Calor, escasez de tejidos y un nombre exótico: esta es la historia de éxito tras las bermudas

Censuradas entre los adultos tradicionalmente por considerarse una prenda infantil, el pantalón de traje que usan los hombres de negocios de las islas Bermudas es el resultado de una serie de extraordinarios sucesos y un nombre con gancho.

La actriz Rita Hayworth con bermudas 1941
La actriz Rita Hayworth, con bermudas, en 1941. © Getty.

¿Sabías que en la actualidad forman parte del traje ortodoxo de los hombres de negocios de las islas Bermudas? ¿Que las llevan con camisa, corbata y chaqueta? ¿Y que, no contentos con dejar al aire las rodillas, estos señores se calzan unas medias que les cubren las pantorrillas? Dicen que la elegancia consiste, ni más ni menos, en vestir de la forma adecuada en cada lugar, de manera que aunque el conjunto te parezca un atentado contra el buen gusto, los bermudeños van hechos unos pinceles en medio del clima subtropical.

La batalla por estar fresquitos

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Ava Gardner, con bermudas, en torno a 1950. © Getty.

No te equivocabas: el nombre de las bermudas encuentra su origen en estas islas, aunque hace ya un siglo (el traje con pantalón corto no es solo una excentricidad de nuestra época). Comenzaron a usarse durante la Primera Guerra Mundial, cuando los militares británicos destinados en Bermudas, sofocados por el calor y la humedad, acortaron los pantalones de sus uniformes. La tendencia se expandió por todas las plazas en zonas templadas donde se encontraban sus compatriotas, y la experiencia resultó tan grata, que los uniformes de la Royal Navy y la Royal Canadian Navy incluyen bermudas todavía en la actualidad.

Así se convirtieron también en una prenda imprescindible para los bermudeños y sus turistas estadounidenses, que exportaban el hallazgo de vuelta al continente. Sin embargo, los hombres de negocios locales no las adoptaron hasta la Segunda Guerra Mundial. En esa época se produjo una escasez textil en las islas, y los directivos de los bancos temían que sus empleados no dispusieran de la ropa adecuada. De ahí que contrataran a un sastre para que confeccionara dos pares de pantalones cortos de franela gris para cada empleado, inspirados en los que lucía el ejército británico, a juego con dos pares de calcetines largos gruesos de lana gris.

Marketing accidental

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Imagen del desfile de PV20 de Max Mara, donde una modelo luce bermudas con camisa y chaqueta a juego. © Imaxtree.

Todo esto que parece tan inocente y casual supuso una auténtica revolución. En Occidente, los pantalones cortos masculinos eran objeto de controversia, pero los femeninos estaban totalmente prohibidos. No tanto por la exhibición carnal, sino porque eran profundamente informales, y resultaban escandalosos en el entorno profesional. Hasta entonces, solo los niños usaban bermudas, que estrenaban sus primeros pantalones largos al alcanzar la pubertad.

En los años 20 y 30, con el auge de la cultura del ocio, la moda occidental los abrazó para las cenas de amigos, las actividades al aire libre o los yates. Su nombre ya hacía referencia a un exclusivo destino turístico, así que las bermudas lo tenían todo para triunfar. Eso sí, las mujeres podían ser arrestadas si sacaban sus bermudas de contexto hasta finales de los años 40, cuando la diseñadora Claire McCardell las introdujo en sus colecciones.

En los años 50, estos pantalones se coronaron entre las estudiantes universitarias; en los 60 los trabajó Yves Saint Laurent; y aunque los hotpants dominaron los 70, las bermudas no se extinguieron. Su éxito se prorrogó durante las siguientes décadas hasta dispararse en las colecciones veraniegas de 2020, que las exhiben con chaqueta a juego, como trajes con pantalón corto (Christian Dior, Givenchy, Max Mara, Bottega Veneta...). Así, el resultado entronca con el estilo de los hombres de negocios de Bermudas, pero sin calcetines: justo como nos gusta. 

Violeta Valdés

Violeta Valdés

Me licencié en Derecho por error, cuando mi vocación estaba más en una redacción que en un bufete, y corregí el tiro especializándome en comunicación de moda y belleza. Desde entonces, pongo negro sobre blanco mis hallazgos, cruzadas, inquietudes y anhelos en estos dos campos, que son mis dos pasiones. Porque la manga de una blusa o el tono de una barra de labios dicen más del mundo en que vivimos que cualquier diario, y ahí entro yo para contarlo.

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