñaron ese aire infantil.

No obstante, aunque se puede considerar un homenaje a la era de oro del estilo Windsor (década de los 50), preludios de lo que sería su estilo en los noventa sería el vestido de tafetán negro con escote palabra de honor de The Emanuels, o el vestido de lentejuelas azules que lució en un concierto de la Royal Academy en junio del 81. De tal modo, en paralelo, modistas británicas como Donald Campbell, Jasper Conran, Bruce Oldfield, Bill Pashley y, sobre todo, Catherine Walker (una constante diseñando sus más míticos trajes), y Jacques Azagury acuñaron un aire de mayor madurez. Walker contribuyó a modernizar a la princesa.

A mi juicio, son interesantes saltos de estilo como el "vestido flamenco" de Murray Arbeid que lució en la America’s Cup Ball de 1986, o el empleo de los lunares. Llama la atención igualmente el mítico vestido negro de 1987 de Victor Edelstein. El homenaje a Margarita con el traje rojo y dorado de su visita a Kuwait de 1989.

En los noventa no solo desarrolló un estilo más individual, sino que rompe al incorporar la moda internacional con mayor firmeza, tales como Dior, Lacroix, Chanel y Valentino. Versace se convierte en aliado perfecto para remarcar la sensualidad (e incluso sexualidad) de una princesa cuyo cuerpo pocas veces había sido remarcado y mostrado, y con lo que quiso manifestar libertad e independencia. Es entonces cuando modistas como Azagury también le enseñaron a hacerse ver con faldas más cortas. Remarcar el “Revenge Dress” de la Serpentine Summer Party, diseñado por Christina Stambolian, un power dressing en toda regla.

En 1995 comienza el mito del bolso Lady Dior: por la inauguración de la exposición de Paul Cézanne en el Gran Palais de París patrocinada por el grupo LVMH y Christian Dior, la princesa Diana de Gales preside la cena de gala. Madame Bernadette Chirac, esposa del primer ministro de la república Jacques Chirac, pide a la casa Dior un regalo exclusivo para la princesa. Por ello, la Maison reedita el bolso de mano cannage, un clásico con entramado de rejilla y realizado en piel. El nuevo diseño se inspira en el estilo de Napoleón III y las sillas de Luis XV usadas en los desfiles de Christian Dior en 1947. A su vuelta a Gran Bretaña, la princesa apareció en Birmingham para visitar un hospital infantil y su foto con el bolso sosteniendo a un niño fue viral a nivel internacional. Ese mismo año, la bajada del avión con el bolso en el viaje oficial a Argentina vuelve a dar la vuelta al mundo. En 1996 la firma saca el modelo en tienda y tras el éxito le pide a la princesa bautizarle con su nombre a lo que ella accede de buen grado. En 1996 estrena vestido para la gala del MET del debut de John Galliano para Dior.

En 1997 el fotógrafo Mario Testino fotografío a Diana. En la actualidad revive su estilo a través no solo de los homenajes de diseñadoras como María Escoté con el jersey de Rowing Blazers para 2017 o la colección Off-White de Virgil Abloh de primavera/verano de 2018 (homenaje directo a la princesa de Gales), mangas, cuellos y aires campestres en los bordados de los jerséis que plagan las propuestas de este otoño/invierno. Con sabido homenaje constante de la Duquesa de Cambridge a Lady Di: "efecto Diana" = "efecto Kate".

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Fuentes:

The Windsor Style, de Suzy Menkes.

The Other Side of the Coin: The Queen, the Dresser and the Wardrobe, de Angela Kelly

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