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Este verano, lo único que vas a ver en la playa es croché

Las firmas de lujo se apropian de la técnica con la que tantas colchas y bufandas hemos tejido. Esta primavera-verano, volverás a sacar la aguja y engancharte al ganchillo.

Este verano, lo único que vas a ver en la playa es croché
Vestido de croché blanco de la colección primavera/verano 19 de Chloé.

Hasta un niño puede hacer ganchillo. Solo precisa una hebra tan larga como para engancharla y pasarla sobre sí misma; la aguja (y el gancho que incorpora) es opcional para quienes saben tejer con los dedos. También se denomina croché, galicismo de crochet, que significa gancho en francés. Pero en realidad, esta técnica tiene origen en la costura tradicional asiática y no llegó a Europa hasta el siglo XIX.

Un milagro contra el hambre

Por lo que sabemos, los libros comenzaron a hablar del ganchillo en el año 1812, y, doce años más tarde, a partir de 1824, las revistas empezaron a publicar patrones de forma periódica. Tridimensionales e inspirados en el encaje veneciano, los de croché irlandés eran los más populares. Dicen que esta variedad se originó como alternativa económica al encaje, aunque en cualquier caso, la inglesa mademoiselle Eleonore Riego de la Branchardière lo impulsó gracias a sus libros, donde adaptaba vistosos diseños de encaje de bolillos a patrones para aguja de ganchillo.

Esta técnica salvó de la muerte a miles de personas durante la Gran Hambruna de Irlanda (1845-1849). Por diversos motivos, la patata constituía el principal alimento de un tercio de la población, que se vio condenada debido a una plaga. Aprovechando que el encaje era tendencia, hombres, mujeres y niños irlandeses comenzaron a tejer sin tregua: entre tarea y tarea de la granja para aprovechar el sol, en la escuela, cada noche a la luz de las velas... Daba igual que la labor se ensuciara de tierra o de polvo al guardarla bajo la cama. Después se lavaba y los compradores no imaginaban que sus delicados cuellos y puños fueron elaborados en condiciones de pobreza extrema.

Más de un millón de irlandeses murió en aquella época, pero con los beneficios del croché, dos millones emigraron a EE. UU. A lo largo del siglo XIX, serían en total cuatro, que llevaron consigo sus habilidades y sabiduría, dispuestos a compartirlas con la sociedad americana. Todas las mujeres se querían tejer su propia limosnera.

 

Recupera su gancho

Sin embargo, el croché irlandés estaba un poco estigmatizado. Al fin y al cabo, lo elaboraban niños y mujeres en casa, y la emergente clase media, que no se podía permitir encaje auténtico, había acabado por establecerse como su principal consumidora. Menos mal que la Reina Victoria de Inglaterra se aficionó a usarlo y tejerlo. La imagen de sucedáneo barato del encaje comenzó a mitigarse.

Pero el ganchillo cayó en el olvido. Solo el auge de la artesanía en los años 60 y 70 lo reintrodujo en las casas y en los armarios. Con la pasión de aquella época, Chloé, Oscar de la Renta o Jil Sander lo reconquistan esta temporada. A nadie le cabe duda de que el verdadero lujo hoy en día se confecciona a mano y a medida.

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